Título original: Asteriz le gaulois.
Director: Albert Uderzo, Ray Gossens.
Reparto: Roger Carel, Jacques Morel, Pierre Tornade, Jacques Jouanneau, Lucien Raimbourg, Pierre Trabaud, Bernard Lavalette, Maurice Chevit, Georges Carmier, Robert Vattier, Michel Puterflam.
Guion: Willy Lateste, Jos Marissen, László Molnár.
Música: Gérard Calvi.
Duración: 68 minutos.
Estreno: 20 de diciembre de 1967 (Francia).
Ahora estamos acostumbrados a que el éxito de un cómic lleve aparejado su salto al cine, mucho más si hablamos de una franquicia americana, pero siempre han existido excepciones notables con historias de fondo como poco curiosas. Corría el año 1959 cuando René Goscinny y Albert Uderzo enseñaron al mundo aquella aldea gala que se resistía al control del Imperio Romano gracias a una poción mágica, la que hacía su druida, que daba superfuerza a todo aquel que la tomaba. Hablamos, claro está, de las aventuras de Astérix, cuyo éxito fue inmediato. Incluso en aquella época y desde un mercado más limitado que el norteamericano, no tardó en producirse el consabido salto al cine, en forma eso sí de dibujos animados. La vía escogida para ello, la literalidad más absoluta, no suele ser la mejor para este tipo de películas, pero es lo que se decidió en su momento, llevar a la pantalla Astérix el galo, el primer álbum de una serie que ya rozaba la decena de aventuras. Incluso con sus obvias limitaciones, tanto narrativas como visuales, la película, la primera de un personaje tan legendario como Astérix, se sigue viendo con agrado después de tantos años. Y con la nostalgia debida, por supuesto, que es un elemento que no podemos despreciar y que está claro que condiciona la valoración objetiva de la película.
Astérix el galo, la película, dista muy poco del álbum, que seguramente se podría haber utilizado hasta como storyboard del filme. Escena a escena, diálogo a diálogo, pocas diferencias vamos a encontrar entre ambos productos, más allá por supuesto del medio en el que se desarrollan y las distintas características de sus lenguajes. Ahora bien, eso no limita el satisfactorio resultado de la película que nos ocupa, que cumple con la misión de ser una presentación en sociedad del personaje y de su mundo para un público nuevo, no necesariamente distinto del que disfruta del cómic en primera instancia. El mimetismo casi reverencial que hay en la cinta hace que el análisis no sea demasiado complejo. Se trata de contentar al fan de Astérix y, al mismo tiempo, de generar nuevos públicos, y eso no se puede negar que lo hace con soltura, aunque esta historia inaugural no sea realmente la mejor y haya todavía demasiados elementos que están por desarrollarse para conformar la imagen de Astérix que hemos recibido como legado y que se conoce de manera universal. El choque de escuchar a Astérix, Obélix y compañía hablando en la pantalla por primera vez no es demasiado significativo, aunque también es cierto que el paso de los años y el hecho de que la serie de películas animadas seguía un ritmo casi parecido al de la publicación editorial son elementos que animan a sentir cierra familiaridad.
El estilo de animación entra también en ese juego, y lo hace sacando todo el partido posible a sus propias limitaciones. Estas son tan evidentes que resulta casi injusto achacárselas a la película como si fuera un defecto de su realización. En sentido estricto lo es, porque ni tiene la espectacularidad que se intuye que en algún momento podría llegar a tener la serie, a pesar de que sea esta primera película ese calco del álbum original que ya hemos indicado. No hay demasiado que se pueda añadir sobre Astérix el galo, porque sus objetivos y su factura hacen que el análisis sea bastante sencillo. Es lo que es, lo que tuvo la capacidad de ser en su momento, un producto sin apenas riesgo, sin demasiado dinero por detrás y sin ninguna necesidad de cambiar lo que funcionaba en la página impresa, solo amoldarlo a la pantalla y sumar elementos como la música o la voz que entraran en este mundo con familiaridad. Con esas ideas en mente, Astérix el galo sigue siendo una película bastante entretenida para los más pequeños y, sin ser Imprescindible, sí actúa como la mejor puerta de entrada posible para el mundo de Astérix, al menos desde la perspectiva más clásica, que es la que abandera este filme, un producto de otra época en la que la animación, y más la europea, parecía algo completamente diferente a lo que es hoy en día.
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