CÓMIC PARA TODOS

‘El héroe. Libro uno’, de David Rubín

elheroe1Editorial: Astiberri.

Guión: David Rubín.

Dibujo: David Rubín.

Páginas: 280.

Precio: 25 euros.

Presentación: Cartoné.

Publicación: Abril 2011.

Hablar de una adaptación al cómic de la historia de los doce trabajos de Heracles invita a pensar en una historia ya conocida, en un relato ya transitado y en un personaje anclado en lo típico y en el arquetipo. Pero entonces llega David Rubín, hace El héroe y desmonta por completo las percepciones apriorísticas que cualquiera pueda tener. Y es que este primer libro de El héroe es una auténtica maravilla, anacrónico en lo que quiere, reflexivo sobre la figura y la trascendencia de la figura protagonista, como personaje y como categoría, para adentrarse en todo lo que hay por debajo de la fachada. De esa forma, Rubín analiza detalladamente qué significa ser un héroe en nuestros tiempos, su dimensión mediática y personal, habla del paso del tiempo, de la trascendencia de un legado y de la forma de vida que implica estar en el centro de todo. Es impresionante cuántas reflexiones hay en esta novela gráfica sin perder ni un punto de espectacularidad, porque si el guión es brillante y cautivador, la faceta visual es sencillamente maravillosa. Tan arriesgada en uno y otro aspecto de su trabajo, Rubín se muestra como un autor ambicioso, pero también fresco, capaz de aunar la épica que necesita una historia mitológica con un muy presente sentido del humor y un delicioso toque aventurero, reimaginando por completo lo que ya creíamos saber sobre este relato.

El héroe no es un relato mitológico. No lo es enteramente, al menos, porque es evidente que el fondo de los mitos clásicos está ahí. Heracles sigue siendo el protagonista y sus doce trabajos son las base de la historia, pero todo es diferente. Todo se convierte exactamente en lo que necesita Rubín para volcar en las páginas sus reflexiones, que alcanzan a dos dimensiones diferentes del protagonista. Por un lado está la persona, analizada ya desde el antagonismo con su hermano Euristeo desde la perspectiva más personal, psicológica y emocional, y por otro está el prototipo, el héroe, su dimensión, cómo le ven los demás y cómo le afecta a él mismo serlo porque así lo ha decidido la suerte, algo que estalla de una forma maravillosa en la secuencia onírica del circo de las amazonas (y que tiene además un excepcional atrevimiento narrativo en la parte protagonizada por Teseo). No es fácil desarrollar un retrato psicológico tan complejo dentro de una novela gráfica en la que predomina de una forma tan clara la acción, pero Rubín consigue que todos sus diálogos cuenten, que cada pequeño detalle sirva para perfilar a los personajes y, por supuesto (aunque no todos los autores terminan de tener en cuenta este aspecto) que el dibujo sea una herramienta más para que la historia triunfe. Parece una obviedad, pero cuando se hace con tanta maestría como aquí es obligado destacarlo.

Volvamos al dibujo de este tebo. Rubín abre El héroe con una página aparentemente desvinculada de la historia central, en la que un muchacho dice, leyendo un tebeo, que «nadie dibuja una buena pelea mejor que Jack Kirby». Rubín, efectivamente, dibuja peleas como lo haría Kirby. No es un homenaje, sino una extensión natural y respetuosa de una forma maravillosa de entender el cómic. Pero Rubín, un autor osado y ambicioso, no se queda ahí, sino que parte de una deslumbrante composición de página, variable y significativa según lo que le pida la historia, para enmarcar en cada viñeta lo que quiere mostrar. La épica queda satisfecha, pero la historia también. Y el lector queda sencillamente deslumbrado, porque el autor maneja tal cantidad de registros que, a pesar de que El héroe es un volumen que se lee en un suspiro, obliga inmediatamente a regresar a esa primera página para volver a saborear la inmensa cantidad de recursos que ha volcado en su creación para que funcionen de forma automática y sutil. Y aunque las influencias en Rubín son palpables, desde la ya mencionado Kirby hasta Paul Pope, el triunfo final de su obra es que el estilo acaba siendo tan personal que incluso se puede decir que por momentos supera a todos sus referentes. El héroe es un prodigio, uno de esos raros y escasos triunfos en los que resulta imposible encontrar la más mínima pega.

El único contenido extra del volumen es una introducción de Paco Roca.

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Esta entrada fue publicada en 3 marzo, 2015 por en Astiberri, Cómic, David Rubín y etiquetada con , , .

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