Título original: Frank Miller. American Genius.
Director: Silenn Thomas.
Guion: Silenn Thomas.
Música: Sunny Levine
Estreno: 10 de junio de 2024 (Estados Unidos).
Duración: 109 minutos.
Los documentales que versan sobre figuras del cómic tienen dos puntos a favor inevitables. El primero, acercarse a la propia experiencia lectora de cada uno de nosotros en el momento en el que se habla de una obra concreta. El segundo, verlos trabajar. Frank Miller. American Genius, de Silenn Thomas, saca mucho partido de ambos elementos y hace de sus casi dos horas un completo y apasionante relato de la trayectoria de un autor fundamental, renovador del cómic americano en unos años 80 en los que brilló con Daredevil, Ronin (aquí, su reseña) o El regreso del Caballero Oscuro (aquí, su reseña) y después figura polémica por muchos motivos, también con su en insatisfactoria experiencia en el mundo del cine. Ahí, precisamente, es donde está el más claro peaje de American Genius, en general también de cualquier documental sobre cómic, y es el peso que tiene el cine en las imágenes que vemos. A modo de claro ejemplo, aparece tantas veces en pantalla Jessica Alba, Nancy en las películas de Sin City (aquí y aquí , sus críticas) como Neal Adams, a quien podemos considerar mentor de Miller y uno de sus referentes cuando se trasladó a Nueva York. Es verdad que el cine fue siempre un aspiración de Miller y que entró en esa industria gracias a Robocop, pero al final se entiende como una concesión razonable para que el documental llegue a más audiencia. Y eso que hablamos de una figura sobre la que hay mucho que contar.
En la película de Thomas se echa en falta una guía cronológica más precisa, quizá una voz en off que a veces se resigna a prestar el propio documental incluyendo alguna pregunta de los entrevistadores, algo que haga un poco menos abrupto el salto de un título a otro o de una situación a la siguiente. American Genius tiene la virtud de alabar todo aquello que hace de Miller un autor especial, aunque por momentos deja caer en palabras de sus entrevistados una loa que se puede antojar algo inmotivada sin haber leído su obra en profundidad. Eso se eclipsa viendo al genio trabajar, usando sus lápices, sus pinceles, asistiendo con admiración a esos momentos en los que está creando, imaginando historias y dando forma a tebeos que, eso sí, forman parte ya de una etapa en la que su trazo se ha convertido en algo distinto de lo que le abrió las puertas de la industria. A favor del documental juega también el hecho de que no esconde las miserias del artista, habla de sus fracasos, aunque por alguno parezca pasar casi de puntillas mediante imágenes y evitando declaraciones, algo que contrasta con la sinceridad con la que el propio Miller aborda el alcoholismo que padeció en una etapa en la que apenas dibujó pero sí continuó escribiendo para otros.
El documental se alimenta con imágenes de viajes de Miller realizados por el mundo (Madrid incluido), como una muestra por un lado de las inquietudes del autor y por otro de la admiración que despierta en cualquier del mundo. La experiencia viajera se complementa muy bien con las influencias de otras industrias que el propio Miller comenta o admira. En la selección de los entrevistados se pueden echar falta nombres importantes en la carrera de Miller, aunque aparecen pesos pesados sobresalientes que, por supuesto, ayudan a que el lector habitual disfrute de la experiencia de un documental que traza una buena biografía artística y viral de un autor irrepetible. Lo único que realmente no se entiende demasiado bien es la pobre calidad del sonido de algunas entrevistas, realizadas además en entornos controlables, y, atendiendo a la difusión a través de plataforma, la presencia de unos subtítulos que rozan lo aterrador por una confianza en un trabajo realizado seguramente por la IA y que hace que depender solo de la medirla de los mismos amenace con arruinar algunos momentos del documental. Quitando esos detalles, American Genius es un muy buen retrato del autor de 300 (aquí, su reseña) o Sin City, preparado para gustar al fan y para conseguir que el profano entienda la importancia de su figura.