CÓMIC PARA TODOS

‘Procyon 1. El asesino que vino del espacio’, de Ricardo Machuca

procyonEditorial: Dibbuks.

Guión: Ricardo Machuca.

Dibujo: Ricardo Machuca.

Páginas: 128.

Precio: 16 euros.

Presentación: Cartoné.

Publicación: Octubre 2013.

¿Qué clase de cómic de ciencia ficción tiene como introducción frases de Carl Sagan, Horacio, Valtaire, Shakespeare, Lewis Carrol, Mel Brooks, Ambrose Bierce y del libro del Apocalipsis? Uno, sin duda, que aspira a entretener y arriesgarse mucho más de lo que parece con el estilo de dibujo sencillo y casi juvenil que ofrece Ricardo Machuca, y que engancha desde su sugerente portada y el agradable juego de blancos que se ve desde su primera página. Eso es Procyon en su primera entrega, El asesino que vino del espacio, un divertido juego de intriga futurista, mezclado con el clásico whodunnit en torno a un asesinato que todavía no se ha producido, whodunnit que es casi deudor por momentos del humor que muestran películas como Un cadáver a los postres o las del propio Mel Brooks ya referenciado. Es una mezcla rocambolesca pero sumamente hábil, que Machuca maneja con habilidad, sin que se le llegue a desmadrar nunca, y que termina por superar las expectativas precisamente por una aparente falta de pretensiones que en realidad es una astuta fachada. Es un divertimento ágil, inteligente, muy logrado, y puerta de entrada a un universo que promete.

La carcasa con la que Machuca rodea la trama de Procyon es sencilla en su apariencia. Su estilo como dibujante impulsa con mucha facilidad a pensar que la suya es una historia más juvenil de lo que realmente es, sin perder ese aura para todos los públicos. Incluso algunos de sus elementos más cómicos rozan el humor del absurdo (¿cómo si no calificar a un capitán de nave espacial taconeando para calmar sus enfados?), y los diálogos recuerdan constantemente que estamos ante una obra española. Pero rascando por debajo de esa superficie, siempre divertida y entretenida, se descubre una narración magníficamente trazada. Se puede decir que la historia no comienza en realidad hasta haber pasado una treintena de páginas, y sin embargo nada sobra de esa especie de prólogo en cinco escenarios que plantea, desde el primero, una conversación entre dos seres en apariencia superiores que convierten todo el relato en un flshaback, hasta el último, una enorme fiesta en un crucero espacial en el que los personajes se van presentando. Y tan divertido es el ejercicio de ir atando los cabos que deja como trampas para que el lector vaya picando, que el pasar de las páginas sucede casi inadvertidamente y sus más de cien páginas se devoran con una inmensa facilidad.

Lo esencial de Procyon, al menos en este primer número, es la diversión. Su portada lo anticipa: na atractiva mujer armada y una mujer felina amenazante por su espalda. Esa viene a ser la base aventurera de la historia y no se pierde nunca, ni siquiera ante la previsibilidad aparente de algunos de sus enigmas. Sólo con ese aspecto más jovial, El asesino que vino del espacio ya es una historia muy convincente. Pero el resultado es aún mejor si se rasca en el fondo y en la forma, donde no hay una sola viñeta que sobre y muchas de ellas van dejando mensajes importantes para el relato, por inadvertidos que puedan llegar a pasar. Y si a eso se unen elementos clásicos del género, como la tecnología, los robots o los neohumanos (da la impresión de que algunos son un claro homenaje a personajes surgidos del cómic de superhéroes), incluso guiños como la habitual pelea de mujeres que tan fácilmente se ve en la ciencia ficción contemporánea, es difícil encontrar algún resquicio para el aburrimiento. Y el final abierto no es sino una promesa de que este mundo tiene mucho más que ofrecer todavía. Y si es tan divertido como lo de este primer volumen, estaremos ante una gran saga de ciencia ficción a la española, porque deja con ganas de más.

El único contenido extra que presenta el libro profundiza en la historia de ficción. Se trata de unos anexos que simulan las fichas reales de un planeta (Tritón 9 del sistema Liberty), una nave (la patrullera RRR.33, de la serie Malquerida) y un personaje (Iván Minks), todo ello parte del universo de Procyon.

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Esta entrada fue publicada el 11 noviembre, 2013 por en Cómic, Dibbuks, Ricardo Machuca.

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