Guion: David Groison.
Dibujo: Paul Rey.
Páginas: 160.
Precio: 24 euros.
Presentación: Rústica con solapas.
Publicación: Abril 2026.
Cuando hablamos de un documental en formato de cómic, parece que el tema tiene que tener una enorme trascendencia social o histórica, pero es un género que puede moverse por terrenos tan distintos como si lo estuviera haciendo en un entorno periodístico y cinematográfico. La revolución emoji es un trabajo perfecto para explicar esta particularidad, por la sencillez con la que David Groison y Paul Rey trazan la historia y la importancia de lo que el propio título destaca, los emojis, esos iconos que se han convertido en parte de nuestras vidas y de nuestras comunicaciones cotidianas y que todavía interpretamos de formas muy distintas. Puede parecer un tema liviano, casi intrascendente, pero como casi todo en la vida cuenta con una vida propia, una liturgia, una historia y unos guardianes que velan por su uso y aprobación. Es uno de esos rasgos de la sociedad tecnológica en la que vivimos de los que todos sabríamos decir algo, pero pocos, muy pocos, contar lo que se explica en esta obra, contada en primera persona por los reporteros que se van encargando de desentrañar el relato. Y es un absoluto placer ir recorriendo ese camino de la mano de una mujer joven, acostumbrada al uso de emojis, pero ignorante de muchos detalles de su realidad. La revolución es una manera espléndida de aprender sobre este lenguaje de símbolos.
Pero no solo eso. El guion de Groison es inteligente porque nos acerca a la labor periodística que sirve para hablar de los emojis, nos pone al nivel de sus narradores. La erudición viene de los entrevistados y la ilusión, en cambio, de la entrevistadora. De esa manera se logran dos objetivos. Uno, contagiar entusiasmo, el de la protagonista traspasa la página en cuanto que nos damos cuenta de que no es solo un reportaje, sino que La revolución emoji es toda una aventura para ir descubriendo como nacen, se desarrollan y se protegen estos símbolos de uso universal. Y dos, que nunca sintamos que la obra está por encima de nuestro conocimiento. El argumento de autoridad, recurrir a eruditos en la materia, es una forma espléndida de que el cómic que tenemos entre manos nos contagie de un espíritu didáctico encomiable, y el simple uso de los emojis que todos hacemos en nuestro día a día hace que entremos en el juego con una sencillez notable. El mensaje, así, es claro, busca aportar luz a la realidad de algo que tenemos continuamente en uso, pero de lo que realmente sabemos muy poco. Con historia, con sus protagonistas y con anécdotas, Groison engancha con mucha más facilidad de lo que podría parecer en un principio, atacando con brillantez la indiferencia que, a priori, podría despertar el tema en muchos lectores.
Si hay algo que hay que agradecer a Rey en el dibujo de la obra es que no recurra al recurso fácil, el del emoji. Aparecen, claro, pero se trata de entenderlos, no de verlos representados continuamente, algo que no es necesariamente precisamente por el hecho de que todos los conocemos y los usamos. El foco está, por tanto, en su simbología, que sí usa Rey con mucha frecuencia en las distintas etapas del viaje de la reportera a lo largo del mundo para conocer a quienes introdujeron los emojis en nuestras vidas, pero sobre en ellos mismos, en los personajes que van desfilando por la obra, auténticos protagonistas de la aventura en la que nos vemos inmersos. Es, en ese sentido, un tebeo muy dialogado, en el que es necesaria una gran cantidad de información que nos permita conocer la historia y la realidad del emoji, pero que Rey no deja que asfixie su creatividad para recordarnos que esto es, precisamente, una historia que merece la pena ser contada, más aún, con el cómic como un medio espléndido para que sea contada de la mejor manera posible. La revolución emoji habla del hoy y del futuro, es una historia abierta, y no sería de extrañar, de hecho sería una gran idea en función de cómo evolucionen los emojis, que Groison y Rey se reunieran de nuevo en una década o dos para conocer hasta dónde nos ha llevado el uso de este lenguaje.
Bayard publicó originalmente La révolution emoji en abril de 2024.
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