Título original: Astérix et Cléopâtre.
Director: René Goscinny, Albert Uderzo.
Guion: Eddie Lateste, Jos Marissen, Pierre Tchernia.
Reparto: Roger Carel, Jacques Morel, Jacques Balutin, Jacques Jouanneau, Bernard Lavalette, Jean Parédès, Lucien Raimbourg, Pierre Tornade, Pierre Trabaud, Micheline Dax, René Goscinny.
Música: Gérard Calvi.
Duración: 72 minutos.
Estreno: 19 de diciembre de 1968 (Francia), 26 de abril de 1970 (España).
La segunda de las películas animadas que se hicieron de Astérix en los años 60, Astérix y Cleopatra, es seguramente una de las más apreciadas junto a Las doce pruebas de Astérix (aquí, su crítica). Lo es, en primer lugar, por su álbum de referencia, también uno de los que están mejor considerados por el aficionado, porque además supo jugar con la popularidad de la reina egipcia que se universalizó tras el estreno de Cleopatra, la monumental película interpretada por Elizabeth Taylor, manteniendo todas las virtudes originales de la serie. Además, tras no quedar excesivamente satisfechos de la correcta Astérix el galo (aquí, su crítica), René Goscinny y Albert Uderzo tomaron las tiendas de este segundo filme, que directamente dirigieron. Y también hay que tener en cuenta que, además de seguir con la fidelidad esperada el álbum en el que se basa, la película se convirtió en un muy curioso musical, con varios números que aportaron originalidad y una personalidad bastante acusada que también podríamos calificar de sorprendente, por mucho que Disney ya usara por aquel entonces la música como un espléndido reclamo para sus producciones animadas. El caso es que Astérix y Cleopatra es dinámica y divertida, que es lo mínimo que se puede pedir a una producción de sus limitaciones.
Eso es evidente, la animación que tiene la película no es para tirar cohetes, y más si pretendemos juzgarla con estándares más contemporáneos. Las secuencias musicales se llevan buena parte de los esfuerzos en mostrar algo llamativo, y en el resto el objetivo parece simplemente que nos sintamos a gusto dentro del mundo de Astérix. Es verdad también, y eso eleva un poco el listón visual, que aumentan los escenarios con respecto a la primera película, y no sólo por el hecho de abandonar la aldea gala, aquí nevada para dar un agradable contraste, y por ver Egipto, sino porque vemos el palacio, la zona de construcción, y hasta el mar con el asalto de los piratas. En el terreno de lo obvio entra que el diseño tiene objetivos miméticos con respecto al estilo de los álbumes impresos, así que por ese lado no hay demasiadas sorpresas que esperar… y en el fondo es lo mejor que podía hacerse con estas películas, que nacieron como complemento de los mismos cómics de los que surgen, casi en realidad como las posteriores adaptaciones en imagen real, de las que Astérix y Obélix: Misión Cleopatra (aquí, su crítica) tampoco se ha escapado. No es cuestión de comparar ambas adaptaciones, porque las dos son hijas de su tiempo y, lógicamente, los medios de los que dispuso la película de acción real no son los mismos que tuvo esta producción animada.
Pero al final, aunque los tiempos modernos nos han traído productos animados de Astérix cuidados con mimo, con un aspecto visual notable, lo cierto es que en una película de Astérix lo que uno espera es disfrutar por encima de todo con el ingenio de Goscinny y Uderzo, y eso, con los creadores controlando la producción, parece algo garantizado desde antes de meternos en materia. Y eso que esta es una historia en la que el protagonismo que tiene Cleopatra, las apariciones de Julio César y la presencia del arquitecto egipcio al que su reina encarga un palacio para impresionar al líder romano y otros muchos elementos, hacen que Astérix y Obélix a veces se queden en un segundo plano. Y eso va más bien por Astérix porque Obélix tiene muchos más minutos y mucho más papel del que disfrutó en la primera de las películas de la franquicia. Con sus pros y sus contras, Astérix y Cleopatra es muy entretenida, ajusta bien la historia a la corta duración que tiene el filme, poco más de una hora y añade lo justo al álbum para que se pierda la sensación de que los autores se han limitado a poner movimiento a sus dibujos. Tiene su punto de nostalgia y de necesaria contextualización, pero las películas de Astérix, todas en general y está en particular, siguen teniendo un encanto bastante claro.
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