Guion: Yûki Kikuchi.
Dibujo: Yûki Kikuchi.
Páginas: 168.
Precio: 12 euros.
Presentación: Rústica con sobrecubierta.
Publicación: Agosto 2026.
Yûki Kikuchi sorprendió a propios y extraños con Este cocodrilo morirá en 100 días (aquí, su reseña), un análisis bestial y complejo sobre el tiempo perdido que se escondía detrás de un diseño aparentemente simple, sencillo y casi inofensivo. Este ratón (no) morirá en 100 días no tiene, sobra decirlo, la capacidad de sorpresa de la que podía presumir la obra original, pero hay que reconocerle elegancia para adaptarse a los méritos de aquella y saber encontrar resquicios por los que seguir halando de lo mismo, pero de otra manera. Esta segunda obra, de hecho, no va tanto sobre el tiempo perdido, sino sobre el remordimiento. Aquí ya conocemos el desenlace fatal del cocodrilo y lo vemos desde la óptica de su amigo, el ratón. Y ese simple cambio de punto de vista es suficiente para que Kikuchi encuentre territorios inexplorados dentro de un escenario en el que es fácil sentirse cómodo durante la lectura una vez que hemos pasado por Este cocodrilo morirá en 100 días. Aquí la cuenta atrás tiene otro significado distinto, pero, si se piensa, igualmente trascendente, incluido más cercano al lector, porque en el fondo cuenta la historia de quien se queda atrás, de quien tiene que vivir planteándose si ha hecho lo correcto, si ha sido justo, si ha cumplido con lo que se esperaba de él. Y, por esa vía, Kikuchi habla también de amistad y de otros temas.
No hay que olvidar que el libro, como el primero, es una cuenta atrás. Son cien días para experimentar muchas sensaciones, primordialmente el duelo, que es lo que se expande en el epílogo de la obra, más prolongado de lo que cabría imaginar antes de entrar en esta estructura. Kikuchi no tiene miedo a repetirla, aunque la llena de temáticas distintas o de enfoques diferentes sobre las mismas cuestiones. Mantiene los protagonistas, lo que ahonda en ese confort del que hablábamos, pero con objetivos distintos. Y eso, aunque pueda parecer mentira, da al conjunto una frescura envidiable. No, insistimos, la que tenía Este cocodrilo porque resulta imposible empezar de cero si hemos pasado por aquella obra, algo que se antoja bastante necesario para encontrar toda la profundidad emocional a Este ratón. Eso se añade porque hay una toma de conciencia de lo que está sucediendo que no había en la obra previa. Por eso es distinta, por eso es complementaria y por eso hay que aplaudir a Kikuchi, incluso sabiendo que es prácticamente imposible que el impacto de este segundo libro llegue a acercarse siquiera al del primer. Aquí no se alerta de lo que nos puede pasar, sino que se lanza un canto a la vida que le da valor a ese otro lado de la existencia, sin el cual la muerte no puede existir. Suena muy filosófico para este formato, pero el resultado lo es.
Y lo es manteniendo ese estilo cargado de sencillez casi infantil, en esa machacona estr5uctura de cuatro viñetas colocadas en vertical, dejando una inmensidad de blanco en los bordes para que la escena respire y sin miedo a que los bocadillos de texto inunden cada viñeta para conseguir el efecto contrario, una incomodidad emocional que viene ya heredada del anterior libro y que aquí se prolonga con la misma naturalidad que la muerte de alguien incide en las vidas de sus seres queridos. Todo es sencillo, el diseño, las formas, los fondos, los colores. Y todo es así no solo por una cuestión de continuidad con respecto a lo que vimos en Este cocodrilo, sino porque, al final, es lo que pide la historia, que cambia cuando lo requiere y abre su página a imágenes de otro tipo, combinando distintas narrativas en un espacio reducido para contrastar con la forma habitual de este cómic. Este ratón (no) morirá en 100 días es una buena secuela, porque no repite fórmula más que en lo formal y es la demostración de que para continuar algo hay que tener temas interesantes que tratar. Si se hace así, el esfuerzo compensa de manera clara, incluso con esa asunción que ya hemos comentado de que esta obra no puede alcanzar las cotas de impacto que la anterior. Al final y al cabo, el ratón no va a morir, ¿verdad?
Shogakukan publicó originalmente Hyakunichigo ni shinu x (baten) nezumi en 2024.
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