Guion: Jean-Christophe Deveney.
Dibujo: PMGL.
Páginas: 432.
Precio: 45 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Marzo 2026.
No es que haga falta que el cómic se reivindique como medio para contar historias, su historia define su lenguaje y su alcance mejor que cualquier análisis que uno de nosotros pueda hacer, pero no sienta mal que, de vez en cuando, encontremos un argumento de autoridad que apoye su solidez en las historias de alguien reconocido en esferas superiores. Haruki Murakami es un escritor mundialmente alabado como uno de los mejores de nuestro tiempo. Los relatos del Princesa Príncipe de Asturias de 2023 son la excusa que encuentran Jean-Christophe Deveney y PMGL para que El séptimo hombre y otros cuentos, todos ellos basados en la obra de un Murakami que salta directamente al título de la obra, dando cuenta de su importancia como autor, sea una lectura fascinante y llena de personalidad. Eso es lo complicado de este tipo de trabajos, claro, que los veamos como un mero complemento, que los sintamos como algo pensado para llamar la atención del lector habitual en este caso de Murakami y no tanto como un intento de contar historias autónomas. Murakami está muy presente, obvio, pero el libro encierra muchas más sorpresas que la simple traslación de sus cuentos al lenguaje del cómic. Y por eso funciona igual de bien para quien conozca a Murakami como para quien quiera utilizar este volumen como puerta de entrada a su fascinante mundo.
Son nueve las historias que adapta Deveney y todas ellas, siendo completamente distintas en casi todos los sentidos, acaban conformando un universo particular y cargado de imaginación… y de realismo. Porque sí, Murakami inventa muchas cosas, empezando viendo a una rana del tamaño de un ser humano hablando de un combate definitivo para salvar a la humanidad, pero de lo que se trata, al final, es de explorar el alma de cada uno de los protagonistas. Hay anhelos inconfesables que salen a la luz, hay sueños rotos y por cumplir, hay miedos, muchos miedos. Uno llega al final del libro con el convencimiento de que ha explorado hasta el final lo que Murakami entiende del ser humano, pero también de lo que interpreta Deveney de la obra del escritor, y eso es algo que habla muy bien de este volumen. Es evidente que la magia nace en el libro de relatos, pero las viñetas adquieren vida. Los personajes lo hacen. Al verlos plasmados en la página impresa, entendemos su propósito y todas esas emociones de las que hablábamos antes. No, no es una adaptación sin más, no es una simple traslación a otro medio de la palabra de Murakami. Es, por encima de cualquier otra consideración, un viaje fascinante en el que, por momentos, tenemos el derecho de olvidarnos de Murakami, al menos hasta que nos demos cuenta del impulso que da Deveney a quienes quieran conocerle mejor.
La personalidad que hay en Haruki Murakami. El séptimo hombre y otros cuentos tiene mucho que ver también con el dibujo de PMGL. Puestos a buscar un adjetivo que pueda definir este trabajo, nos atrevemos a decantarnos por el de turbio. Y no porque sea un trabajo sucio o que quiera llevar la obra de Murakami a un terreno desagradable, sino porque su trazo afronta la realidad y la fantasía desde esa cualidad. Su rana no es simpática, no es propia de Studio Ghibli, y a su manera se le coge cariño igual. Sus personajes humanos no necesitan un realismo fotográfico para transmitir emociones, y sin embargo lo hacen. Acreditar las onomatopeyas de Misato Morita, fantásticas, da una idea del cuidado que se ha puesto en el que el universo de Murakami cobre también vida visual a través de estas páginas. Es el detalle que corona un trabajo que se aleja de lo comercial, que busca convencer desde rincones distintos a los habituales y en el que, además, PMGL demuestra una enorme versatilidad, con estilos distintos y narrativas que se ajustan con elegancia a cada uno de los relatos que contiene el libro. Nueve, ya lo hemos dicho, son nueve las ventanas que se abren a ese universo de un escritor singular, lo que también sirve para que la lectura sea versátil, como el todo que en realidad representa, pero también con el disfrute de cada una de sus partes.