Título original: Batman – Knightfall. Part 1: Knightfall.
Director: Jeff Wamester.
Reparto: Anson Mount, Michael Mando, Noah Mendes, Pablo Schreiber, Jack Griffo, Bruce Boxleitner, David Dastmalchian, Simon Templeman, Toks Olagundoye, Jason Flemyng, Jessica Camacho, Mick Wingert, Andrew Morgado, Jeff Bennett, Luis Bermudez, Max Mittelman, Adriana Isabel, Bayardo de Murgula.
Guion: Jeremy Adams.
Música: John Jennings Boyd, Eric V. Hachikian.
Duración: 79 minutos.
Distribuidora: Warner.
Estreno: 29 de agosto de 2026 (España, Estados Unidos; digital).
En la era de los grandes eventos, Knightfall (aquí, reseña de su primer volumen) fue un poco el patito feo de la época porque nació a la sombra de La muerte de Superman (aquí, su reseña). Siempre se negó, pero parece evidente que algo había. Y el caso es que su irregularidad fue patente. Aun así, la rigurosa preparación de su villano, Bane, y el dramático suceso que justificaba el evento eran reclamos más que suficientes en su momento y poderosas razones para que la historia haya perdurado y para que ahora llegue al formato cinematográfico, dividiendo el relato, como en el cómic, en tres arcos. El primero, el que da título al evento, tiene una particularidad muy llamativa, y es que parece tener más argumentos que el propio cómic del que parte. Serializado vive una cierta penalización por desarrollarse en distintas cabeceras, pero en apenas 80 minutos de largometraje funciona como un tiro, incluso aunque haya que dar por sentadas ciertas ideas, empezando por el pasado de Azrael, que en el cómic tuvo su propia miniserie y que aquí se conforma con ser el primer personaje en aparecer sin demasiadas explicaciones. Y con todo lo que podamos hablar sobre la película, lo cierto es que tiene más solidez que el cómic, algo que es poco frecuente, y bastante más salvaje, algo que tiene una explicación más contemporánea y otra propia de la época.
Empezando por la segunda, y simplificando mucho, podríamos considerar Knightfall como un choque entre dos estilos, el más aseado de Graham Nolan y el desmesurado e irreal de Kelly Jones. En la película gana el segundo, no solo por el exagerado diseño de Bane atiborrado de Veneno, casi más propio de una película de terror que de una de superhéroes, sino en el del propio Batman. De esa manera, la película entronca con la violencia que el género abrazo en las viñetas en los años 90 y entiende que, a día de hoy, las versiones más aplaudidas de los héroes del cómic son las más violentos (que no necesariamente por ello las más adultas). Así que Knightfall, la película, es un producto destinado a demostrar que ciertas historias no solo tienen vigencia muchos años después de su concepción, sino que pueden reescribirse sin miedo. De hecho, hay decisiones argumentales, personajes que no están en la película y sí en el cómic sobre los que se podría hablar largo y tendido, pero al final se entiende que el ritmo le marca todo en el filme. Todo, pero a partir de los dos prólogos, más largo el segundo que el primero, porque se tiene que detener en la infancia de Bane y en explica, quizá con demasiado detalle para lo poco que se ha contado de Azrael, por qué es tan amenazador como le conocemos después.
Dicho todo esto, hay en Knightfall luces, muchas, y alguna sombra, personajes que no aparecen tan bien tratados como seguramente merecerían porque los episodios que protagonizan no acaban de tener relevancia ni la explicación necesaria (sí, hablamos del Acertijo), y todo está enfocado a llegar con fuerza a un clímax desmesurado, brutal como pocas veces se ha visto en una película de dibujos animados, aunque cinematográficamente sea algo errático y no termine de saber encajar adecuadamente los diálogos que recoge casi directamente del cómic. Ese es el peaje que se paga en la adaptación, porque la medida no es la misma y el lenguaje tampoco. Hay cosas que en el cómic funcionan muy bien y en la película no, y viceversa. Knightfall en las viñetas fue un evento pensado con un fin, que es lo que vemos al final de esta primera película. La película pivota también en torno a ese momento cumbre y sabe entenderlo adecuadamente, tocando temas muy interesantes que funcionan, pero en los que puede faltar la profundidad de más metraje, quede este en una elipsis irrecuperable por su corta duración o vaya a tocarse más adelante por ser esta apenas la primera parte de una trilogía. Lo que está fuera de toda duda es que la película agita el avispero con fuerza, es descarnada y directa, es vibrante y entiende el efecto que se buscaba con el cómic.
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