CÓMIC PARA TODOS

‘Transformers. La era de la extinción’, de Michael Bay

transformers-poster-spTítulo original: Transformers: Age of Extintion.

Director: Michael Bay.

Reparto: Mark Wahlberg, Stanley Tucci, Kelsey Grammer, Nicola Peltz, Jack Reynor, Peter Cullen, Frank Welker, John Goodman, Ken Watanabe.

Guión: Ehren Kruger.

Música: Steve Jablonsky.

Duración: 165 minutos.

Distribuidora: Paramount.

Estreno: 27 de junio de 2014 (Estados Unidos), 8 de agosto de 2014 (España).

El arranque de la saga Transformers en el cine fue en 2007. Como con todo éxito de Hollywood, llegaron las secuelas. Primero fue La venganza de los caídos, en 2009. Después, en 2011, El lado oscuro de la Luna. Y ahora llega La era de la extinción. Parecía que Michael Bay iba a quedarse en la trilogía para ceder el testigo a un nuevo director, pero ha sido él quien ha sumado la cuarta película de los Transformers a su filmografía. No hay, por tanto, atisbos de reboot en ella y es una continuidad clara y directa de El lado oscuro de la Luna, a la que se hace referencia en múltiples ocasiones. Después de ver los nada menos que 165 minutos que dura esta cuarta película, y a pesar del enorme éxito que ya está cosechando en todo el mundo (España es uno de los últimos países en los que se estrena), la sensación de vacío es inmensa. El guión de Ehren Kruger, que ya se había encargado de las dos entregas anteriores, es realmente pobre en todos sus aspectos. Nada está escrito con claridad, ni los objetivos de los personajes, ni sus personalidades, ni por supuesto sus diálogos. No hay más objetivos en La era de la extinción que la destrucción inmotivada, los efectos especiales que pretendan enmascarar lo demás y el atractivo físico o cómico de los actores de carne y hueso.

Desde que arrancó la saga quedó claro que las expectativas que podían levantar sus películas eran más cercanas a lo que ofrece Michael Bay que a lo que podía sacarse de la franquicia de Transformers. Bay apostó por un espectáculo sin cerebro, por historias simples, explosiones y persecuciones continuas, personajes planos (transformers y humanos) y muy poco esfuerzo para el espectador. Bay, mientras tanto, ha ido creciéndose y su único objetivo ha sido ahondar en esas premisas, reducir progresivamente la importancia del guión y descansando cada vez con más descaro en la pirotecnia visual y en la máxima de hacer las cosas a una escala aún mayor. La era de la extinción nace con esas premisas, pero en realidad agota y aburre demasiado antes de llegar a los clímax de acción que puedan salvar la película. Nada tiene demasiado sentido en la historia que plantea el filme, que arranca cinco años después del final de El lado oscuro de la luna y con los pocos Autobots supervivientes escondidos de unos humanos que han decidido romper todos los lazos con los alienígenas, más que para completar esos simplistas objetivos de un Michael Bay que sólo cree en la taquilla y que, con ese respaldo, no ha sido capaz de ejercer la más mínima autocrítica sobre su trabajo.

Lo más hiriente de La era de la extinción es que ninguna de las novedades aporta algo interesante a la ya muy intrascendente pero terriblemente rentable saga. Es simplista la conspiración político-empresarial que se introduce con los personajes de Kelsey Grammer y Stanley Tucci (el primero ve arruinadas sus buenas intenciones con unos diálogos infumablemente tópicos, el segundo porque no sabe decir no a ninguna superproducción de este tipo para repetir una y otra vez recursos que empobrecen su prestigio), la introducción de los nuevos personajes tiene un encaje en el guión sin explicaciones (incluso las de unos Dinobots que aparecen muchísimo menos de lo que parecía, que entran en una escena sin pies ni cabeza y que después sólo tienen presencia y no protagonismo), y el cambio de entorno humano no aporta absolutamente nada. Mark Wahlberg es la cara conocida, poco más, y Nicola Peltz (sobre todo ella, sabida es la inclinación de Bay por incluir mujeres de medidas perfectas con ropa ajustada, no en vano él es quien colocó en esta saga a Megan Fox y Rosie Huntington-Whiteley) y Jack Reynor actúan de reclamos sexuales para adolescentes. Pese a ser la más ambiciosa, aparatosa y larga de la saga, la cuarta película es probablemente la que peores sensaciones deje.

Y eso encuentra una explicación en el ego de Bay, que apuesta por la desmedida sabiendo que al mismo tiempo fomenta un desarrollo absurdo de la historia, incluso estúpido, porque nada tiene explicaciones coherentes. Ni las grandes tramas del guión (cuál es el gran plan de Galvatron o qué pinta el cazarrecompensas Lockdown son misterios que no se resuelven), ni los pequeños elementos (incoherencias absolutas en el comportamiento de los personajes, terrible uso del espacio y del tiempo y un sinfín de elementos más, como una comedia a ratos muy desafortunada). Con respecto a películas anteriores sí es verdad, incluso con marcas indelebles del cine de Bay como las cámaras lentas y los contrapicados, que la acción se sigue con algo más de claridad, gracias que los transformers tienen un diseño algo menos confuso dentro de este aspecto de amasijo de metal, juntas y partes en movimiento. Pero en el fondo todo eso acaba dando igual. Los diálogos absurdos, las situaciones repetidas (de otras películas del propio Bay y dentro de ésta misma), las peleas sin sentido y el festival sin objetivo de efectos especiales digitales y explosiones no llevan a ningún sitio. No se siente como una película propia y con identidad de Transformers, sino como un muy aburrido ejercicio de pirotecnia que ni siquiera entretiene.

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Esta entrada fue publicada el 8 agosto, 2014 por en Cine, Paramount, Transformers.

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