Guion: Jordi Bayarri.
Dibujo: Jordi Bayarri.
Páginas: 48.
Precio: 14 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Agosto 2026.
Cuando una serie como la Colección Científicos se enfrenta al reto de sacar un nuevo título, y ya van catorce (¡catorce!), casi parece más significativo analizar las razones por las que se escoge a su protagonista que los méritos artísticos que pueda tener la obra. Jordi Bayarri no se ha alejado de los parámetros que se marcó cuando dio inicio a la serie, en 2012, y su estilo, aunque pueda tener cierta evolución, que en realidad se ve más en otros proyectos que pueda acometer alejados de la vía más didáctica, es bastante claro, marcado y reconocible. Y todo esto es para bien, porque no nos vamos a cansar de repetir lo importante que es la existencia de lecturas que entretengan y enseñen conocimiento a los más jóvenes lectores y de alabar que los autores sean capaces de crear escenarios de confort para ellos, justo lo que hace Bayarri en la Colección Científicos. Pero Calculando el gran salto, centrado en la vida de la matemática Katherine Johnson, tiene mucho más que eso, tiene muchos mensajes. Los propios de la propia protagonista, mujer y negra, pero también los del avance de la tecnología. Johnson ayudó en la carrera espacial con los cálculos que permitieron a los astronautas del Apollo XI ir a la Luna y volver sanos y salvos a la Tierra, y ese marco es más que suficiente para que su historia sea interesante.
Las matemáticas son, con frecuencia, el patito feo en el viaje académico de muchos estudiantes, y eso hace que entrar en el mundo de Katherine Johnson sea muy interesante. Su figura es perfecta en muchos sentidos para los propósitos de la Colección Científicos. Quizá el más importante no sea el más obvio. Ese es el de la igualdad, de género y de raza, que por supuesto se deja ver en muchos momentos y Bayarri los define con basyante precisiones. Lo que destaca es que se hace de las matemáticas algo que soluciona problemas aplicables en la vida. Lógicamente, no todo el mundo será ingeniero espacial, pero la gran moraleja de Calculando el gran salto no es otra. La aplicación de las matemáticas a la vida real es tangible y se entiende a la perfección, sin necesidad de sesudas explicaciones que tengan que contentar a los padres matemáticos de los niños lectores que los tengan. No le falta precisión científica a la obra, pero es accesible. Tiene que serlo por su público objetivo, pero también porque, en el fondo, es lo que pide la historia. Con tantos contextos tan bien desarrollados, lo demás fluye con facilidad, hasta el punto de llegar a una situación de enorme calidez cuando la protagonista habla abiertamente de su jubilación como algo que se ha ganado después de ser parte desconocida de uno de los mayores acontecimientos de la historia de la humanidad.
Ya hemos aventurado que no hay que esperar demasiadas sorpresas en el dibujo de Bayarri, ya acostumbrado desde hace muchos años a contar con el color de Dani Seijas, pero su valor está en su naturalidad, en que sigue siendo perfecto para retratar eras distintas, tanto da que estemos en la Grecia clásica como en el siglo XX, como sucede en Katherine Johnson. Calculando el gran salto. El momento de mayor lucimiento y, a la vez, de mayor originalidad, viene de la recreación de uno de los momentos más conocidos de su época, la llegada del hombre a la Luna. Bayarri elude el parecido fotográfico, esquiva las imágenes más icónicas y lo cuenta a su manera, lo cual se agradece. Como siempre, uno de los mayores valores de la serie y del trabajo de Bayarri pasa por la evolución de los protagonistas. Johnson no es una excepción, la historia arranca cuando no es más que una niña y acaba con el pelo encanecido sin que las elipsis nos saquen de la historia. Y es que la Colección Científicos es, sigue siendo, un valor seguro. SI además de buenas biografías y amor por la ciencia, consigue además escoger figuras que representen luchas sociales todavía necesarias, sumamos nuevos motivos para seguir siendo adictos a una serie que ojalá no acabe nunca y siga sumando figuras, sean prominentes o más desconocidas, a un panteón de científicos de enorme categoría.
El único contenido extra es un portafolio de bocetos.
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