Guion: Pedro Vera.
Dibujo: Pedro Vera.
Páginas: 112.
Precio: 18 euros.
Presentación: Rústica con solapas.
Publicación: Mayo 2026.
Pasará en todos los países, claro, pero al final el que conocemos más a fondo es el nuestro. Hay Titanes del bochorno por todos lados, tipos que sueltan la mayor barbaridad y se quedan tan anchos. Y sí, la política española lleva mucho tiempo instalada en una mediocridad visible que tiene incontables ejemplos de ese sonrojo que debiera ser general pero que, por desgracia, afecta por bandos, como si estuviéramos obligados a defender la imbecilidad de turno porque la ha dicho uno de los nuestros. Pedro Vera lleva retratando a estos personajes desde 2017 en las páginas de El Jueves y este primer tomo de Titanes del Bochorno dedicado a la política de nuestro país es un recorrido bastante intenso por esas frases únicas que suelta el representante de turno y que tendría que servir para una reprobación más allá de lo que surja en las páginas de una revista satírica. Ojo, eso no quita mérito y necesidad a la labor de Vera, no olvidemos que la caricatura política lleva décadas siendo uno de los rincones en los que mejor se analiza la actualidad, y el libro, sobre todo para quienes siguen habitualmente la actualidad política de España, es un compendio más que interesante sobre las burradas que saltan a los titulares y que, en muchos casos, acaban siendo devoradas por la siguiente tontería que copa los titulares durante, con suerte, unos días.
Vera no tiene piedad. Es duro, incisivo, a veces irónico, pero casi siempre muy directo. Es lo bueno que tiene la caricatura, que no necesita límites. Titanes del bochorno tiene muy pocos, la verdad. No los tiene tampoco en el reparto. No hay cuotas en estas páginas, destacar la imbecilidad de un político de derechas, mayoritarios en estas páginas, no obliga a Vera a poner a continuación uno de izquierdas, aunque haberlos, haylos. Recopilados así, en un libro, los trabajos del autor son todavía más duros de lo que seguramente lo fueron publicados semanalmente. Aquí podemos comparar, podemos trazar perfiles a lo largo de trayectorias, podemos degustar la aparición en varias ocasiones de un mismo político, y podemos entender qué demonios ha pasado en la última década en la política española, incluso recordando acontecimientos que podríamos tener olvidados por esa vorágine mediática empeñada en buscar una nueva polémica sin que la anterior haya quedado aclarada o perdonada. El lenguaje de Vera es intenso, es producto del enfado que produce escuchar determinadas cosas, es el recurso de la pataleta bien entendido, enfocado en explicar por qué lo que dicen estos protagonistas es un error, pero sabiendo que forma parte del ser de cada uno de estos políticos. Y ahí es donde entra la caricatura.
No vamos a quitar nada de valor a lo que Vera escribe, precisamente porque se abre con una sinceridad absoluta, pero el dibujo lo es prácticamente todo. Con una única caricatura, el autor tiene el poder de enseñarnos el alma de cada uno de estos políticos. Se ríe de ellos, sí, pero también ofrece un retrato de categoría, uno que va más allá de la fachada pública y que va al fondo de las ideas que quiere transmitir. Con pequeños detalles o con transformación absoluta, lo cierto es que uno mira los dibujos y entiende a la perfección dónde está el motivo de que unos y otros se hayan ganado el derecho a estar en estas páginas. La caricatura sacude, remueve, invita a la misma polémica que estos Titanes del bochorno manejan en su beneficio, y por eso es una respuesta proporcionada y necesaria. Y muy bestia cuando corresponde serlo, porque al final esa es la vía por la que Vera quiere llamar la atención del lector y, por qué no decirlo, del protagonista, aunque en las altas torres en las que viven algunos quizá no reciban los mensajes del pueblo llano. Titanes del bochorno es un desahogo tan basto por elección como interesante en su ejecución, un grito casi desesperado ante hechos de mayor o menor trascendencia que nos ha tocado vivir en estos años en la política española y un retrato que, por lo que abarca, casi podríamos tildar de generacional.
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