Reparto: John Cena, Danielle Brooks, Freddie Stroma, Chukwudi Iwuji, Jennifer Holland, Steve Agee, Robert Patrick.
Episodios: 8.
Duración: 60 minutos.
Plataforma: Max.
Estreno: 13 de enero / 22 de febrero de 2022 (Estados Unidos, España).
Si hay algo que caracterice a James Gunn a la hora de adaptar personajes de cómic es, por un lado, la libertad que se toma con ellos y, por otro, que no tiene miedo alguno a la hora de buscar lados más cómics, en cualquier grado, que los que presentan en las viñetas de las que parten. Tanto Guardianes de la Galaxia (aquí, su crítica) como El Escuadrón Suicida (aquí, su crítica) son buenas muestras de ello, y a la hora de desgajar personajes de cualquiera de esos dos mundos no cabía esperar menos. El Pacificador no solo es un ejemplo claro, sino incluso extremo. Todo lo absurdo que podía haber en su presentación junto al grupo de villanos inadaptados que hizo en el cine se magnifica en una serie muy, muy loca. El mayor error sería tratar de tomarla en serio. Gunn no lo hace, los actores tampoco. Y por eso se disfruta tanto con la locura. El absurdo es su norma más básica, y la lleva a unos diálogos delirantes con la misma facilidad con la que construye una historia inverosímil, tanto que no podía rematarla de otra manera que con los cameos finales, cameos que por supuesto no vamos a desvelar. Podemos plantearnos si El Pacificador es una buena serie, incluso una buena incorporación al universo DC, pero si es algo que Gunn quiere salvar del reinicio que supondrá para este mundo su película de Superman podemos suponer que algo tiene.
Ojo, ese algo no tiene por qué gustar a todo el mundo, pero está ahí. Se habla mucho del género de superhéroes como un conjunto homogéneo, pero El Pacificador demuestra que eso no existe. ¿Qué tiene que ver esto con, pongamos, el tono que Zack Snyder quiso dar a Superman y la Liga de la Justicia? Nada en absoluto. El Pacificador es, por encima de todo, una sitcom que reúne todos los requisitos de la misma. Sí, hay disfraces (de lo más chusco, por cierto), hay criaturas y efectos especiales, hay muchos disparos, cámaras lentas y canciones pegadizas, elementos que desde luego se cuelan en grandes superproducciones de superhéroes, pero lo que importa en la serie es la relación que se entabla entre los distintos personajes. Eso no es algo que sea extraño en Gunn, es lo que da sentido a sus cómics en pantalla, pero aquí se lleva al absurdo. Es como si Quentin Tarantino llevara los diálogos de sus películas, esos diálogos en los que todos estamos pensando, a situaciones ridículas que tienen como objetivo primordial la ruptura de la tensión y que, desde la estupidez (no hay otra forma de definirlo), nos encariñemos de los personajes. Y, sorpresa, lo consigue, nos importa no solo la misión, sino que este grupo de inadaptados consiga conjuntarse en un equipo.
John Cena ha hecho suyo el personaje con una fórmula sencilla: la de pasárselo bien. Se nota que disfruta y no le importa que los momentos dramáticos puedan quedar encasillados en la comedia que domina El Pacificador, liderando bien a un reparto bastante notable, y con el que, insistimos, es difícil no conectar. No es tan fácil hacer que el espectador se preocupe por personajes desquiciados, desequilibrados, que rozan la mencionada estupidez en muchos momentos, pero El Pacificador lo consigue. Y parece mentira que lo haga si vemos la talla del villano terrenal que tiene la serie o la sencillísima descripción del gran enemigo de la historia. Todo se lleva a la exageración y la burla, algo que no se esconde para nada, no hay más que ver el número de baile de los créditos iniciales, algo que ya parece inevitable cuando se quiere mostrar al superhéroe desde un punto de vista distinto al de la simple acción. Al final queda la sensación de que hemos visto una historia dinámica y con chispa, en la que se puede dejar el cerebro apagado un rato para disfrutar con la simpleza de sus protagonistas, donde el pijameo adquiere una dimensión cotidiana y en la que da cierto gusto perderse. No es que sea la cumbre de nada, pero sincera es un rato. Y divertida en su absurdo, ¿lo hemos dicho ya? Pues eso. Sin complejos.
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