CÓMIC PARA TODOS

Cine – ‘Lupin y el corazón púrpura de Cleopatra’, de Ryūhei Kitamura

Título original: Rupan Sansei.

Director: Ryūhei Kitamura.

Reparto: Shun Oguri, Jerry Yan, Meisa Kuroki, Tetsuji Tamayama, Gō Ayano, Tadanobu Asano, Kim Joon, Nirut Sirijanya, Rhatha Phongam, Vithaya Pansringarm,
Nick Tate, Thanayong Wongtrakul, Kazutaka Yoshino, Yuka Nakayama, Kohtee Aramboy, Geoffrey Giuliano, Yoshiyuki Yamaguchi, David Asavanond, Sahajak Boonthanakit, Carl Wolf.

Guion: Mataichirō Yamamoto.

Música: Aldo Shllaku, Tomoyasu Hotei.

Duración: 133 minutos.

Estreno: 8 de abril de 2015 (España, vídeo), 30 de agosto de 2014 (Japón).

Películas como Lupin y el corazón púrpura de Cleopatra nos recuerdan lo complicado que es adaptar un manga, en este caso también un anime, a una película de acción real. Hay esfuerzo en la obra de Ryūhei Kitamura, pero también una indefinición bastante clara, porque no llegamos a ver con claridad si se trata de un dibujo animado en su espíritu, si quiere apostar por la comedia, por la acción o por una forma visual distinta de afrontar una película de este estilo. Lo que queda, por todo ello, es un batiburrillo que resulta simpático, pero en el que el artificio es más potente que la historia o que la propia caracterización de unos personajes que, más allá del carisma de Lupin III, se mueven entre lo arquetípico y lo indefinido. Siendo la primera adaptación en imagen real del personaje creado por Monkey Punch, pseudónimo de Kazuhiko Katō, el sabor de boca que deja es un tanto peculiar. Hay ganas de cogerle cariño, pero una realización extraña hace que sea complicado asomarse a esta película pensando que pueda ser una versión definitiva del personaje y su mundo. Queda la gracia, siempre intacta, de ver una película de ladrones en acción, pero tampoco despierta demasiado entusiasmo en ese terreno, muy transitado por la ficción popular en las últimas décadas, por mucho que salte a la vista que no pretende convertirse en la quintaesencia del género, ni tan siquiera del personaje que adapta.

La cuestión es que Lupin y el corazón púrpura de Cleopatra no tiene demasiadas ambiciones, no desde luego en lo cinematográfico, tampoco en lo técnico, con herramientas a veces poco imaginativas y muy facilonas, como las cámaras rápidas o las eternas cámaras lentas, con una puesta en escena que casi parece tomarse un poco a cachondeo, en el toque más Lupin de toda la película en realidad. Y en realidad tampoco parece sentirse en la necesidad de convertirse en una adaptación perfecta, más allá de ofrecer un buen rato. Si se mira desde ese prisma de ingenuidad, desde luego es innegable que Lupin y el corazón púrpura de Cleopatra cumple sobradamente con ese objetivo, aunque a veces parece que llegue a ese punto por pura inercia de un planteamiento que, desde luego, está más que manido. El honor entre ladrones, el ladrón que roba a un ladrón, la traición entre ladrones. Todo está ya más que visto, pero no en imagen real y no con Lupin III, y esa es la baza incuestionable de la película de Kitamura. Y eso que a Shun Oguri le toca una tarea enormemente complicada, parecerse a un personaje de anime, más bien a un dibujo animado, y no sale del todo mal parado de ese trance tan complejo, seguramente el mayor reto de este tipo de adaptaciones, el de estar a la altura del referente dibujado.

En el fondo la película tampoco se siente demasiado presa de las referencias, quizá más en el personaje del inspector Koichi Zenigata, interpretado por Tadanobu Asano, quien se queda la mayor parte de la caricatura buscada de toda la película. Lo demás, sin llegar a ese extremo, se queda en lo juguetón, en lo abiertamente simpático, consciente seguramente de sus propias limitaciones en todos los sentidos. Lupin y el corazón púrpura de Cleopatra es, al final, un completo mcguffin. El dichoso collar da absolutamente igual en un juego de lealtades muy, muy blanco, sin dobleces, en el que todo lo que uno espera que salga, sale, desde el lucimiento del personaje que se muestra con espadas en la mano hasta la pelea de mujeres, desde el gasto en pirotecnia a la sonrisita socarrona de Lupin en los momentos en los que corresponde. Dicho de otra manera, adapta lo que quiere cuando quiere y después se deja llevar con un sano sentido del entretenimiento que elude la trascendencia a cualquier nivel completamente a propósito. Si uno es consciente de todo esto antes de ver la película, no hay peligro alguno de decepción y sí, a pesar de sus enormes defectos, casi certeza de, al menos, pasar un par de horas distraído. Lupin, en todo caso, no consiguió aquí la adaptación definitiva que sí cabe esperar cada vez que alguien se pone manos a la obra. Muy lejos quedó de eso

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Esta entrada fue publicada en 25 septiembre, 2026 por en Cine y etiquetada con , .

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