Guion: Jaime Hernández.
Dibujo: Jaime Hernández.
Páginas: 288.
Precio: 26,90 euros.
Presentación: Rústica con solapas.
Publicación: Febrero 2026.
Que una serie como Locas llegue a nuestras manos en volúmenes integrales (aquí, reseña del primero), ya el segundo, es una muy buena manera de descubrir lo atrevida que es su propuesta. Ya hablamos con el primero de sus libros del cambiante escenario de la serie, de una pretendida ciencia ficción inicial a un escenario mucho más cotidiano. Pues bien, el segundo libro nos recuerda que no hay nada que parezca imposible en el universo de Locas. Jaime Hernández disecciona la realidad desde la perspectiva de varias mujeres, y lo hace de una manera tan interesante que sería absurdo pensar en que ese protagonismo femenino pueda separar al público. No, Locas es tan abrumadoramente realista en su fondo que no hay rechazo posible por las etiquetas que queramos poner a la serie. Y es que esa, después de lo visto en este segundo volumen, sigue siendo una de sus ventajas. ¿Etiquetas? ¿Cuáles podríamos ponerle? Hernández toca tantas cosas y pega unos giros que a la vez son radicales y naturales que no se le puede poner un pero en ese sentido. Locas es un disfrute puro, auténtico, continuo, es comedia, sí, a veces incluso rozando el absurdo, pero es tan abrumadoramente realista en sus emociones que lo mejor que podemos hacer es eludir un análisis que encasille. Locas es libertad creativa y narrativa y así hay que disfrutarla.
¿Qué hay de nuevo en este segundo volumen de Locas? Nada, en realidad… y todo al mismo tiempo. Hernández tiene una habilidad enorme para hacer que nos sintamos cómodos leyendo. Siempre vamos a tener la sensación de que se nos escapa algo, de que tendríamos que haber leído algo antes de lo que tenemos entre las manos, y a la vez consigue que eso no nos importe en absoluto. Es verdad que podríamos entender eso como una debilidad de Locas, porque nos obliga a volver atrás cada vez que tenemos una nueva historia, pero a la vez es su fortaleza, porque engancha a pesar de todo. No puede soltar a sus personajes, escritos con un cariño fascinante para hacer que se sientan reales. Y mira que el autor imagina situaciones que se alejan por completo de la vida real de un lector tipo, pero da igual, la empatía, la conexión que se genera con ellas (sí, con ellas) es brutal. Esa es la base de Locas, que no importa lo extremo que nos pueda parecer el episodio de turno de la serie, siempre nos lo creemos. Hernández juega esa baza con inteligencia y estira todo lo que puede las situaciones sin llegar a romper esa sensación tan fresca y tan difícil de encontrar en la narrativa contemporánea. Eso nos lleva a otro debate, la atemporalidad de Locas. Llevamos leyendo estas aventuras cuatro décadas y podrían ser de entonces como de ahora.
Lo mismo pasa con su dibujo, porque la sencillez de Hernández sienta cátedra a cada momento. Confundir sencillez con simpleza es la mayor injusticia que le podríamos hacer al autor y a su obra. Locas, sin necesidad de tener un trazo detallado en extremo, rezuma realidad por los cuatro costados. Es una absoluta locura lo que transmite Hernández en cada expresión, con la posición y el movimiento de los cuerpos, con los rasgos distintivos de cada personaje. Todo en blanco y negro, todo con enfoques muy clásicos, sin necesidad de reventar la página o buscar algo extravagante. La locura ya está en las historias, el dibujo no necesita llegar a esos extremos y Hernández lo sabe bien. Por eso su trabajo es tan completo y se convierte, visualmente, en el acompañamiento necesario para los guiones que escribe Hernández. Locas siempre ha dejado la sensación de que podría ser eterna y la relectura en estos volúmenes integrales no hace más que recordarnos que nada ha cambiado con el paso del tiempo, su vigencia está ahí, igual que unos personajes perfilados de maravilla para que todo lo que les pasa nos parezca algo incluso cotidiano. Y así podríamos seguir, hablando bondades de Locas durante horas, porque es un tebeo brillante, una sitcom diferente, un slice of life muy personal, un cómic de los que no se hacen… si no se siguiera haciendo, claro.
El libro contiene material publicado en Love and Rockets entre 1985 y 1989.