Guion: Vicente Segreilles.
Dibujo: Vicente Segreilles.
Páginas: 336.
Precio: 39,50 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Mayo 2026.
A veces no somos conscientes de lo que supone hacer un cómic como El mercenario. O de lo que significa que tenga éxito. O de que casi 50 años después de su publicación original encuentre, por fin, una edición definitiva que le haga justicia. Este volumen integral, primero de los tres que contendrán la serie completa, tiene dos joyas. Por un lado, la historia, las aventuras de este personaje sin nombre al que simplemente se conoce como Mercenario, en un mundo de fantasía heroica, peligros por doquiera y hermosas mujeres arquetípicas del género, criaturas fascinantes y villanos de imponente planta. Por otro, los extras que tiene una edición, dosieres de gran calado que sirven precisamente para entender la odisea que fue la creación de El mercenario. Dejaremos para esa lectura de los textos del propio Vicente Segreilles los secretos de su concepción y desarrollo, y nos centraremos en un tebeo que tiene dos características evidentes. En primer lugar es una aventura trepidante y continua. La división en álbumes es casi algo anecdótico porque lo que importe es seguir los pasos del héroe protagonista, uno menos vendido al dinero de lo que podría indicar su nombre y sí a sus justos principios. En segundo lugar, su estilo hiperrealista, plasmado en oleos por parte de un Segreilles que saca todo el partido posible a esta técnica.
Es inevitable pensar en El mercenario como una serie ochentera, dicho esto con el mayor de los cariños y las admiraciones. Segreilles, si lo analizamos fríamente, no inventa nada en esta serie, pero sabe aprovechar todo lo que funcionaba entonces en el ámbito en el que su sería iba a ver la luz. Un héroe admirable, criaturas fantásticas muy personales (que sus dragones se alejen tanto de los más tradicionales es un enorme punto a favor de la fascinación que provoca visualmente este trabajo), desnudos femeninos, complicadas armaduras y combates salvajes, a muerte y sin concesiones. De todo esto hay en las misiones del Mercenario a las que asistimos en los cinco primeros álbumes de la serie, los que contiene este volumen integral, en los que se agradece que Segreilles fuera capaz de darle tanto dinamismo a la historia, evitando textos de refuerzo que ralentizaran la acción y jugando con ideas muy divertidas, muy inteligentes, que sirven para dar forma a un mundo sin fin, en el que, según van pasando las páginas, nos damos cuenta de que todo es posible. Y sí, hay arquetípicas damiselas en apuros, brujos malvados y hasta un héroe de los de toda la vida, pero lo bien que se pasa desfilando por este mundo es algo que no obedece solo a la nostalgia de recuperar tantos años más tarde una serie como esta.
Es indudable que el disfrute parte también, y seguramente en buena medida de lo que vemos. La historia, lo hemos dicho, no inventa, sino que articula con oficio y buen hacer. El dibujo es otra cosa. Se nota que Segreilles, antes de lanzarse a la secuencia, era un excepcional portadista, porque en el fondo su estilo se basa en eso, en capturar un momento. El paso de las viñetas añade el movimiento, pero su mayor valor está en congelar en el tiempo un instante preciso que sirva para entender lo que está pasando en cada viñeta, como si esta fuera la única medida narrativa posible en su obra. El realismo es tan gigantesco que el desnudo seduce por sí solo, aterra cuando son las criaturas las que toman el control de cada escena y apabulla cuando los escenarios cobran fuerza. La acción es cierto que resulta particular, quizá muy distinta a lo que estamos acostumbrados a ver en narrativas más modernas, pero es parte de ese encanto ochentero, de ese viaje en el tiempo que provoca El mercenario y que se hace con muchísimo gusto. La obra de Segreilles es brutal en muchos sentidos y así hay que entenderla, como una de las mayores manifestaciones de la fantasía europea en cómic, a la altura de títulos de enorme influencia que no vamos a mencionar, pero que muchos tendrán en la cabeza.
El contenido extra lo forman las cubiertas originales y un completo dosier de Vicente Segreilles explicando su obra e ilustrado con numerosas imágenes.
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