Guion: Jaime Martín.
Dibujo: Jaime Martín.
Páginas: 112.
Precio: 25 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Mayo 2024.
Cuando uno lee las entrevistas que dio Jaime Martín para presentar Un oscuro manto, hay una idea con la que merece la pena quedarse. Bueno, con muchas, porque Martín lleva años generando un interés más que legítimo por su obra, pero en este caso, habiendo un claro cambio de registro, sí que es importante quedarse con una concreta: esta no es una historia de brujas. Lo parece, lo puede parecer al menos, por el tono que imprime a la hora, por algunos temas, por la relación que la trementinaire a la que seguimos, una curandera de la zona de los Pirineos, mantiene con los habitantes del pueblo cercano. Pero no, no es una historia de brujas, no hay fantasía oscura, sino más bien oscuridad en el ser humano que retrata. El autor deja de lado las ideas autobiográficas que son las que le han permitido consolidarse en el panorama comiquero español, y ahora se lanza a algo bien distinto. Esa separación puede sorprender al principio, pero al final es fácil darse cuenta de que hay líneas comunes, de que a Martín lo que le interesa es retratar a sus personajes de una manera minuciosa y completa. Y sí es una historia diferente, conviene dejarlo claro porque lo más personal ha estado presente en toda la obra de su autor hasta el momento, pero el choque acaba en cuanto lo emocional deja paso a lo narrativo, en cuanto nos metemos de lleno en su historia.
Hacerlo implica también meterse de lleno en un mundo fascinante, seguramente desconocido para muchos, y ese es uno de los puntos fueros de Un oscuro manto. Esta es una historia de terror a su manera. No por fantasía o por criaturas misteriosas, sino por razones mucho más cotidianas. Martín habla de opresión social, habla de lo difícil que es vivir en un lugar concreto cuando los vecinos ponen etiquetas y estigmas sobre uno. Y añade, además, de una manera muy sutil, el hecho de que esa persona es una mujer. Dos, en realidad, porque esa curandera acoge a una joven que hereda esa misma incomprensión, cercana al odio, que sienten los demás por ellas. Ahí es donde radica lo más interesante de Un oscuro manto, porque es lo que nos permite conectar con un escenario muy concreto, ciertamente localista, y ese mérito es muy propio del autor, porque al final es un camino bastante parecido al de empatizar con su biografía y con la de su familia, que es lo que nos ha venido contando hasta ahora en sus obras. Dar el paso a otros rincones de la narrativa alejados de esa zona de confort es ya de por sí algo valiente, pero si encima se narra con el pulso con el que lo hace Martín podemos darnos más que por satisfechos con este retrato de una sociedad distinta, pero con problemas de tolerancia parecidos a los que podemos ver en la calle hoy en día.
Martín tiene un dibujo muy cercano, y eso también ayuda. Ayudaba en la biografía, ayuda todavía más aquí, cuando hay que creerse un entorno que será ajeno para la mayoría. No tanto por lo histórico y lo rural, sino por las características de la vida de una trementinaire y todo lo que conlleva. La intensidad que tienen los personajes, qué miradas dibuja Martín, son un impulso notable a que casi desde el primer vistazo sepamos lo que está pensando un personaje, o que al menos lo podamos intuir, porque en su retrato siempre hay un punto de intimidad que no se puede romper. El color de la obra, moviéndose siempre entre la oscuridad y los tonos más apagados, dejando paso a tonos más alegres y cálidos solo en las últimas páginas y por razones muy precisas, es un apoyo fundamental para sus temas y sus sensaciones, lo que hace de esta obra narrativamente muy interesante. Un oscuro manto puede generar la sensación a priori de que no llega tan lejos como las obras precedentes de Martín, pero hay que entender que sus objetivos no son los mismos. Es, en cierto sentido, una obra de madurez, de evolución, de exploración del mundo más allá de las fronteras más personales, y si es un primer paso en una trayectoria que vaya por este o por otros caminos, que parece que sí, es uno firme y decidido.
Dupuis publicó originalmente Un sombre manteau en mayo de 2024. El contenido extra lo forman una introducción de Layla Martínez y una galería de ilustraciones de Jaime Martín.
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