Guion: Raquel Riba Rossy.
Dibujo: Raquel Riba Rossy.
Páginas: 280.
Precio: 16,95 euros.
Presentación: Rústica con solapas.
Publicación: Abril 2026.
De la primera entrega de Katanazo al amor romántico (aquí, su reseña) dijimos que era un trabajo fundamental para entender el maltrato psicológico en las relaciones de pareja. Con esta Parte 2 esa idea adquiere una dimensión todavía más ambiciosa porque coloca esa idea en un entorno social. Hay, por supuesto, catarsis personal, no deja de ser una historia de Lola Vendetta, esa suerte de alter ego que hace ya unos cuantos años se creó Raquel Riba Rossy, y su forma de entender el femenismo es fundamental para entrar en el relato con la profundidad que requiere, pero es algo más. Lo que hace este libro es recordarnos que no todas las mujeres reaccionan o, mejor dicho, pueden reaccionar de la misma manera, cuando se cruzan con un machista sin límites, con uno que no duda en mentir, en engañar, en agredir o en destrozar psicológica e incluso físicamente a la persona que dice querer. El libro es una forma de entender que incluso en el lado correcto de la historia nunca se tienen todas las respuestas acertadas que requiere una situación de esta gravedad. Y duele leerlo, porque duele esa realidad que existe, por mucho que algunos la quieran negar, y que es una de las mayores vergüenzas sociales de nuestro tiempo, una contra la que Lola Vendetta lleva años luchando en un ciclo que, de alguna manera, quizá termine aquí. O quizá no.
No es que Riba Rossy agote la historia de Lola Vendetta, no, pero sí ofrece lo más aproximado a un cierre de entre todo lo que hemos visto hasta ahora en el viaje de su personaje. Hay muchas formas de encararlo, pero todas ellas conducen a una guerra psicológica salvaje, que deviene en un clímax físico. Esto último es lo más arriesgado narrativamente, porque puede conducirnos a un terreno difícil de creer, por mucho que lo hayamos visto en las noticias demasiadas veces. La de Lola Vendetta no es una autobiografía, contenga más o menos retazos de una vida real, sino que es un grito, a veces desgarrador, a veces reivindicativo, siempre potente y sincero. La katana no es más que una metáfora radical que, para sorpresa seguramente de muchos, sigue funcionando, sigue formando parte de un femenino que hace unos años era necesario que apareciera y que ahora, cuando quizás estamos ya más acostumbrado a verlo, sigue pareciendo relevante y autorizado. Es muy inteligente la forma que tiene de convertir algo tan íntimo en una cuestión abierta que afecta a muchas más personas, con un antagonista que aparece oculto durante buena parte del relato, y eso es muy astuto. Cuesta asimilar que esto pueda ser real, pero, tristemente, hace ya mucho tiempo que Riba Rossy nos ha recordado que lo es. Aquí, quizá, con más intensidad que nunca.
Y eso, claro, se aplica también al dibujo. No vamos a negarlo, contar una protagonista que hace de su katana una metáfora tan evidente ayuda a que entendamos sus ideas, incluso, por qué no decirlo, a abrazarlas en sus momentos de mayor radicalidad. Katanazo al amor romántico. Parte 2 tiene escenas muy explícitas en muchos sentidos, y se agradece que así sea. La base del dibujo de Riba Rossy sigue ahí, su diseño sus colores, la forma en la que es capaz de mostrar el dolor físico y psicológico a través de unas enredaderas rojas y negras que devoran hasta al personaje más fuerte, el uso de onomatopeyas contundentes y una forma de perfilar el cuerpo femenino maravillosa. Puede parecer una caricatura accesible, y sin embargo tiene una complejidad emocional fascinante, con muchos momentos de enorme simbolismo. Por eso su obra lleva tanto tiempo convenciendo, por eso Lola Vendetta es parte imborrable del cómic reivindicativo español actual y por eso Riba Rossy sigue encontrando historias con las que enriquecer su legado y su figura. No es fácil intuir cómo puede hacerlo después del final de este segundo libro de Katanazo al amor romántico, pero si la vida puede sorprendernos de mil maneras, mucho más puede hacerlo una autora que la entiende de una manera tan desgarradoramente real.