Guion: Abel Alves.
Dibujo: José Ángel Ares.
Páginas: 136.
Precio: 19 euros.
Presentación: Rústica con solapas.
Publicación: Octubre 2026.
La claridad del título de la novela gráfica de José Ángel Ares y Abel Alves, Voy a partirle la cara a mi jefe, evidencia dos cuestiones. La primera, que los autores han buscado una empatía absoluta de todos aquellos lectores que sean trabajadores a cargo de un jefe inútil, un número imposible de cuantificar, pero seguramente bastante importante. La segunda, que detrás de una premisa descabellada, se esconde un análisis de la vida moderna que asusta por lo certero que parece. Mientras se gesta ese enfrentamiento entre un jefe y su subordinada, y sin caer por cierto el tema más fácil que uno pudiera imaginar para ese escenario, el acoso sexual, Voy a partirle la cara a mi jefe habla de lo insatisfactoria que es la existencia de tanta gente, en este caso de una mujer, Elena, el fondo del cómic es interesantísimo. Habla de ambientes laborales, pero también de vidas sumidas en una rutina insoportable. Habla de miedo al vacío y a tomar decisiones correctas. Habla de personas que disfrutan demostrándose superiores sin serlo a quienes tienen la mala suerte de estar por debajo. Habla de acoso laboral, sí, de eso que hace que pensar en apalear a un jefe puede ser la única salida. Y todo eso lo mezcla con una idea de fantasía, la de un dueño que casi parece sacado de un western moderno que funciona pese a lo inverosímil que resulta sobre el papel.
Alves desarrolla con acierto las dos ideas que tiene el cómic. Por un lado, una pelea reglada, bajo contrato, entre un jefe y una empleada, eso que no se puede creer que existe en la vida real… pero que quién sabe si es así en este turbio mundo al que hemos llegado. Por otro, lo tangible, lo cotidiano, lo abrumadoramente real, lo que vive Elena en su casa y en su trabajo, situaciones de desgaste emocional que se palpa en todo momento. Puede que lo primero pese más que lo segundo y quite algo de verosimilitud al conjunto, eso en realidad es algo que queda en manos del lector y del encaje que tenga en su propia experiencia, pero lo cierto es que da la sensación de ser todo muy natural. Todo lo que vemos y todos los personajes que van apareciendo, los que se quedan y los que tienen roles más específicos. Ellos hacen que lo inverosímil parezca real y que la pelea diaria de Elena tenga todo el sentido del mundo en un microunvierso que crea el escritor con todo lo que le interesa, prescindiendo de elementos que podrían haber alargado la obra sin aportar demasiado, como amigos o familia, para volcarlo todo en un conflicto laboral, en una relación insatisfactoria, en una amistad inesperada y el inevitable choque entre los miedos y las ganas de vivir. Y con la emoción de saber qué pasa en el combate final, por supuesto.
Si Alves tiene que conjugar todos estos elementos, a Ares le toca la tarea de darles forma. El primer acierto está en el diseño de los personajes. No lo hace desde los arquetipos de buenos y malos (quizá el único que entra en ese juego es, con razón, el jefe del título, al que se etiqueta con facilidad desde el principio), sino desde lo cotidiano, lanzando un mensaje de que esta historia, por increíble que parezca, tiene visos de verdad. Y el entintado, negros potentes, terminan de llevar a un terreno desagradable, áspero, incómodo en el mejor de los casos, algo que se acentúa todavía más con el color, que es fiel reflejo de las emociones de Elena en todo momento. Voy a partirle la cara a mi jefe es una idea intrigante porque coloca al lector en la posición de pensar qué haría en situaciones como las que refleja la obra… o incluso de identificar si hay algo de lo que hay en sus páginas que conecta personalmente con cada uno de nosotros, sea algo grave o más llevadero. Y en el fondo, Alves y Ares hablan de felicidad, de satisfacción personal, de lo que supone no tenerlas en un mundo agresivo y que no se para a recoger a quien se queda atrás. La fantasía de partirle la cara al jefe, a ese jefe que se lo busca, sirve de excusa precisa para un tebeo que convence con mucha facilidad y que está lleno de momentos cargados de significado.
El contenido extra lo forman unas notas finales de ambos autores y dos páginas con diseños y desarrollo de páginas.
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