Guión: Brian K. Vaughan.
Dibujo: Pia Guerra y Goran Parlov.
Páginas: 144.
Precio: 13,95 euros.
Presentación: Rústica.
Publicación: Diciembre 2013.
Uno de los aspectos que hacen que Brian K. Vaughan sea un autor muy interesante es que sabe salirse de lo convencional. Y, el último hombre parte de una fórmula tan sencilla como imaginativa: Yorick es el único hombre que ha sobrevivido en el planeta a una misteriosa plaga. Pero es una fórmula con cierta trampa, porque corre el riesgo de repetirse hasta la saciedad. Lo fácil, en realidad lo que desarrolló en los dos primeros años de vida del título con muchísimas habilidad para evitar el desgaste, era explicar qué sucedía con él en este nuevo mundo poblado sólo por mujeres. Pero no se había puesto en cuestión la personalidad de Yorick. Y eso es lo que hace en este cuarto volumen, titulado Palabra de seguridad, con una brillantez tan destacada como su capacidad de sorpresa. Vaughan tritura varias de las ideas preconcebidas que había asentado en las primeras aventuras del despreocupado protagonista de esta epopeya. Y aunque hay ocasiones en que transita la peligrosa línea de la temeridad, acaba cerrando dos arcos argumentales brillantes, que sirven para ampliar el mundo que crea y, al mismo tiempo, cambiar por completo las reglas del juego. En la parte gráfica, Pia Guerra deja paso en el arco central de tres episodios a Goran Parlov, un ilustrador bastante continuista con la imagen de la serie.
Lo que evidencia este cuarto volumen es que Vaughan cada vez afronta con más valentía las peripecias de Yorick. En esta ocasión, se adentra en rincones de lo más oculto, lo más personal, lo más íntimo. Y si el sexo había sido casi un objeto cómico hasta este momento, aquí alcanza tintes dramáticos. La habilidad de Vaughan es no caer en terrenos fáciles o acomodados, sino emplearlos para lo que realmente le interesa: el retrato psicológico de Yorick. La descripción es sublime porque, además, parte del escenario más difícil de aceptar de los que ha planteado el autor hasta este momento, con Yorick apresado por una agente amiga de 355 que parece estar segura de que lo único que puede ofrecer ya el último hombre vivo es sexo para garantizar la continuidad de la especie. Terminado este arco argumental que arrancó en la anterior entrega, Vaughan explora en el siguiente, de tres episodios, nuevos aspectos de la personalidad de Yorick y de sus compañeras de viaje (quizá es ésta la parte de la historia que más diga de 355 y la doctora Mann) con la misma constante de siempre: la sorpresa. Y con una visión muy pesimista del mundo en el que intentan sobrevivir. Toda la serie es así, pero pocas veces las consecuencias han sido tan dramáticas como en esta entrega.
Eso es lo que hace que Y, el último hombre sea un relato en constante crecimiento y sin un final a la vista. No se acomoda, no se conforma, no juzga. Se limita a ir exponiendo hechos que complican la trama cada vez más, jugando admirablemente con el tiempo y con la psicología de los personajes. Y encontrando, al mismo tiempo, dos dibujantes que entienden el tono preciso de la serie. Con Pia Guerra eso no es noticia, porque ha llevado el peso de la faceta gráfica hasta este momento de forma sobresaliente. No obstante, en este volumen la saga central de tres episodios corre a cargo de Goran Parlov, que hace un trabajo que mantiene la continuidad pero que incluso en algunos aspectos consigue ser mejor que el de Guerra. Parlov pone el énfasis en los rostros, en las expresiones faciales, y consigue que la lectura sea muy sencilla incluso sin atender a los textos. Es difícil encontrar fisuras en el trabajo de ambos, porque interpretan la intriga, los cliffhangers, la historia y los flashbacks (los de esta entrega, probablemente los más reveladores y apasionantes hasta el momento) con muchísimo acierto. Y cumple con lo esencial de una serie regular, quedarse con ganas de coger el siguiente número y seguir disfrutando de una historia espléndida.
El volumen incluye los números 19 a 24 de Y, the Last Man, publicados por DC Comics a través de su sello Vertigo entre abril y septiembre de 2004. El único contenido extra son las ilustraciones originales de cubierta, obra de Aron Wiesenfeld para los números 19 a 22 y Massimo Carnevale para los números 23 y 24. La del número 20 es la que sirve de portada a la edición española.