Guion: Ryan Andrews.
Dibujo: Ryan Andrews.
Páginas: 335.
Precio: 18,95 euros.
Presentación: Rústica con solapas.
Publicación: Agosto 2026.
Hay muchas formas de asomarse a una historia como la de Y entonces nos perdimos, y eso es gracias a que Ryan Andrews teje un relato sumamente complejo, mucho más de lo que sugiere su carcasa de aventura juvenil. Hay en sus páginas, muchas para lo que se puede esperar dentro de esa etiqueta de cómic juvenil, metáforas sobre temas mucho más adultos de lo que sugiere la escapada de un grupo de chavales que quieren saber cuál es el destino de unos farolillos que depositan en un río. Lo que crea Andrews es un viaje único, seguramente más de descubrimiento personal y del mundo que centrado en el salto a una madurez que todavía va a tardar en llegarles. El autor juega con niños, no con adultos jóvenes, y eso es algo que se manifiesta de muchas maneras, pero sobre todo en la pureza de sus sentimientos de amistad, lealtad y compromiso, también en la imaginación que nutre cada uno de los muchos pasos que van dan en este camino hacia un objetivo tan definido como decididamente difuso. Y entonces nos perdimos tiene la enorme virtud de hablar de la vida real sin asomarse a escenarios cotidianos, de hablar de las relaciones personales que entablan unos niños en un mundo cuyas reglas son completamente diferentes a las del día a día, y todo desde un prisma cercano y humano que permite cogerles cariño desde el primer momento.
Podríamos analizar paso a paso lo que significa, o lo que parece significar, cada paso que dan los niños en esta aventura, pero parte de la magia que teje Andrews procede, precisamente, del descubrimiento paulatino que propone. Y entonces nos perdimos es una obra extensa u densa, quizá demasiado para lo que se suele estilar de una obra de este estilo y, especialmente, para lo que puede esperar un lector medio, pero sería absurdo no incidir en que no hay escena sobrante o carente de significado. La extensión no marca su calidad, pero tampoco la merma. Lo que importa es que Andrews construye con inteligencia, jugando con las piezas, poniéndolas y sacándolas del tablero con acierto para que todo sirva a la historia. Y, sobre todo, lo que brilla es que, a través de la fantasía, el autor nos permite imaginar la vida real de sus protagonistas, porque su sinceridad a la hora de hablar no viene marcada por lo irreal, sino por lo que esas situaciones inverosímiles significan en su propio crecimiento personal. Todo es relevante, incluso cuando puede dar la sensación de que el viaje no es más que un mcguffin que tiene mucha menos importante en su destino que en su recorrido, el que emprenden unos niños que nunca dejan de ser niños y que nos contagian con su mirada no tanto ingenua como desprovista de la contaminación adulta.
Puede parecer una tontería, pero Y entonces nos perdimos es una obra que transcurre de noche y en lo visual es muy importante que la percibamos así. Andrews juega con los miedos a la oscuridad, con la fascinación por lo desconocido y con otras sensaciones que surgen de ese escenario. Eso hace más fácil que nos creamos a un oso antropomórfico que sale a pescar o las demás maravillas visuales que ha preparado el autor y que no vamos a desvelar aquí. Porque la gracia de esta obra es precisamente esa, el descubrimiento. Va sobre eso, desarrolla esa idea con mucha sensibilidad, y aunque por momentos el estilo de Andrews pueda parecer más bien una revisión oscura del de las películas del Studio Ghibli, en el fondo sabe ser mucho más cercano de lo que parece en un primer vistazo. Hay mucha imaginación en la obra, mucha aventura, pero también una conexión con la realidad que a veces percibimos de una manera más inconsciente, como sucede en la buena fantasía. Y entonces nos perdimos es una obra poderosa en muchos sentidos, inteligente en su construcción y muy entretenida para que nos sintamos partícipes de una aventura que podemos interpretar con libertad a este otro lado de la página y que, precisamente por el buen trabajo que supone, permite segundas o terceras lecturas sin tener la sensación de que ya la hemos agotado.
MacMillan publicó originalmente This Was Our Pact en junio de 2019.
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