Guion: Jordi Bayarri.
Dibujo: Jordi Bayarri.
Páginas: 56.
Precio: 19 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Enero 2025.
Aún a riesgo de repetirnos, y sí, somos conscientes de que lo estamos haciendo al hablar de los cómics de Jordi Bayarri, es importante destacar lo interesante que es contar con tebeos que ayuden a los más pequeños lectores a entender el mundo que les rodea mientras se entretienen leyendo. Y en el caso de Historicómics, el mundo que fue. Alejandría es una nueva entrega de la serie col la que Bayarri destaca los elementos más importantes de las civilizaciones del pasado mediante tres historias cortas protagonizadas por personajes distintos y más bien cotidianos. En esta ocasión, el autor apuesta por dos escenarios míticos del mundo clásico, el faro y la biblioteca, y un descubrimiento esencial de aquella civilización, la circunferencia de la Tierra. A estas alturas, ya sobra decir que Bayarri cumple con creces y sigue haciendo que sus Historicómics, como sus tebeos científicos, sean obras de consulta maravillosas para los jóvenes lectores que están aprendiendo y forjando sus gustos en torno a lo que están estudiando. Y lo mejor de todo es que, después de Alejandría, estamos todavía en épocas de las que ha pasado ya mucho tiempo, lo que implica que estamos todavía al comienzo de un viaje espléndido del que todavía nos faltan muchas etapas por ver y, por supuesto, por disfrutar.
Esto es, sobre todo, porque la fórmula funciona y lo hace con la eficacia acostumbrada. El formato de historias cortas sigue pareciendo muy bien medido para ser lo suficientemente informativo y educativo y lo suficientemente accesible para el público que busca. Y quizá en Alejandría, con un poco más de intensidad que en anteriores entregas de estos Historicómics, se profundiza en la importancia de los personajes que Bayarri crea para ensalzar las bondades del mundo clásico. Puede ser porque, en el fondo, hay una apuesta por mostrar a protagonistas que no son realmente los actores principales de las historias de los rincones que muestra. Sí pueden serlo en el capítulo final, en el que el autor se asoma otra vez a esos saberes científicos que durante años han centrado su trabajo, pero en las dos primeras partes de este volumen se enseña a personas más comunes, más cotidianas, más propias de espectadores, como si buscar un guiño más al lector, que se siente tan partícipe como aquellos que nos muestran las maravillas de Alejandría. Puede parecer un detalle nimio, pero tiene su importancia para que la serie algo que también necesita añadir al entretenimiento y al factor didáctico: la frescura. Historicómics tiene una estructura que puede tender a la repetición y, la verdad, no se asoma por aquí hasta ahora.
Si nos repetimos al hablar de la obra de Bayarri es porque ha sido capaz de crear una sensación de comodidad para todos los públicos que, desde otros segmentos, puede parecerse a la que Enrique V. Vegas logra con sus parodias. Todos sabemos lo que podemos esperar de Bayarri como autor y, por supuesto, como dibujante. Su idea, educativa en extremo, sigue siendo tan deudora de las series de Érase una vez…, con diseños claros y accesibles, como siempre ha enseñado Bayarri desde que arrancó su trabajo hace ya unos cuantos años en estas lides. Lo que tienen estos Historicómics, y Alejandría es probablemente una de las pruebas más bellas de ello, es que la arquitectura y los paisajes juegan un papel esencial, y eso le da a Bayarri un elemento más con el que disfrutar, uno que entronca con lo que ya conocemos, el espléndido trabajo de documentación que hay en estos tebeos, sencillos en un primer vistazo, pero que después se convierten en algo mucho más interesante y complejo de lo que puede parecer. Alejandría es continuista, no podía ser de otra manera dentro de una serie como esta, pero es también algo un tanto distinto, aunque sea por el color y la iluminación que tiene cada uno de los episodios. No es fácil encontrar puntos flacos en la propuesta, pero es que, en realidad, no hay ninguna necesidad de hacerlo.