Guion: Otto Binder, Al Feldstein, Carl Wessler, Jack Oleck.
Dibujo: Graham Ingels, George Evans, Marie Severin, Jack Kamen, Jack Davis, Reed Crandall. Bernard Krigstein, Ray Bradbury.
Páginas: 112.
Precio: 25 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Mayo 2026.
Todo lo bueno acaba, y aunque tratándose de reediciones de material de los años 50 era más evidente todavía que había un final, llegar al quinto y último tomo de The Haunt of Fear nos deja sensaciones encontradas. Por un lado, es una oportunidad más de deleitarse con la serie de EC, una que tiene los pies en el suelo, que trata asuntos terrenales, crímenes horribles con una dosis de exageración, pero que en el fondo ataca temas cotidianos y, especialmente, analiza lo más turbio de las relaciones afectivas, del matrimonio, de los celos. Por otro, es que se acaba, y eso es lo agridulce, porque cuando cerramos el libro ya tenemos la certeza de que no hay más The Haunt of Fear. Bueno, sí, lo habrá cada vez que cojamos uno de estos volúmenes de la estantería para pasarlo mal con la nostalgia de tener entre manos un cómic de los que ya no se hacen, por su descaro y atrevimiento, por su formato y, por qué no decirlo también, por su calidad, por mucho que esta esté condicionada por el hecho de tratarse de relatos cortos que aparecían en revistas de las que entonces se dudaba y mucho desde ciertos ámbitos sociales. Ahora, duda ninguna. The Haunt of Fear sigue siendo una delicia de lectura para amantes del género y para apasionados de la arqueología de las viñetas, sobre todo de las norteamericanas.
La verdad es que uno echa un vistazo a los escritores de la serie y no hay cambios, pero lejos de acomodarse, lejos de ofrecer un más de lo mismo, Otto Binder, Al Feldstein y Carl Wessler siguen deleitándonos con una variedad exquisita a la hora de crear el enorme mosaico de horrores que hay en The Haunt of Fear. Que en el último relato del libro colabore con Wessler nada menos que Ray Bradbury nos tiene que hacer pensar que la revista, en realidad como casi toda la producción de EC, tenía un nivel y una trascendencia mucho mayor que la que se le quería dar desde las alas más conservadoras de la sociedad americana. Y esa firma, de hecho, es el mejor epitafio que podía tener la revista, conclusión de una obra que, por fuerza, quedó inacabada, pero que a la vez dejó toneladas de entretenimiento. Esta revista no necesitaba ser especialmente explícita para convencer, sabía ser turbia y morbosa sin necesidad de enseñar demasiado. Su forma de contraponer belleza y horror es fascinante, y la manera en la que se convertía en un preciso análisis de las relaciones humanas, por muy reducido que fuera en extensión y en contexto, hacia que la revista sobresaliera. Las preferencias, lógicamente, recaen en cada lector, pero es inevitable encontrar momentos de enorme originalidad casi en todos y cada uno de los relatos.
Si en el guion disfrutamos con los sospechosos habituales, qué decir del dibujo. Graham Ingels, Jack Davis, Jack Kamen, George Evans o Marie Severin son ilustradores a los que ya hemos visto muchas veces por estas páginas y por las de otras publicaciones de EC. A ellos más que a los guionistas les puede penalizar el ritmo de trabajo necesario para completar no ya una revista, sino las varias en las que trabajaban a la vez, y sin embargo sus páginas brillante como tienen que hacerlo, siendo respetuosas con el género que tocan, en este caso el thriller aunque haya algunos momentos en los que lo sobrenatural se asome a los relatos, con presentadores llamativos de las historias, que precisamente por serlo ya tienen su hueco en la portada del libro, y con un gran dominio de la anatomía humana y de la belleza, sobre todo femenina. The Haunt of Fear puede no diferenciarse en lo gráfico de otras publicaciones de la época o incluso de la misma editorial que la sacaba al mercado, pero la labor de los profesionales que hacían posible su existencia era sobresaliente. Hay incluso espacio para algunos momentos de enorme brillantez dentro de unas historias creadas con una apabullante profesionalidad. E incluso hoy, siguen siendo una lectura maravillosa, potenciada por la nostalgia que tanto bien hace a estas publicaciones.
El volumen incluye los números 25 a 28 de The Haunt of Fear, publicados originalmente por EC Comics entre mayo y noviembre de 1954. El contenido extra lo forman un prólogo de Tom Holland y las portadas originales.
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