Guion: Alicia Palmer.
Dibujo: Montse Mazorriaga.
Páginas: 168.
Precio: 18 euros.
Presentación: Rústica con solapas.
Publicación: Septiembre 2021.
Hay historias que resultan fascinantes por sí solas, sin necesidad de que sean dramatizadas o ficcionadas, e historias que tienen una trascendencia descomunal para el devenir de la sociedad en la que vivimos. Una mujer, un voto aúna cualidades de ambas sensaciones porque el relato del movimiento sufragista femenino en la España de los años 30 es algo que todos deberíamos conocer. Es así, es algo que hoy, incluso aunque la lucha por la igualdad siga siendo fundamental, damos por sentado. No hay un conocimiento claro de las figuras que impulsaron el voto de la mujer y esa igualdad que todavía se pelea, y nombres como el de Clara Campoamor todavía se escuchan muchas veces sin idea clara de quién fue y qué hizo. Una mujer, un voto es la respuesta de Alicia Palmer y Montse Mazorriaga a todas estas cuestiones, y es una exposición tan histórica y documentada como ideológica y sentida. Sí, una historia necesaria, pero una que se tiene que contar bien para poder disputar todos los recelos que, por desgracia, todavía algunos pueden sembrar sobre su relato. En este caso hay tanta información, tantos discursos y tanta realidad que parece difícil que no nos quedemos con el mensaje de fondo, el trascendente, el de la igualdad, el de la existencia de mujeres hace ya casi cien años que hicieron todo lo posible para que hubiera avances.
Palmer tiene claro que Una mujer, un voto tiene que ser una exposición de muchos elementos, que su lectura tiene que ser pausada, meditada y con una dosis de esfuerzo por parte del lector para entender toda la secuencia histórica del movimiento sufragista dentro de la política de una España convulsa, una que pasó por la Segunda República y que acabó con el estallido de la Guerra Civil. Pero sabe también que su historia es emocional y ha de medirse precisamente por la credibilidad de unos personajes que acompañen a los ideales que casi por obligación tiene que tener esta historia. Por eso resulta todo un acierto que el personaje al que seguimos por estas páginas no sea la propia Clara Campoamor o Victoria Kent, aunque su fuerza y en muchos casos su personalidad también forme parte de lo que nos cuenta Palmer, sino Mari Luz, una joven que llega a Madrid sin estudios, sin ambiciones políticas o sociales, para trabajar como cigarrera en la Real Fábrica de Tabacos, y que sea desde ahí, desde una posición socialmente más baja y cercana para todo tipo de lectores, desde donde va conociendo todo un mundo distinto y necesario del que acaba formando parte. Lo cercano y lo idealizado, entre esos dos extremos la escritura va construyendo su historia, la de todas las mujeres y, aunque algunos no quieran verlo, la de toda la sociedad española.
Es curioso cómo el estilo de Mazorriaga se adapta muy bien a esos dos escenarios, porque su aparente sencillez casa muy bien tanto con el tono documental como con la necesidad de empatizar con las protagonistas de esta historia. El blanco y negro y los recortes de prensa acentúan lo primero, la puesta en escena y la continua presencia de mujeres luchando por sus derechos apuntalan lo segundo. Es un trabajo muy completo, que además se beneficia de unos escenarios que nos invitan a realizar ese viaje al pasado que se propone la obra. Mazorriaga sabe sacar partido incluso de páginas en las que el texto prácticamente devora cualquier posibilidad narrativa que pueda tener con sus lápices y se amolda muy bien a la enorme presencia que quiere tener en el cómic el trabajo de Palmer, para que la exposición sea completa y exhaustiva. Tiene mérito narrar gráficamente con esa carga tan intenso de diálogos y, sobre todo, cartuchos de texto. De ahí que habláramos de un necesario esfuerzo por parte del lector para transitar por las más de 150 páginas que nos propone Una mujer, un voto. Seguro que la historia se podría haber contado de mil formas diferentes, pero esta pide complicidad. Y se la gana a pulso, además, porque el trabajo es espléndido, por lo que nos cuenta y por cómo lo hace.
El único contenido extras es un dossier sobre la historia real que inspira el cómic.
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