Guion: Harvey Kurtzman, Jerry De Fuccio, Jack Davis, Wally Wood.
Dibujo: Rick Estrada, Wally Wood, Gene Colan, Jack Davis, John Severin, Bill Elder, Johnny Craig, Joe Kubert, George Evans, Reed Crandall.
Páginas: 216.
Precio: 37,95 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Mayo 2026.
Cuando hay reediciones de material tan especial como el de EC, aquella editorial que se granjeó enemistades tan peligrosas como para poner en riesgo géneros enteros en un contexto histórico determinado, todos sabemos que las series llegarán a su fin más pronto que tarde. Pero el caso es que, cuando llega el final, lo sentimos como si estuviéramos viviéndolo en directo. Two-Fisted Tales acaba con este tercer libro (aquí y aquí, reseñas de los dos primeros) y la sensación que deja de que es un material de mucha categoría es a la vez triste y emocionante. Lo segundo se desprende de las historias que leemos, aproximaciones certeras, dinámicas y muy conseguidas que retratan los horrores de la guerra de una firma muy adulta en un tiempo en el que el cómic estaba socialmente destinado al entretenimiento más pasajero. Y lo primero es casi consecuencia de lo dicho hasta aquí, porque la sociedad norteamericana no estaba preparada para lo que se mostraba en las revistas de EC. En las de terror, por la truculencia que tienen sus historias, pero aquí, en Two-Fisted Tales, por el espejo que le ponía delante de la cara a quien quisiera mirar. No es ninguna tontería decir que esta serie se adelantó a su tiempo, sobre todo al retratar la Segunda Guerra Mundial, quizá demasiado reciente para que se asimilar lo que contaban estas historias.
Harvey Kurtzman era el motor de Two-Fisted Tales, escritor de la mayoría de sus relatos, aunque aquí compartiendo espacio con Jerry de Fuccio, y por tanto definidor absoluto del tono de la serie. Y na vez más, como en los dos primeros volúmenes, lo que brilla con luz propia aquí es su versatilidad. De tiempo y de temas, porque son historias variadas, diferentes entre sí, ajustables todas ellas y la extensión que permitía la revista, pero con enfoques distintos y narrativas que no se repetían una y otra vez, a pesar de que siempre existe ese riesgo, más aún cuando son tantas las historias realizadas por un mismo escritor en tan corto espacio de tiempo. No es tan fácil como parece escribir tanto y con un tono tan melancólico, y hacerlo además con un sentido del ritmo notable para que encaje en las pocas páginas que tiene a su disposición cada relato. Hacerlo, además, sin necesidad de referirse abiertamente a las grandes batallas de los conflictos que aborda tiene mucho más mérito. Vuelan las bombas, silban las balas, se van produciendo las inevitables muertes de toda guerra, y la lectura se convierte en más y más atractiva sin que nos demos cuenta. Leída en contexto, hay que insistir en ese argumento, Two-Fisted Tales tiene mucho de pionera, por mucho que ahora, tantas décadas después, podamos considerar superados algunos de sus conceptos.
En la lista de dibujantes de este volumen final de Two-Fisted Tales vemos muchos conocidos como Wally Wood, Jack Davis (que también escribe una historia), John Severin, Reed Crandall o George Evans, pero también merece la pena detenerse, por ejemplo, en la aparición de un joven Gene Colan o la del gran Joe Kubert. Sin necesidad de tener una línea de estilo definida, hay concordancia, podemos tener una sensación de unidad incluso dentro de los saltos en el tiempo que nos ofrece la revista. Todos ellos utilizaban argucias para minimizar lo que los reducidos tiempos de entrega, el papel escogido y el formato de revista podía impedir el desarrollo más espectacular de la historia, es divertido ver Two-Fisted Tales, como cualquier revista de la época, desde ese punto de vista. Los fondos, las onomatopeyas, incluso la economía de movimiento para decir mucho mostrando poco, todo ayudaba a que la narrativa gráfica de estos pequeños microuniversos fuera eficaz en todo momento, cuando había más acción bélica y cuando tocaba explicar mediante palabras. Y se acabó, que es sin duda lo más triste al hablar de un último volumen, pero permítasenos que cerremos celebrando que estos cómics existieran, que abrieran camino y también heridas entre sectores conservadores que preferían ocultar a enseñar, en este caso, los horrores de la guerra.
El volumen incluye los números 30 a 35 de Two-Fisted Tales, publicados originalmente por EC entre noviembre de 1952 y septiembre de 1952. El contenido extra lo forman las cubiertas originales y una introducción de Joe Kubert.
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