Si hay algo que distingue a Jill Thompson de otros muchos autores de cómic es su descomunal vitalidad. Ha hecho absolutamente de todo, ha triunfado en terrenos muy diferentes, ha escrito y dibujado para niños y para adultos, ha sido parte del éxito de la imprescindible Sandman, ha dibujado superhéroes ajenos y personajes propios y habla con tal convicción de lo que hace que es difícil sustraerse a su encanto. Jill Thompson estuvo en la pasada edición de Expocómic y, junto a los compañeros de La Noche Americana, tuvimos la enorme fortuna de mantener con ella una larga y terriblemente interesante conversación de media hora. Esto es lo que nos contó en ella.
Has sido escritora, dibujante, incluso modelo de cuerpo para otros ilustradores y para ti misma… ¿Hay algo que no hayas hecho todavía en el mundo del cómic?
Es curioso, porque las únicas cosas que aún no he hecho en los cómics son aquellas que aún no se han inventado, así que… Siempre he querido crear cómics como un todo, así que no empecé siendo sólo dibujante, sino que colaboré con otras personas, pero mis metas son ser como Mark Millar o Frank Miller, alguien que escriba e ilustre sus propias historias. Quiero hacerlo todo, he sido capaz de hacerlo y eso es fantástico. Para mí de eso se trata ser un autor de cómic, hacerlo todo
Creo que es bastante simbólico que tu primer gran trabajo en el cómic fuera Wonder Woman.
No fue lo primero que hice, pero sí lo primero para DC Comics. Ya había trabajado en el mundo del cómic antes de eso. Primero estuve en First Comics, también en Now Comics… Dibujé para Craig Russell cuando tenía 19 años. He hecho muchas cosas, hice Corum para First Comics, y después empecé a trabajar en Wonder Woman para DC Comics.
¿Cómo recuerdas aquella serie y qué piensas del personaje?
Una anécdota divertida es que cuando comencé a dibujar Wonder Woman nunca había leído ningún cómic del personaje, porque la conocía de la televisión. Me gustaban los X-Men y cosas así. Siempre pensé que como personaje era bastante aburrido. Asumo que es muy simbólica, pero es perfecta, y así no había ningún drama. Así que en mi versión Wonder Woman tiene flaquezas como personaje, tenía que aprender a convertirse en Wonder Woman. Pero la adoro, admito que es fantástica, aprendí a quererla.
El siguiente gran paso fue Sandman, con Neil Gaiman…
Sí, pasé de Wonder Woman a Sandman, lo que fue un gran salto en mi carrera. Trabajaba a tiempo completo en Wonder Woman. No lo sabía, pero al parecer Neil Gaiman venía a la oficina por temas relacionados con Sandman, veía mi trabajo y no dejaba de preguntar «¿está Jill disponible para hacer algo?». Y le decían “no, está trabajando en Wonder Woman y no puede, es lo que está haciendo por contrato». Y él simplemente esperó a que estuviera disponible. Hubo cambios en los editores y el mío, Dan Thorsland, me llamó un día y me dijo «¿sabes que Neil Gaiman no deja de preguntar cuándo vas a estar disponible para trabajar en Sandman?». Yo aluciné, comencé a sudar y dije «¿Neil Gaiman? ¡Sandman es mi cómic favorito!». Y me dijo «sí, quiere trabajar contigo, pero Karen (Berger, editora de Vertigo) le decía siempre que tenías que acabar tu contrato con Wonder Woman«. «Creo que voy a ver si puedo librarme de ese contrato, si podemos terminarlo en otra cosa, o hacer un determinado número de ejemplares, y poder trabajar en Sandman«, dije. Creo que no me habría enterado nunca si no se hubiera producido ese cambio de editores. Dan Thorsland fue quien se aseguró de que nos juntáramos, ¡y gracias a Dios que era mi editor, porque cambió por completo mi vida en los cómics!
Vidas Breves (aquí, su reseña) es algo único en Sandman porque es el único arco argumental que fue dibujado por un único artista. Eso es muy raro en Sandman, en la que hubo tantos cambios de dibujantes…
Neil tenía arcos argumentales pensados para dibujantes específicos. Vidas breves lo reservó para mí, porque ese era el que quería que hiciera yo. Creo que cuando trabajaban otras personas era una cuestión de plazos. No sé si País de sueños (aquí, su reseña) es todo para Kelley Jones, pero las fechas se echaban encima así que había que recurrir a alguien más. Sandman es uno de mis trabajos favoritos que haya hecho nunca. En aquel momento yo no quería dejar de trabajar en Sandman. Le decía a Neil que quería terminar la serie para él, que no hacía falta que buscara a otros ilustradores. Pero me decía que tenía que hacerlo, que tenía cosas para otros dibujantes y para otra gente. Y yo le decía «¡no me importa esa gente, yo lo acabo!». De hecho, a veces esperaba que me enviara páginas porque estaba viajando y me enviaba los guiones por fax. «No puedo hacer eso», me dijo. Una pena… Hay unas páginas en Vidas breves en las que se ve a Morfeo después de tener que matar a su hijo, está llorando en una silla, y yo me sentía así porque sólo me faltaba dibujar un número después de eso. Yo estaba en esa página, sabiendo que tenía que dejar Sandman. Le decía «por favor, te lo suplico, no me hagas dejar la serie». «Tengo que hacerlo, tengo a Michael Zulli». «Pero, pero, pero… yo hago lo que haga falta», y él me respondía que tenía que ser así.
Creo que eso casi responde a la pregunta de qué significa Neil Gaiman para ti, como artistas y como colaborador…
Es un ser humano maravilloso. Y como artista es el guionista con el que resulta más fácil trabajar. Cuando empiezas a trabajar en un proyecto con Neil, no sé si todavía es así pero sí cuando yo trabajé con él, siempre preguntaba qué es lo que te gustaría dibujar, y él encontraba la forma de que tú disfrutaras, tus puntos fuertes, y así adaptaba la narrativa de la historia a la forma en que te gusta dibujar. Creo que la razón por la que hay actuaciones sutiles en Vidas breves es porque le dije que me gusta hacer que los personajes se emocionen y que me encanta el lenguaje corporal. Para mí, esa es una parte muy importante a la hora de contar una historia, no sólo las grandes acciones, sino los movimientos más pequeños, y me dio muchos de esos para dibujar. Es muy bueno colaborando, saca lo mejor de sus dibujantes porque eso, al final, saca lo mejor en el trabajo en equipo.
En Sandman hay algo realmente importante, y es Muerte. Todo aficionado de Sandman busca las interpretaciones de Muerte, creo que la tuya es brillante, tan delgada, tan fuerte… Y también la Pequeña Muerte, claro…
Esa es una de las mejores cosas que he hecho con Sandman, justo en mi primer número de Vidas Breves. Abel le cuenta una historia a Daniel, y Neil lo describió en su guión como si fueran los personajes de Sal y Pimienta, de Sheldon Mayer, tenían que ser las cosas más bonitas que se hubieran hecho. Le dije que me parecía precioso, pensé en los personajes de manga cuando los hacen al estilo chibi. Me dijo que no sabía qué era eso, que hiciera lo que me pareciera. Y le dije que era como Hello Kitty, con cabezas muy grandes y los ojos en la parte de abajo de la cara, le dije que cuanto más grande era la cabeza y más pequeña la cara, más bonito quedaría. Me contestó que hiciera lo que considerara acertado, les dibujé así y se convirtieron en lo más popular que he hecho. Después, dibujé a otros miembros de la familia de esa forma. ¡Y fue una gran idea! Me alegro de haber ayudado a expandir así este universo. Pero me encanta dibujar a Muerte. Mi versión de Muerte es por supuesto la clásica que siempre hemos visto, con el pelo largo, muy delgada y pálida. Neil sabe cómo es, cuando llega a ti es en la época en la que estás, así que el vestuario es contemporáneo, y es la mujer actual más bella que viene a por ti. Si eso sucediera en los años 5o y en Estados Unidos, llevaría una falda bonita y coleta, pero si fuera en los años 70 su aspecto tendría que ser disco y su pelo sería como el de Farrah Fawcett. Y me gusta hacer eso. Cuando hago dibujos para los aficionados y me piden que les dibuje a Muerte, siempre les pregunto si quieren un modelo específico. Y si me dicen que elija yo, a veces hago una Muerte victoriana, o una Muerte japonesa, o una Muerte africana. Utilizo el concepto básico y lo adapto al entorno, y eso es muy divertido, eso evita que siempre sea lo mismo.
Más adelante regresaste al mundo de Neil Gaiman con El libro del cementerio (aquí, su reseña). ¿Cómo lo recuerdas?
Craig Russell estaba colaborando con Neil en El libro del cementerio, y sabía que adaptarlo era un trabajo demasiado grande para él en el tiempo que tenían y para cuando querían que se publicara, así que abocetó toda la historia y adaptó el libro. El se quedó al mando de otros ilustradores que pensaba que encajaban con la historia para hacer algunos capítulos. Todo se hizo entre el editor, Neil y Craig. Ellos escogieron a la gente que les gustaba y afortunadamente yo estaba entre ellos.
Se te nota muy cómoda en el cómic para adultos, como la línea de Vertigo, pero también has hecho cómics mainstrean, de superhéroes…
Me encantan los cómics. Mi trabajo como creadora de cómics e ilustradora es contar una historia, y no importa el género mientras sea interesante para mí.
Hablemos entonces de La Bruja Madrina. ¿Cómo tuviste la idea de mezclar la temática de Haloween y de los cuentos de hadas?
Bueno, me encanta Halloween. No tenía trabajo después de haber hecho unos cómics en los años 90. Mi primera sobrina había nacido en aquella época y quería hacerle un regalo al bebé, y como tenía tiempo me pregunté qué podía hacer, y pensé en escribirle un libro. Quería hacer una historia con ella con cinco o seis años, porque acababa de nacer. Y también quería ser su madrina, así que fue más o menos mi forma de pedir el puesto de madrina aunque no me lo dieron. Entonces vestía de una forma diferente a como lo hago ahora, así que estaba pensando en qué podía hacer, y ahí estaba yo con botas de plataforma, chaqueta negra, el pelo más salvaje, y me imaginé de pie en una iglesia católica con esa pinta y pensé que sería una madrina bastante terrorífica (nota: la expresión que utiliza ahí es Scary Godmother, el título original de esta serie). Y repetí esas dos palabras juntas, Scary Godmother, y de pronto se me ocurrió esta hada del tamaño de Campanilla con aspecto de bruja y que viste más o menos así, con ojos totalmente negros y era pequeña. La diseñé así y para la segunda vez que la dibujé ya la hice con el aspecto que tiene ahora mismo. Y empecé a preguntarme quiénes serían sus amigos, así que pensé en un monstruo, en un esqueleto en el armario, y le darían miedo algunas cosas y enseñaría que no pasa nada por tener miedo o que las cosas no dan tanto miedo como parece al principio. A veces dibujo personajes y hago bocetos pero no sale nada de ahí, sólo un diseño interesante, pero ese personaje hacía que sucedieran cosas, y fue fácil montar una historia porque no paraban de surgirme ideas. Estaba destinada a nacer. Estaba haciendo la historia pensando en un libro para la madre de Hannah, pero me di cuenta de que eso era lo que no paraba de repetirme que tenía que hacer cuando estaba trabajando en los cómics de otros. Mucha gente me animaba a autopublicarme, y yo les decía que no tenía personajes, que tenía diseños interesantes pero ninguna historia, y finalmente tenía una historia. Empecé a buscar alguien que lo publicara, se lo envié a todo el mundo con el que había trabajado en el pasado. En Dark Horse no sabían qué hacer con esto. Estaba en una convención en Ohio como invitada y vino Robb Horan, de Sirius Entertainment, que era un gran fan de mi trabajo. Yo tenía algunas páginas, me preguntó qué era y le dije que era un libro que quería hacer que se llamaba La Bruja Madrina, me preguntó que quería decir con que quería hacerlo, y le contesté que tenía una historia, y esto y aquello, que era un regalo para mi sobrina, y me preguntó que si lo iba a publicar, le empecé a decir que estaba buscando editor y me respondió que él lo publicaba. «Lo que quieras hacer, yo quiero hacerlo, es precioso y quiero publicarlo», me dijo. Y así sucedió todo, terminé el libro en menos de un año. Y luego hicimos otro, y otro, y un puñado de cómics, fue fantástico. Para cuando salió el segundo el libro, ya se habían comprado los derechos del primero para hacerlo en dibujos animados. Todo sucedió muy rápido, estaba destinado a ser así.
Gracias a esas adaptaciones de La Bruja Madrina tienes experiencia en otros medios. ¿Crees que el cómic puede existir ahora mismo sin el cine?
Sí, antes vivían sin el cine. Sobre todo los superhéroes, pero los cómics en general han entrado en la cultura popular. Antes, sí sabías algo sobre cualquier personaje de cómics eras un bicho raro, pero ahora todo el mundo quiere ser esos personajes, porque ahora todos saben que son tan geniales como nosotros ya sabíamos que eran. Me gustaría que hubiera más adaptaciones en cine o televisión fuera del género de superhéroes, porque creo que hay muchas grandes historias que pueden adaptarse a otros medios. Y eso no significa sacarlas de su medio, pero sería interesante ver otras versiones de cómics que ya existen.
Por ejemplo, Sandman. Joseph Gordon-Levitt está preparando una película…
Me gustan las películas que hace y creo que hará un gran trabajo. Apoyo su esfuerzo.
Volviendo a La Bruja Madrina, esa serie es la fuente principal de tus Premios Eisner, nada menos que seis… No sé si tiene tanta importancia…
¡Para mí desde luego!
…pero con ese nivel de éxito, ¿te resulta fácil mantenerte centrada en tu trabajo?
Nunca he creado nada pensando en ganar un Eisner. Cada vez que creo una historia de cualquier tipo, lo único que pretendo es hacer el mejor cómic que pueda, una historia que llegue a la gente. Mi trabajo como autora de cómics es hacer que la gente sienta algo leyéndolo, quiero que pienses que ese cómic te ha hecho feliz o te ha hecho reír, o si es una historia triste quiero hacerte llorar o sentir lo mismo que el personaje. Eso es lo único que pretendo cuando creo algo, no pienso que voy a hacer algo que gane el próximo Premio Eisner. Si haces eso, no estás centrado en la historia sino en las distinciones. Tengo experiencia en la comedia de improvisación y en esa forma de narrar tu compañero en el escenario es la persona más importante. Si estoy trabajando con un escritor, la visión conjunta es lo más importante, no que todo el mundo se fije en mí.
Siempre has dicho que La Bruja Madrina es para niños pequeños pero también para adultos. ¿Crees que hay pocos cómics que se hagan así?
Esa es una de las razones por las que lo hice. Antes de empezar con La Bruja Madrina me topé con el problema de que todos los cómics en los que estaba trabajando, en Vertigo, todo tenía calificación para adultos, pero muchos de mis amigos y conocidos no leían cómics aunque los conocían. En una fiesta le enseñé a mi amigo David un cómic, Seekers into the Mystery, de J. M. DeMatteis, una historia de un tipo que rememora cómo abusaron de él cuando era niño, que lucha con sus demonios personal, muy adulto. Divorcio, alcohol, sexo, desnudos, todo estaba ahí. Le pregunté a mi amigo qué había hecho con el tebeo y me dijo que se lo había dado al hijo de otro amigo. «¡¿Qué?! ¿Cuántos años tiene?». Y me dijo que cinco o siete años. «¡Que te devuelva el cómic!», le dije. Y me respondió que era un cómic y que todos los cómics son para niños. Entonces me di cuenta de que nada de lo que yo había hecho era para niños, y realmente no había mucho para ellos. Los autores de cómics trabajamos tan duro para que todo el mundo acepte el hecho de que el cómic es un medio que cualquiera, de cualquier edad, puede disfrutar, que es algo serio, que tenían una naturaleza adulta, que olvidamos que hace falta algo que haga que los niños tengan interés en leer cómics cuando sean mayores. Todo es oscuro, siniestro y tiene sexo y ese tipo de elementos. Les dije que esos niños eran demasiado jóvenes para este tebeo, que había una masturbación en la primera página. Me preguntó por qué se ponía algo así en un cómic, y le dije que no estaba pensado para niños. Quiero hacer cómics como los que recuerdo de cuando era una niña, en los que puede haber grandes temas, puede haber un divorcio, muerte, drama, horror, suspense, pueden suceder cosas peligrosas… Simplemente no se enseña de forma gráfica, porque recuerdo ver un montón de películas de niña en las que llorabas cando tenías que llorar, en las que me asustaba, y tanto mis padres como mis abuelos también las veían y todos nos sentíamos igual, pero la podía ver un público general. Eso es lo que quiero hacer, buenos cómics para lectores de cualquier edad, y eso no quiere decir que sean solo para niños. Neil Gaiman lo hace con sus libros para niños, no puedes enseñar lecciones a nadie si todo es feliz y estupendo todo el tiempo, los niños no pueden aprender algo de lo que leen, no pueden superar obstáculos, si no hay obstáculos. Hay que enseñarles protagonistas que sean capaces de asustarse, de ser valientes, de divertirse, de lograr grandes cosas, puede que cerca de sus padres, puede que con ayuda de sus amigos.
¿Son capaces de coexistir el cómic mainstream y el independiente?
Esto es un fenómeno extraño. Creo que deberíamos cambiar la palabra mainstream porque se está convirtiendo en un sinónimo de los cómics de superhéroes cuando mainstream significa que algo es accesible para todos. Debería haber cómics mainstream de terror, como Los muertos vivientes, porque todo el mundo lee Los muertos vivientes. Conozco un niño de siete años y su serie favorita es The Walking Dead, y su madre dice que le encantan esas cosas, pero yo no dejaría que mi hijo de siete años viera The Walking Dead. Todos los cómics tendrían que ser considerados mainstream, eso tiene que ver con la accesibilidad o que sean publicados por una gran editorial. Cualquier género es mainstream. Sólo depende de la atención que reciba. Para mí, El libro del cementerio es mainstream, pero también tendría que haber un western que fuera mainstream, o una serie o un tebeo de ciencia ficción que sea mainstream, o un cómic autobiográfico. Todo depende de la cantidad de dinero que hace que llegue a las manos delos lectores. Puede que con las ediciones digitales la gente tenga acceso a cosas que ni siquiera sabía que se habían publicado.
Participaste en el número 25 de La Nueva Patrulla-X con otros muchos artistas, ¿cómo fue la experiencia?
Fue muy divertido, me encantó trabajar con Marvel. Brian Bendis estaba trabajando en este número, que tenía todas estas realidades alternativas sobre lo que la Bestia, Hank McCoy, pensaba que podría haber sucedido si no fuera la Bestia o si los X-Men no se hubieran formado así, cualquier escenario tenía que ser diferente, y muchos de ellos en una o dos páginas. Brian pudo ofrecerlo a dibujantes que no teníamos tiempo de dibujar un número entero o gente a la que Marvel no podía ofrecer un número completo porque su estilo fuera muy diferente. Todo se hizo muy deprisa porque todos estábamos trabajando al mismo tiempo. Si todo el mundo tiene una página del cómic, podemos hacerlo en uno o dos días y el tebeo puede estar hecho en una semana. Eso le permitió trabajar con mucha gente con la que quería trabajar aunque no hubiera suficientes encargos para ofrecerles. Me preguntó qué quería dibujar, y le dije que mis personajes favoritos, Kitty Pride, Pícara en sus primeras apariciones, me encanta su aspecto de entonces, así que escribió para mí una página llena de personajes femeninos. Dibujé a la Bruja Escarlata, a Emma Frost…
Y para finalizar la entrevista, ¿en qué estás trabajando ahora?
Estoy trabajando en cosas de las que no puedo hablar. Hay más cosas, pero estoy acabando por fin un proyecto que he escrito y dibujado para DC. Eso me está quitando buena parte de mi tiempo. También he llevado a cabo con éxito una campaña en Kickstarter para crear muñecas de La Bruja Madrina y tengo por hacer miles de recompensas, la mayoría a mano, y las estoy completando. Tengo dibujos y pinturas, galletas que cocinar, tengo láminas que aún debo a la gente ya empaquetadas pero que tengo que mandar. Tengo dos murales que pintar para otras personas. Tengo dos adaptaciones de cuentos de hadas de 70 páginas que hacer para otras dos personas. Y tengo otra historia de La Bruja Madrina que estará disponible para todos mis aficionados y en la que algunos de ellos se han hecho colado como personajes en la historia. Cuando dibujo un cómic, tardo unas 14 horas en hacerlo, así que si no lo termino en un día me queda pendiente para el siguiente, lo que hace que todo se retrase. Y doy clases de cómic un día a la semana en la International School of Comics de Chicago, los jueves, y por eso las cosas no salen tan rápido como me gustaría, pero en 2015 habrá dos grandes proyectos. Me gustaría poder hablaros de ellos y enseñároslos, pero no puedo.