Director: Yoshifumi Sueda.
Reparto: Mikamko Komatsu, Ami Koshimizu, Yumiri, Hanamori, Takuya Satou, Youko Hikasa, Tsuguo Mogami, Shuugo Nakamura.
Episodios: 12.
Duración: 24 minutos.
Estreno: 26 de septiembre de 2025 / 30 de enero de 2026 (Japón / España).
El planteamiento de Cat’s Eye es, se mire como se mire, muy ochentero. Eran años en los que los ladrones de guante blanco estaban de moda, y colocar a tres hermanas, tres hermosas mujeres, en el papel de coloridas ladronas con un objetivo loable parecía una carta ganadora. De eso va el manga de Tsukasa Hojo y de eso han ido todas las versiones que se han ido haciendo de estos personajes en formatos audiovisuales. Esta serie de animación no se escapa de esa idea, por supuesto, y acaba siendo un producto bastante entretenido, aunque con sus altibajos. En el arranque cuesta ver más allá de una simple comedia de acción, pero es una serie que va creciendo. Introduce casi por sorpresa el componente del malvado archienemigo (no olvidemos que son ladronas, debieran estar en el lado incorrecto de la ley) y es ahí cuando se atisban todavía más posibilidades en la serie, aunque es cierto que el clímax desinfla bastante esa percepción para mantener el enredo como elemento central de una historia que, eso sí, sigue bastante abierta al final de esta temporada, de una atípica extensión de doce episodios. Cat’s Eye, lo decíamos, es ochentera, y eso tiene mucho que ver con el diseño de los personajes, pero también con una cierta ingenuidad que hay en las relaciones que se entablan entre todos ellos.
La mezcla, en todo caso, es juguetona. El diseño, el movimiento, la personalidad de cada una de las tres hermanas juega un papel decisivo, porque afortunadamente no se ha optado por clonarlas, aunque solo fuera para una mayor comodidad en la animación. No, cada una de ellas respira de distinta manera, más allá del arquetipo de que las tres tengan roles y habilidades en las que poder destacar. Y con esos argumentos se entra muy bien en el juego de desafíos en el que se va convirtiendo la serie. Es verdad que Cat’s Eye rebaja algunas de sus propias apuestas (desde la aparición del rival aparentemente definitivo en el arte del robo, Ratón, hasta la propia presencia del Sindicato Cranaff, esa alianza de magnates sin escrúpulos que protege buena parte de las obras de arte que las tres mujeres quieren robar), y que eso hace que predomine el tono de comedia ligera, pero también que hay retos bastante atractivos, que hacen que la serie despunte, sobre todo en el tramo intermedio. La comedia, por extemporal que nos pueda parecer en nuestros días, sigue funcionando con encanto y es la base de un componente romántico que al principio puede parecer accesorio, pero que al final acaba teniendo un papel notable en el desenlace de la serie, e incluso es la despedida real de la temporada.
En cuanto a la animación, a pesar de algún que otro exceso en el uso de lo digital (cuesta creer cómo salen volando los coches en el tramo final de la serie, por citar un ejemplo), es bastante atractiva, potencia el movimiento de los personajes y sabe llevar a sus últimas consecuencias la claramente absurda idea de que tres ladronas que ocultan su identidad y roban con sigilo vistan con llamativos colores y vayan a cara descubierta… por no hablar del uso del nombre del grupo de ladrones para la cafetería en el que las mismas ladronas trabajan cada día, demostración evidente de esa ingenuidad de la que hablamos, también presente en la resolución de alguno de los enredos de la serie. Con sus flaquezas, Cat’s Eye es una de esas series simpáticas que rinden buen homenaje al material del que parten, que aceptan sus características esenciales sin sentirse en la obligación de actualizar prácticamente nada para buscar un público distinto. Y algo tendrán las historias de ladrones, que siguen teniendo adeptos. No es que los robos estén aquí planificados con enorme maestría, porque dependen en demasiadas ocasiones de casualidades y, sobre todo, de la incompetencia policial, pero son divertidos de ver. Como todo Cat’s Eye, una serie a la que se coge cariño con bastante facilidad, asumiendo que tampoco pretende ir mucho más allá de eso.
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