Guion: Eric Peleias.
Dibujo: Gustavo Borgés.
Páginas: 96.
Precio: 16 euros.
Presentación: Rústica con solapas.
Publicación: Junio 2026.
Cómo hacer amigos y enfrentar fantasmas es un poco lo de siempre, pero hecho con inteligencia y clase. Historias en las que un niño conoce a otro, en este caso una niña, ambos de mundos diferentes, con un toque levemente fantástico y que en el transcurso del relato se vayan conociendo y apreciando hay a patadas. Pero siendo eso cierto, lo que cuentan Eric Peleias y Gustavo Borgés es muy agradable, sobre todo porque encuentran un contexto espléndido para que los dos personajes se desarrollen sin necesidad de detenerse en demasiadas explicaciones. De alguna manera, en Cómo hacer amigos y enfrentar fantasmas saltamos en medio de la historia, como les pasa a Leo y Olivia. Se conocen aquí, sí, pero tienen un pasado que cuenta en su forma de ser, a pesar de su corta edad. Poco a poco vamos enterándonos de pequeños detalles, contados con esa elegancia de la que hablamos, pero sin forzar, bien encajados en esa aventura juvenil que nos saca del mundo digital en el que vivimos y nos lleva a una época distinta, en la que incluso la manera de jugar parece otra. Y sobre todo nos engancha por sus dos protagonistas, dos niños con voz de niño, que hacen cosas de niños y que se empiezan a conocer como los niños que son. Eso, que parece una tontería, algo fácil de conseguir, es lo que hace que este cómic despunte.
Peleias define muy bien todos los elementos que tienen que hacer de este un cómic cercano. Habla de familias no tradicionales, monoparentales, de niños que viven en sus propios mundos y además de una manera contrapuesta. Habla incluso de bullying, o como poco de situaciones excepcionales para niños de corta edad que tendrían que tener en sus vidas diversión y amigos. Leo no tiene ninguno porque no encaja con nadie en su vida de ciudad. Olivia, en cambio, más que un amigo lo que anhela es un hermano, pero el lugar donde vive hace imposible que otros niños se puedan acercar a ella, también su excentricidad, pizpireta e ingenua, pero a la vez base de ese pequeño tinte fantástico que hay en la historia. Y juntos viven una pequeña aventura que, para ellos, es necesariamente el comienzo de algo mucho más grande. Peleias escoge a Leo para que sea nuestro guía en esta historia, y no parece algo baladí, sino que está motivado en la necesidad de ver la historia desde su soledad. Gracias a eso, Olivia genera el impacto que se busca, como una poderosa luz en un mundo más oscuro, o incluso podemos entender la relación que tiene con su padre en una época de la infancia en la que se empieza a ser consciente de demasiadas cosas. El escritor acierta en todos esos detalles para que sean una sólida base.
Y luego llega el momento de cogerle cariño a los personajes. Lo hace con la historia, con la aventura, hasta con un toque de nostalgia, y a eso se suma el dibujo de Borgés, que sabe encontrar el lado más empático de todo lo que vemos con una facilidad asombrosa. No se trata solo de dibujar con un estilo claro y sencillo para que los más jóvenes lectores puedan entrar sin problemas en este ambiente. Borgés hace que sus personajes se muevan con precisión, y a la vez que encaje en el escenario que ocupan, dejándolo incluso en blanco en alguna ocasión, pero sin que eso merme la ambientación que necesita esta aventura. La clave, en todo caso, está en los personajes, y de su mano llegamos a todos los rincones de la historia, por supuesto los emocionales, porque con esos diseños tan sencillos consigue que entendamos sus pensamientos desde el principio, y eso le permite después jugar con la puesta en escena y el diseño de página, de manera limitada y cuando la historia realmente lo necesita. Lo que parece simple es en realidad elegante, lo que parece sencillo de conseguir es en realidad un muy buen trabajo. Y si encima Cómo hacer amigos y enfrentar fantasmas es el comienzo de una serie que siga hablando de emociones, sensaciones y situaciones tan reales como las que vemos aquí, mejor que mejor.