Director: Philippe Lacheau.
Reparto: Philippe Lacheau, Jamel Debbouze, Tarek Boudali, Élodie Fontan, Julien Arruti, Jean Reno, Corentin Guillot, Gérard Jugnot, Didier Bourdon, Alban Ivanov, Reem Kherici, Booder.
Guion: Philippe Lacheau, Pierre Lacheau, Julien Arruti, Pierre Dudan.
Música: Michaël Tordjman, Maxime Desprez.
Duración: 99 minutos.
Distribuidora: Youplanet.
Estreno: 4 de febrero de 2026 (Francia), 12 de agosto de 2026 (España).
Si uno mira Marsupuilami desde una perspectiva amable, es difícil no entenderla como una película simpática, para todos los públicos a pesar de algunos detalles del lenguaje o de la comedia, de esas que tienen menos medios que ganas de hacerlo pasar bien. Si la miramos, en cambio, buscando méritos en cuanto a su trabajo de adaptación de las historietas en las que apareció el personaje creado por André Franquin, lo más probable es que salgamos decepcionados. No es esta una película para lectores del cómic de Spirou y Fantasio del que surge el Marsupilami, de la misma manera que no lo fue En busca de Marsupilami (aquí, su crítica), de la que esta sirve de secuela tardía… ¡nada menos que 14 años después del estreno de aquella), aunque esta se puede entender como algo más entretenida que aquella, quizá por el hecho de que sepa abrazar lo que en el fondo puede funcionarle mejor, la comedia infantil y esta vez con un niño como participante esencial de la trama, que no protagonista de la misma. Porque al final estas comedias sirven para ver una curiosa rotación de los mismos actores, incluyendo alguno de los que participó en aquel filme de 2012, y de buscar un humor que funcione, también con las referencias a otras películas que se convierten en el mejor gancho para que el espectador medio pueda asomarse a una historia sencillita y funcional.
Donde Marsupilami cumple sin relativos problemas es en la comedia infantil. Es una historia sencilla, con ciertos tópicos, en la que se habla de una familia que se rompe y se une, con una separación de por medio y los padres acercándose y alejándose en función de lo que va sucediendo en la historia. De hecho, si elimináramos al Marsupilami, la película se podría sostener prácticamente con el mismo desarrollo y con el mismo tipo de humor. No es de extrañar, de hecho, que el bicho que da título a la película aparezca pasada ya la media hora de metraje, e incluso después se deja ver de una manera bastante más puntual de lo que podría indicar el título, lanzando un mensaje claro al respecto: está, pero tampoco es lo esencial, es casi un mcguffin de manual, uno que tiene que conducir a la resolución de la película, pero que, en el fondo, tiene menos importancia que la presencia de actores de comedia sobradamente conocidos en Francia, algunos de ellos como Alain Chabat, director de la película anterior, al que también hemos visto en otras adaptaciones de cómic como Astérix y Obélix. Operación Cleopatra (aquí, su crítica). Hay algún chiste con cierto picante que igual excede los límites de la comedia infantil que abandera, pero lo compensa con la cinefilia con la que va trufando el metraje con sus homenajes.
Y luego está el propio Marsupilami, del que también hay que hablar a nivel técnico, por el mismo hecho de ser un bicho que no existe en la realidad y que hay que buscar vías para que parezca creíble. Es evidente que hay una carencia de medios con respecto a lo que podría ofrecer una producción americana, pero aun así parece evidente que la criatura sabe a poco. La mezcla entre animatrónica y animación digital es simplemente correcta, sin más alardes, y soluciones para plasmar en pantalla el caos que desata siempre un Marsupilami cuando entra en acción con una cámara subjetiva casi parecen más ideas para paliar esa falta de recursos que una intención verdaderamente clara de contar la historia de esa forma. El resumen del alcance de Marsupilami es tan sencillo como la propia película, no es la adaptación soñada de la criatura que creó André Franquin para las aventuras de Spirou y Fantasio, de hecho está lejísimos de serlo y hasta si la tomáramos en serio desde ese punto de vista podríamos salir relativamente enfadados de la película, pero cumple en su propuesta infantil, es dinámica, juguetona y divertida sin necesidad de buscarle tres pies al gato ni tratar de inventar nada. Para qué, si tiene los rostros populares y el muñeco de peluche que necesita para convencer a la audiencia que busca.
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