Guion: Dan Abnett.
Dibujo: I. N. J. Culbard.
Páginas: 168.
Precio: 24,90 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Mayo 2020.
Podríamos caer en la tentación, una trampa en toda regla, de reducir Wild’s End. Primera luz, a una simple mezcla entre El viento en los sauces y La guerra de los mundos, algo a lo que se hace alusión en el artículo que cierra este primer volumen de la serie de Dan Abnett e I. N. J. Culbard. Podríamos, desde luego. Pero si lo hiciéramos nos estaríamos perdiendo una sensacional muestra del talento de ambos, una de esas historias que nos tiene continuamente al borde del asiento y con la mano presta para pasar de página y averiguar lo que sucede a continuación. Sí, sus protagonistas son animales antropormórficos que viven en una tranquila aldea en la campiña, y sí, esa calma que respiran se ve alterada por la invasión de unos pequeños artefactos con poder destructor y asesino que parecen venir de otros planetas. Pero esto es Wild’s End, no El viento en los sauces contra La guerra de los mundos, y por muy obvias que sean las referencias no deberían usarse para minimizar los logros que tiene este volumen, que además, se cierra con uno de esos maravillosos momentos que abren la puerta a algo todavía más inquietante y ambicioso en un segundo libro. Por mucho que el aspecto de la obra pueda engañar y haya quien piense que tiene como objetivo un público infantil, hay mucha madurez y complejidad en sus páginas.
Abnett no ha escatimado a la hora de poner personajes de complicado pasado entre su grupo de protagonistas. Lo humano es lo que destaca en su planteamiento. Hay problemas emocionales, de sociabilidad, de convivencia en pareja, de traumas de guerra, de alcoholismo claro. Y son problemas, además, soterrados, que no necesitan el primer plano de una historia que, lógicamente, se centra en una huida desesperada para no acabar carbonizados por estos inquietantes artefactos con vida que vemos en Wild’s End. Y como sabe aprovechar muy bien todas las virtudes del género escogido, no necesita profusas explicaciones sobre sus protagonistas. Ellos reaccionan, y lo hacen según sus vivencias. Da gusto pensar en el dossier que habrá preparado el escritor sobre algunos de sus personajes para entender su psicología, sus palabras y sus decisiones, porque ahí, en lo que no se escribe, también está tomando forma el mundo de Wild’s End. Lo aparentemente pequeño y localizado de su historia se acaba transformando en algo mucho más metafórico y cuyo final invita, como decíamos, a pensar que hemos vivido solo un primer episodio de algo que puede ser tan grande como quiera Abnett. Y eso, la verdad, deja una sensación muy agradable.
Lo mismo sucede con el dibujo de Culbard. ¿Sencillo? Ni por asomo. Cierto es que sus diseños buscan una economía de líneas y que en todo momento se aleja de innecesarias complicaciones de sus viñetas, pero eso no hace sencillo su trabajo. Su puesta en escena con ese estilo es admirable, como también lo es la espléndida caracterización de todos y cada uno de los personajes. Lo antropomórfico siempre tiene el problema de encontrar el animal perfecto para cada protagonista, y en este caso parece obvio que hay brillantez en esas elecciones y en la forma en la que Culbard les da forma y vida. Quizá la forma más evidente de entenderlo sea a través de Clive, el actor principal de este intenso thriller, o incluso por medio de la huraña escritora que se encuentran, en apariencia los dos personajes con un pasado más misterioso y traumático, como se intuye entre líneas y, por qué no decirlo, también con el trabajo del ilustrador. Wild’s End no podría haber tenido una mejor presentación, es un tebeo magnífico, de una intensidad elogiable y con unos personajes muy bien desarrollados, que sabe coger lo mejor de cada género que toca y de cada inspiración que se le reconoce y que, y probablemente esto es lo mejor, funciona como algo individual de ominoso final y como esa primera luz del título que puede tener mucha más intensidad.
El volumen incluye los seis primeros números de Wild’s End, publicados originalmente por Boom! Studios entre septiembre de 2014 y febrero de 2015. El contenido extra lo forman las portadas originales de I. N. J. Culbard y un artículo de Francisco Pérez Navarro.
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