Título original: Justice League: Crisis on Infinite Earths.
Director: Jeff Wamester.
Guion: Jim Krieg.
Reparto: Darren Criss, Jensen Ackles, Stana Katic, Matt Bomer, Meg Donelly, Jimmi Simpson, Zachary Quinto, Jonathan Adams, Ike Amadi, Geoffrey Arend, Zack Callison, Alexandra Dadario, Alastair Duncan, Matt Lanter, Ato Essandoh, Cynthia Hamidi, Aldis Hodge, Erika Ishii, David Kaye, Ashleigh LaThrop, Nolan North, Lou Diamong Phillips, Keesha Sharp, Harry Shum Jr., Gideon Adlon, Troy Baker, Zach Callison, Daroin de Paul, Ato Essandoh, Keith Ferguson, Will Friedle, Jennifer Hale, Jamie Gray Hyder, Matt Ryan, Brian Bloom, Ashly Burch, Kevin Conroy, Brett Dalton, John DiMaggio, Keith Ferguson, Mark Hamill, Kate Sackhoff.
Duración: 93 / 95 / 98 minutos.
Estreno: 9 de enero / 29 de abril / 16 de julio de 2024 (Estados Unidos).
Cuando el cine se asoma a las grandes historias del cómic, no solo ya a sus grandes personajes, las expectativas suelen ser muy altas… y a la vez se convierten por eso en un enemigo imposible de batir. Es imposible negar la extraordinaria importancia que tuvo y sigue teniendo Crisis en Tierras infinitas en el devenir de DC y por eso cuando se anunció que la historia se iba a adaptar nada menos que en tres películas animadas parecía lógico pensar que la ambición iba a ser importante. Y ambiciosa es esta adaptación, de eso no hay ninguna duda, porque su escala es enorme, pero es a la vez algo extraño. Para empezar, no hay que entender esta Crisis como una trilogía, sino como una única película cortada en tres partes, algo que evidencia, sobre todo el final de la segunda entrega y el comienzo de la tercera. La estructura, además, es extraña. Flash se erige en el protagonista de la primera parte, con una narración excesivamente enrevesada para mostrar los saltos entre mundos y espacios temporales, pero esa parte de la historia se diluye por completa hasta que al final alguien se acuerda de ella como por arte de magia. La acción de esa primera entrega no es nada del otro mundo, y nos pasamos más de dos horas esperando algo más grande, y cuando llega nos damos cuenta de que lo trascendente de la película está en los pequeños momentos que va acumulando.
Y ahí está la gran paradoja de Crisis en Tierras infinitas en esta versión. Pretende ser el mayor marco de acción del panteón de superhéroes de DC y al final lo que cuenta es lo más pequeño, detalles ínfimos como esa portentosa despedida, inigualable, insuperable, de Kevin Conroy como Batman, a quien de hecho se dedica el filme junto a George Pérez, ilustrador del cómic original, o la recreación de la icónica portada de esta serie que protagonizaron Superman y Supergirl. Y casi se puede entender la moraleja final de la película como una oda al reinicio que supuso en su momento Crisis (aquí, su reseña)y que DC ha venido repitiendo a lo largo de los años. Para justificarlo, y aunque la historia permite el lucimiento de un número muy alto de personajes, la apuesta es, claramente, por los pesos pesados. Flash manda al principio, pero después cede el protagonismo a Batman. Entra Wonder Woman para protagonizar un par de escenas que destacan entre la acción del filme, y es entonces cuando Green Lantern (John Stewart, que en eso también se actualiza la película) y por supuesto Superman juega un papel determinante. Superman, en línea con lo que estamos diciendo, destaca en la parte más humana, en su relación con Diana y con Lois, en su afecta por Kara, en su rivalidad con Lex Luthor. ¿Superman en acción? Se le ve más bien poco.
Si el Hombre de Acero no tiene un papel demasiado relevante en una lucha por salvar el multiverso, no desde luego en su parte más física, se puede entender que hay menos épica en estas cuatro horas y media de la que seguramente necesitaba Crisis en Tierras infinitas, que adolece de un gran clímax de acción. Hay escenas con cierto espectáculo, sí, pero no parece que, más allá de la fusión entre animación tradicional y gráficos por ordenador para recrear la antimateria y los mundos que busca asolar, se haga del todo justicia a esa lucha titánica contra el Anti-Monitor. Y viendo eso, también parece que hay personajes que podrían aspirar a mucho dentro de la película y finalmente no juegan ese papel determinante más que para cumplir con la importancia de esos pequeños momentos de los que hablamos. Con esa idea, y admirando que se siga usando la animación tradicional que tan bien le sienta al superhéroe en su conjunto, lo cierto es que la película, el filme dividido en tres partes, deja una sensación algo extraña, la de haber apostado por llegar más lejos que nunca, pero en realidad no haber llegado a explorar de una manera más certera las posibilidades de una historia como esta, expandida con acontecimientos y personajes posteriores a la Crisis del cómic, pero sin alcanzar todo su potencial.
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