Guion: Geoff Johns.
Dibujo: Gary Frank.
Páginas: 40 / 32.
Precio: 3,25 / 2,95 euros.
Presentación: Grapa.
Publicación: Julio / Agosto 2019.
Ya estábamos avisados desde la página final de La chapa (aquí, su reseña), una historia centrada en Batman y Flash que anunciaba el cruce entre el universo de Watchmen (aquí, su reseña) y el universo DC. Pero aún así da igual. No es sencillo prepararse para nada que tenga ver con Watchmen. La culpa, probablemente, es de Alan Moore y de su tajante negativa a aceptar que su obra es propiedad de DC y puede hacer con ella lo que le plazca, guste más o menos o nos convenzan o no sus razones editoriales y comerciales. Hizo ya hace algunos años las precuelas de Antes de Watchmen, que depararon más luces que sombras. Y aceptó que Warner hiciera una adaptación cinematográfica (aquí, su crítica) en la que Zack Snyder supo superar las dificultades de tan titánica tarea. El reloj del juicio final, no obstante, es algo distinto porque abre la puerta a perpetuar lo que Moore, sin olvidar a Dave Gibbons, planteó como una historia finita y cerrada. Pero aquí nos hallamos, y seria hipócrita decir que no hay expectativas en lo que Geoff Johns y Gary Frank nos van a ofrecer durante doce números, los mismos que el Watchmen original. Los dos primeros no dejan de ser más que una puesta en situación que, en realidad, no aclaran todavía si el resultado va a merecer la pena. Hay elementos ya para analizar, pero toca esperar para tener un juicio de valor más certero.
Igual de inevitable es entrar en El reloj del juicio final pensando que esto, de primeras, tiene que actuar como secuela de Watchmen. Sin su efecto final, sin la desgarradora conclusión de Moore y Gibbons, la mezcla de este mundo con el Universo DC no sería más que una poco consecuente suma de personajes. Johns, por tanto, acierta a la hora de partir de lo que logró la serie original para fusionarlo con el entorno de Superman, Batman y compañía. Multiverso, sí, y Grant Morrison estará cabreado por no haber podido utilizar los juguetes de Moore a su antojo, pero de una manera que resulte útil. No olvidemos que Johns, siendo más o menos brillante, es un trabajador abnegado, un profesional que piensa más en sacar todo el partido posible a un escenario que en su lucimiento personal. Por eso, la estructura que escoge de acuerdo con Frank es tan parecida a de Moore y Gibbons, más en lo visual que en lo argumental, aunque la voz en off de Rorschach, si, de Rorschach, está de nuevo presente para introducirnos en este podrido mundo que nos enseña. Pero, claro, hay que introducir a los personajes de DC que Johns conoce tan bien, y por ahora lo que tenemos es justo eso, una introducción que no difiere demasiado de la que podríamos tener en cualquier crossover. Es, en todo caso, una base sólida sobre la que seguir construyendo.
No hay, obviamente, nada especialmente rompedor en estos dos números, salvo el pánico lógico del paso que está dando DC. En lo visual, como hemos dicho, lo previsto, la rejilla de nueve viñetas y tres filas tan característica de Watchmen. Y un Frank que, probablemente, sea el dibujante perfecto para recoger las sensaciones del dibujo de Gibbons en la obra original. Es clásico y certero, sabe lo que hace en cada momento y no se arredra ante el reto de dar vida a personajes que van a hacer que se le mire con lupa. Pero Frank es lo suficientemente bueno como para que nada de eso le asuste y deje en estos dos números una muy buena muestra de su trabajo, eficaz y espectacular (con grandes efectos de transición entre escenas) a partes iguales. Poco hemos hablado hasta ahora de Batman y Superman porque la apuesta en estas páginas está muy volcada hacia el lado de Watchmen, algo tan normal como peligroso. Y un riesgo que el lector asume. Más en unos tiempos en los que todo es susceptible de crítica con saña. Pero si no podemos confiar en Johns y en Frank, ¿en quién podríamos hacerlo? El prejuicio y las expectativas son sus mayores enemigos en este punto, y justo eso es lo que hace que haya que esperar algo más para ver hacia dónde nos quieren llevar los autores y si la pesadísima y amenazante sombra de Moore les puede afectar más de la cuenta.
DC Comics publicó originalmente los dos primeros números de Doomsday Clock en noviembre y diciembre de 2017. El único contenido extra son las portadas originales de Gary Frank y Dave Gibbons.

En nuestra galería de Facebook podéis acceder a todas las páginas que mostramos de todos los títulos que comentamos.