«Quiero leer cómics de…» es una de esas frases que podemos acabar como queramos. Porque cómics hay de todo. Así que, ¿por qué no ofreceros cómics de temas concretos para ayudaros a encontrar obras que puedan encajar en vuestros gustos? Esto es cómics de… ¡Salud mental!
Locura. Un elogio de la diferencia, de José Valenzuela y Alfredo Borés (Norma)
Se puede hablar de enfermedades mentales desde muchos puntos de vista. El que escogen José Valenzuela y Alfredo Borés en esta obra es muy didáctico. Repasamos las más comunes y nos damos cuenta de que son más desconocidas de lo que seguramente estamos dispuestos a admitir. Destaca, además de esa sensibilidad, la forma en la que se representan visualmente estos trastornos, para que el lector, mediante un estilo sencillo y claro, pueda entender, siquiera parcialmente, cómo es la mirada de quien sufre en silencio una enfermedad que no entiende.
Me das ansiedad, de Paula Chesire (Fandogamia)
Una vertiente habitual en el cómic es que sus autores se desnuden en sus propias obras y hablan de sus intimidades, sus miedos, sus inseguridad, su ansiedad, como hace aquí Paula Chesire. La gracia de Me das ansiedad, si es que gracia es el término más apropiado, está en la sinceridad que se ve. Se esté o no cerca de la situación en la que se describe la autora, esa forma de hablar tan clara, sin esconder nada, refiriéndose a una realidad tangible, hace que se conecte con facilidad con lo que nos está contando. Si podemos entenderlo en primera persona, el acierto es evidente.
Vulnerable, de Geneviéve Castrée (Astiberri)
Otro relato en primera persona, pero este bien distinto al anterior. Este, el de Genieviéve Castrée, nos muestra a una adolescente con depresión. Y lo que nos enseña en Vulnerable es una batalla cotidiana, una pelea continua por entender de dónde salen los males que acechan a una joven que se siente capaz de luchar por encontrar una salida. No quiere dar pena, quiere dar ejemplo. Y aún así tiene que hacer desde un punto melancólico y triste, con un asfixiante blanco y negro acompañado con una tipografía igualmente intensa y desasosegante. Ver la depresión como algo real y tangible es así mucho más fácil.
En el limbo, de Deb JJ Lee (La Cúpula)
Entramos de nuevo en el terreno de la adolescencia de una muchacha que acabó convirtiéndose en autora, pero desde otro punto de vista distinto a los que hemos visto hasta ahora. Deb JJ Lee hace de En el limbo una experiencia muy dura de leer (más aún de vivir), pero en la que son los agentes externos los que afectan a su protagonista, ella misma. Sin amigos, sin sueños, sin sentirse parte de nada, de herencia surcoreana pero nacionalidad estadounidense, combinando el recuerdo visual con la interpretación que la misma autora hace de esos pequeños momentos que van haciendo que los miedos crezcan.
Coraje, de Patricia Martín Rodríguez (Drakul)
Volvemos a la ficción, y lo hacemos con una historia protagonizada por un boxeador de 29 años que tiene enormes problemas para controlar la ira. Es una historia imaginada, sí, pero no cuesta ver que cuando se pasa por algo así el daño el terrible, para uno mismo y para los que le rodean. Hay un thriller bien llevado, hay un mundo delictivo y oscuro, pero todo parte de que una persona como Jonay, que así se llama el protagonista de Patricia Martín Rodríguez, no sabe gestionar una emoción tan cotidiana como esa y eso socava su vida, su trabajo, su familia, su futuro. Y será ficción, sí, pero duele igual.
Se está muy sola en el centro de la Tierra, de Zoe Thorogood (Norma)
Más autobiografía, la de alguien que sabe hablar desde lo más personal, aunque su debut fuera con la historia de otra persona. Pero aquí sí habla Zoe Thorogood de ella misma, y lo hace sabiendo darle a la obra un tono catártico, necesario para entenderse, pero a la vez social, para que todos los demás nos acerquemos a estos temas tan complicados. La forma en la que escribe y dibuja es desgarradora, se olvida de todas las normas posibles para construir un relato coherente. No busca eso. Busca que entendamos por qué le cuesta vivir, por qué piensa en el suicidio, por qué necesita desahogarse.
Segmento, de L. Ángel Palomeque Lizano (Dolmen)
El deseo de quitarse la propia vida está también en el origen de Segmento, pero desde la ficción. Una ficción muy imaginativa que viene a recordarnos que nosotros mismos podemos ser personas muy diferentes en distintos puntos de nuestra vida. Ver cómo dibuja Ángel Palomeque Lizano a una misma persona en cinco momentos distintos de su vida, coincidiendo en un punto para tratar de salvar a su yo presente de su deseo de suicidarse es toda una aventura. Una que trata con respeto la salud mental, pero que a la vez sabe que su vertiente psicológica puede dar pie a historias como esta.
Por si desaparezco, de Mirion Malle (La Cúpula)
Hay dos aspectos que brillan en Por si desaparezco de una manera distintiva y que hacen de esta una obra importante para hablar de salud mental. La primera, que parte del hecho de que un profesional no cree a su paciente cuando le está contando sus problemas, uno de los grandes obstáculos que tiene el tratamiento de estas enfermedades. La segunda, que toda la obra se desarrolla en el esfuerzo de su protagonista de ocultar que está mal. Es documento y es ficción, es una manera atrevida de mostrar, con un dibujo sencillo, que el enemigo suele estar en casa cuando se pasa por un trance como el que describe la obra.
La plaga, de Javier y Juan Gallego (Reservoir Books)
Si las obras anteriores son claras, muchas veces autobiográficas, lo que los hermanos Gallego nos brindan en La plaga es bestial desde lo enigmático. Hay un trastorno mental evidente, una soledad autoimpuesta por un protagonista que empieza a imaginar cosas, que va asimilando como normales cosas que no lo son, empezando por la plaga que da título a la obra. Pocas veces encontraremos manifestaciones visuales más atrevidas y logradas que la que vemos en estas páginas, un collage de distintos estilos que funciona de manera sobresaliente.
Dr. Vértigo, de Martí (La Cúpula)
La salud mental sigue teniendo un componente de tabú, pero hablar de ella cuando el término parecía una invención tiene un mérito apabullante. Es lo que hizo Martí en Dr. Vértigo, un relato espectacular sobre la violencia psicológica contra la mujer en la figura de una treintañera que no es feliz en su matrimonio, pero que aún así intenta sacarlo adelante, que acepta tratarse, que se lanza a un viaje psicológico que tiene un alto componente de reivindicación social, insistimos, cuando estos temas parecían lamentos que nadie escuchaba, dibujado además con una imaginación desbordante.