Director: Yūzō Satō.
Guion: J. Michael Straczynski.
Reparto: Adrian Pasdar, Laura Bailey, Eden Riege, Kyle Hebert, Travis Willingham, Neil Kaplan, Benjamin Diskin, Cindy Robinson, Daran Norris, Kyle Hebert.
Música: Tetsuya Takahashi.
Duración: 21 minutos.
Episodios: 12.
Estreno: 1 de octubre de 2010 / 17 de diciembre de 2010 (Estados Unidos, digital).
El estilo visual el anime le sienta bien a los superhéroes norteamericanos, eso es algo que salta a la vista de una forma evidente en la colección de series animadas que se englobó bajo el nombre de Marvel Anime, con argumentos de Warren Ellis. En el caso de Iron Man, más todavía, porque entronca con la tradición japonesa de los mechas, aunque en este caso Tony Stark no maneje robots gigantes, claro está. Pero al final, cuando acaban los doce episodios de la serie, la sensación es la de que algo ha fallado. Hay temas de fondo que se quedan por el camino, personajes que están ahí sin mayor recorrido de ningún tipo solo porque al final tienen que pulsar un botón y hasta reinterpretaciones de los propios mitos de Iron Man que suenen escasas en la vorágine de ir acumulando tramas que se solventan en un solo episodio, hasta el tramo final, tramas que llegan a parecer inverosímiles por momentos, o que, al menos, están fuera de la realidad que tendría que marcar la serie, con el camino que presenta en su primer episodio. Es Iron Man una serie extraña, porque no parece una miniserie y porque las excusas que unen su relato al de los cómics clásicos del personaje parecen un tanto cogidas por los pelos, dejando a Tony Stark en un escenario raro, que no termina de suponerle el reto que parecía que iba a ser sobre el papel.
Partamos en todo caso de la base de que lo que vemos es abiertamente entretenido, no hay lugar al aburrimiento en la serie, eso es evidente, aunque solo sea por el ritmo que tienen los episodios y la espectacularidad siempre presente en combates entre armaduras. ¿Pero dónde queda la potente trama de la energía limpia que iba a solucionar los problemas de abastecimiento del mundo entero? Más allá de que la razón esté en que Japón se convierta en el escenario de la historia, ¿qué justificación hay para ello? ¿Tiene sentido la aparición de Lobezno, en una versión distinta, cuando dentro de los Marvel Anime ya tuvo serie propia y un papel destacado en la de X-Men (aquí, su crítica)? ¿Por qué no queda claro si Tony Stark es un playboy o un hombre enamorado cuando solo hay dos personajes femeninos en todo su entorno? Y así, esquivando más spoilers, podríamos seguir planteando preguntas sobre los cabos sueltos, las tramas infrautilizadas y los giros de guion que hay a lo largo de sus doce episodios, acumulados casi sin mucho sentido y sin que el antagonismo con Zodiaco quede realmente motivado con lo que vemos, más allá de lo que cada espectador pueda aportar a la serie por su bagaje personal con Iron Man o los cómics Marvel. Y eso, hay que reconocerlo, es escaso para las expectativas que levanta una serie así.
Se remonta el vuelo desde lo visual, al menos cuando las armaduras entran en juego, aunque dé la sensación de que lo extraordinario que tiene que ser Iron Man queda algo minimizado precisamente por lo fácil que parece enfundarse un traje metálico que sea, como poco, igual de poderoso que el de Iron Man. Y eso, tal y como lo plantea la serie para ofrecer un reto al protagonista en el que no juegue un papel dominante, acaba incluso quitando mérito y trascendencia a lo que hace Stark en el momento en el que cambia su vida, cuando tiene que construir casi de la nada una armadura que le permita escapar de su cautiverio y prolongar su propia vida. Iron Man apunta así por momentos a ser una historia de redención, pero en su final no hay nada que apuntale ese planteamiento, dejando únicamente la magia visual, que incluso a veces se pierden en manchas móviles en el horizonte, como único gran recurso para mantener el interés en la serie. Para quienes hayan aprendido a apreciar al personaje desde que Robert Downey Jr. se enfundó por primera vez la armadura en la película de imagen real (aquí, su crítica), Iron Man, la serie anime, es una divertida rareza que explorar, pero no consigue ser más que un entretenimiento pasajero que funciona por cariño incorporado que por sus propios méritos.
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