CÓMIC PARA TODOS

‘La noche en que Bunbury fue Elvis y Eva Amaral hizo los coros’, de Javier Romero Collazos y Marta Soto Paciencia

Editorial: GP Ediciones.

Guion: Javier Romero Collazos.

Dibujo: Marta Soto Paciencia.

Páginas: 80.

Precio: 18 euros.

Presentación: Rústica con solapas.

Publicación: Septiembre 2024.

Hace algo más de una década, Javier Romero Collazos publicó la novela La noche en que Bunbury fue Elvis y Eva Amaral hizo los coros, y ahora lo que nos llega es su traslación al lenguaje del cómic, con Marta Soto Paciencia al dibujo. Quienes leyeran en su momento la novela, verían que no, ni más ni menos, que una historia de reconquista de un amor roto entre adolescentes. Ojo, ni más ni menos. A algunos les parecerá poca cosa, otros en cambio sabrán ver el momento decisivo que supone y lo bien que está condensado en una noche, una que, con los adecuados trucajes de la ficción, es significativa para la música zaragozana precisamente por lo que apunta el título, por un concierto coral que sucedió de verdad. ¿Y qué sacamos en claro del cómic? Que es una historia francamente bonita. Es actual, por mucho que se gestara a comienzos de la década pasada. Es moderna, porque sabe apreciar la cultura local, la noche cercana y la misma historia de quienes el grueso de sus aficionados conocerán por otros aspectos, no por hacer de Elvis en el caso de Bunbury o por hacer los coros en el caso de Amaral. Hay un final soñado, además, para todo este relato, y el juego que propone Romero Collazos es justo ese, que acompañemos a estos dos chavales por una historia que se mueve entre el presente y el pasado con mucha soltura.

Esa es la garantía de éxito que presenta La noche en que Bunbury fue Elvis y Eva Amaral hizo los coros, la simpatía, el desparpajo, la forma en la que la historia va apelando a cada uno de nosotros, recordando nuestros primeros amores (y desamores), lo que hicimos por tratar de recuperar a una pareja que perdimos, la forma en la que intentamos cerrar heridas o dudas que la otra parte pudiera tener. Todo eso está muy bien expresado en este relato, que además tiene la virtud de desarrollarse en una sola noche, dando el espacio suficiente y necesario como para que todo lo que realmente cuenta para el núcleo de la historia esté en estas páginas, de una manera más o menos clara, para que lo podamos asimilar. Puede que en el salto al cómic de la novela lo que más desligado pueda parecer de la historia central es, precisamente, el papel de Bunbury, las secuencias en las que se habla de la situación de Héroes del Silencio. Son importantes para la historia, desde luego, pero más allá de ser el marco necesario y comparando su papel con el de la aparición de Eva Amaral no da la sensación de ser tan necesarias en ese punto.  Un detalle menor, que además nos asalta al comienzo y va desapareciendo, según vamos conociendo mejor a los dos muchachos y según entendemos la forma en la que sus destinos están unidos.

El dibujo de Soto Paciencia tiene el claro objetivo de que nos enamoremos de los dos personajes, de que no tomemos partido por uno u otro, que entendamos por qué fueron pareja y por qué en el momento en el que les conocemos no lo son. Zaragoza es un extra, el retrato de la capital maña es correcto, pero los que de verdad hablan en la historia son los personajes. Son sencillos pero expresivos, sobre todo naturales y cercanos, incluso cuando la ilustradora se deja llevar por la fantasía del protagonista, que es a la vez nuestro conductor por la historia y cuyos sentimientos son los que nos van dirigiendo por esa noche zaragozana, y conduce bien la comedia, el drama (que lo hay, y además en una secuencia que por desgracia sigue siendo demasiado actual y tan dolorosa como siempre) y el romance, sobre todo el romance, porque es ahí donde más destaca el dibujo de Soto Paciencia. En general, eso también sucede en todo lo que supone La noche en que Bunbury fue Elvis y Eva Amaral hizo los coros, porque lo humano está por encima del eso sí vital contexto musical y cultural que nos propone el relato. Seguro que los nombres de Bunbury y Amaral son reclamos maravillosos para encontrar nuevos lectores, y que quede claro que su presencia es auténtica y sincera, pero, al final, esto es una preciosa historia de amor.

El contenido extra lo forman una introducción del crítico musical Pablo Ferrer y unas notas finales de Javier Romero Collazos.

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