Guion: Alberto Breccia.
Dibujo: Alberto Breccia.
Páginas: 96.
Precio: 20 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Septiembre 2020.
Interpretar es algo maravilloso. Cuando se habla de una adaptación, en demasiadas ocasiones valoramos la literalidad, la fidelidad absoluta al original, pero es igualmente destacable que un autor quiera hacer propio algo que no lo es. El corazón delator y otros relatos extraordinarios de Edgar Allan Poe es un ejemplo magnífico de esta forma de narrar. No vamos ahora a descubrir a Poe ni tampoco al autor de este libro, Alberto Breccia, pero sí es importante que pongamos en valor el esfuerzo que hay en estas páginas, en estos relatos reconvertidos a viñetas en etapas muy diferentes de la carrera del maestro argentino, desde puntos de vista tremendamente originales. Y sobre todo, distintos. Pocos autores hay más adaptados que Poe, y encontrar frescura o algo que nos pueda sorprender en una revisión de sus relatos es algo maravilloso. Breccia lo hace en esta selección de cinco historias que nos ofrece el volumen, porque cuentan con una narrativa especial, distinta, que pone el énfasis en elementos ideados para potenciar el nervio y la tensión, porque suponen un juego de color y de narrativa sin apenas mover el foco. Quién sabe qué podría decir Poe de esta manera de interpretar sus ideas, pero lo que está claro es que nos salimos de la norma, de lo cotidiano y de los límites en lo que nos ofrece este libro.
Breccia honra el concepto de relato corto de Poe y restringe su narración a muy pocas páginas en todos los casos. Y apostando siempre por una sensación asfixiante por encima de todo. Poe es terror, pero no un terror banal o evidente, sino uno psicológico y profundo, y se nota que Breccia quiere seguir al pie de la letra ese concepto de tensión que predomina en la obra original. Se ve con claridad en El corazón delator, pero también en La verdad sobre el caso del señor Valdemar, apostando por los primeros planos y por dejar que la narración fluya con lo conocido, con lo ambiental, sin aderezos extraños y con una puesta en escena minimalista. Breccia no añade, es más, comprime, se queda con la esencia y la chupa, la desmigaja, la tritura para que los relatos de Poe sean, casi sin que nos demos cuenta, relatos de Breccia. Es obvio que juega un papel fundamental en esa concepción el dibujo y su puesta en escena, pero su apuesta no sería la misma sin el trabajo previo, aunque sea menos llamativo en un primer vistazo. Pero merece mucho la pena detenerse en cómo escribe Breccia, en cómo adapta, porque eso nos permite entender mucho lo que después capta nuestro ojo. Y es una maravilla ver cómo se desenvuelve con el silencio, con el diálogo y con los textos de apoyo, porque en todas las facetas tiene una fluida casi tan sobrenatural como las ideas de Poe.
En lo visual, y en un primer vistazo, podríamos dividir estos cinco relatos en dos bloques, por un lado El corazón delator y por otro el resto. Pero sería injusto y simplista. Nada tiene que ver la paleta de color y el trazo de William Wilson con el de La verdad sobre el caso del señor Valdemar. Quizá se puedan trazar más paralelismos entre La máscara de la muerte roja y El gato negro, pero ni siquiera hay una identidad total entre ellos. Breccia es, y se ve en estas páginas un artista polifacético, que sabe usar las tintas negras y también las acuarelas de los más atrevidos colores para dar forma a figuras imposibles. Y aún siendo cinco relatos construidos desde bases muy diferentes, hay una sorprendente unidad de narración entre todos ellos, haciendo que este libro suponga toda una experiencia para quienes deseen adentrarse en la fusión de talentos de dos artistas a priori tan distintos entre sí como son Breccia y Poe, un puente que se traza entre los excesos carnales de La máscara de la muerte roja, los primeros planos obsesivos de La verdad sobre el caso del señor Valdemar o el soberbio uso de las sombras negras para crear misterio en El corazón delator. Fascina que en tas pocas páginas Breccia consiga generar tantos matices, tantas interpretaciones, tantos detalles, tanto que leer y analizar.
El contenido extra lo forman una introducción, un epílogo de Cathia Engelbach, el guión de La verdad sobre el caso del señor Valdemar y los bocetos de las versiones que hizo en 1980 y en 1992.
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