Guión: Jean François Di Giorgio.
Dibujo: Frédéric Genêt.
Páginas: 200.
Precio: 42 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Mayo 2015.
Serie ambiciosa donde las haya, Samurái responde en buena medida a las expectativas. No en todo, porque la historia que trazan Jean François Di Giorgio y Frédéric Genêt tiene algunos altibajos que proceden sobre todo del hecho de tratarse de una serie abierta que no se agota en este primer integral (que incluye los cuatro primeros álbumes de los nueve ya publicados en el mercado francés). En otras palabras, hay cuestiones que tendría que ser capitales pero que se escapan a los momentos climáticos del libro. El proceso no es nada malo, eso es evidente, y es muy agradable el tributo a la cultura japonesa a la que homenajean escritor e ilustrador, con una enorme belleza en lo que se refiere al segundo, pero quizá falta un peldaño para que la saga entre en las grandes ligas. Quizá se deba a que el foco de la historia, o lo que en principio parece que va a ser el foco de la historia para ser más exactos (el deseo de Takeo de conocer su pasado y por qué su hermano le abandonó siendo niño en un monasterio) a veces se diluya en favor de una brillante espectacularidad, tanto narrativa como visual. Eso hace que El corazón del profeta, primer volumen de Samurái, esté lejos del aburrimiento, francamente lejos, pero incluso con los grandes personajes que construye y con las épicas escenas de batalla, queda la sensación de que falta algo más.
En realidad, es una curiosa e impresionante construcción a ritmo lento de una historia que se cuece a fuego rápido. Semejante paradoja es posible sacrificando elementos, claro está, pero Di Giorgio sale más que airoso. Como se ha dicho, falta algo para que el Samurái que da título a la saga se erija de verdad en el epicentro de este torbellino narrativo en que se convierte la serie, pero todo lo que surge a su alrededor va formando un cuadro bastante imponente ante el que se pueden poner pocas pegas más. Di Giorgio compone un mosaico muy osado por la enorme cantidad de elementos que quiere abarcar, tanto culturales como fantásticos (incluso cómicos, aspecto que funciona con mucha naturalidad), pero que fluye con acierto hasta su brillante clímax, de una escala casi inabarcable pero que supone un espléndido final para esta parte del relato, que concluye con un final tan abierto como poético. Aunque en algunos momentos da la sensación de que hay algo de tópico en los personajes que protagonizan Samurái y en sus características como personajes, lo cierto es que esa escala por la que apuesta la serie acaba devorando las dudas que pueda haber al respecto, y el relato se convierte en una historia que crece de forma continua, a veces simplemente aprovechando la inercia visual pero casi siempre con un buen sentido de la narración.
Dicho eso, es obvio que buena parte del mérito de que Samurái enganche de principio a fin está en el trabajo de Frédéric Genêt. El propio autor reconoce que su técnica de dibujo, lápices poco elaborados para improvisar con la tinta, no siempre da el resultado deseado, y eso se puede llegar a notar en algunos momentos de los cuatro álbumes que componen este libro, quizá de forma más acusada en los rostros de los personajes, que no siempre adquieren la personalidad y las emociones que requiere cada momento. Pero al mismo tiempo es inevitable admirar con sorpresa la capacidad que tiene para narrar, para elaborar páginas repletas de detalle (que alcanzan su culmen en las memorables escenas de batalla del cuarto álbum, incluyendo un desplegable de tres páginas sencillamente maravilloso) y para colocar las viñetas de una forma que siempre funciona, buscando incluso cuadrículas que sorprendan dentro del más rígido aspecto que siempre tiene el álbum franco-belga. En los escenarios y en el vestuario es donde se completa el formidable homenaje a la cultura tradicional japonesa que supone esta obra. Sea por su aspecto, por sus batallas, por sus elementos míticos y fantásticos o por los más terrenales, Samurái ofrece motivos de sobra para disfrutar con su lectura, y para esperar con mucho interés su continuación.
El volumen incluye los cuatro primeros álbumes de Samurai, Le coeur du prophète, Les sept sources de l’Akanobu, Le treizième prophète y Le rituel de Morinaga, publicados originalmente por Soleil en agosto de 2005, abril de 2006, septiembre de 2007 y octubre de 2008. El contenido extra lo forman las cubiertas originales de Frédéric Genêt y un portafolio de bocetos comentado por el ilustrador.