CÓMIC PARA TODOS

‘Puntos de experiencia’, de Josep Busquet y Pere Mejan

puntos-de-experienciaEditorial: Dibbuks.

Guión: Josep Busquet.

Dibujo: Pere Mejan.

Páginas: 96.

Precio: 16 euros.

Presentación: Cartoné.

Publicación: Noviembre 2012.

Puntos de experiencia es el homenaje nostálgico que rinden el guionista Josep Busquet y el dibujante Pere Mejan a los juegos de rol y a los jóvenes de los años 80 que encontraron en ese pasatiempo algo más que una excusa para verse las caras cada cierto tiempo. Con el humor como herramienta básica, la novela gráfica se acaba convirtiendo en algo más que una historia simpática, y pasa a ser una reflexión sobre la amistad, la madurez y los roles que desempeñamos en la vida real, sin necesidad de escudarnos en la ficha de un personaje o en el lanzamiento de unos dados. Y es un paso más en la evolución de Josep Busquet y Pere Mejan en su colaboración artística, que se dio a conocer con La revolución de los pinceles, premiada en el Saló del Cómic de Barcelona, y que continuó, entre otras obras, con el primer volumen de Jirón Negro, también publicada por Dibbuks. Son, sin duda, un dúo de creadores a tener en cuenta en el panorama del cómic español.

Alberto es el protagonista de Puntos de Experiencia. De edad indeterminada, pero sin duda treintañero. Recién divorciado y con dos hijas a las que concede todos los caprichos con los que su madre no transige, se da cuenta de cómo ha cambiado su vida, de que ya no puede seguir con las mismas amistades y de que la separación se lo ha quitado todo. Es entonces cuando, casi por casualidad, encuentra un viejo manual de rol y siente el impulso de llamar a Juan, uno de sus antiguos compañeros de partida. Así recupera el contacto con ellos y descubre cómo ha actuado el tiempo sobre ellos. Si el lector ha vivido la experiencia de los juegos de rol, es casi imposible asomarse a las páginas de Puntos de experiencia y no recordar alguna situación parecida a la que plantean los autores en estas partidas de ficción a un juego igualmente inventado (que, en el fondo, es un chiste privado; Fargons & Gorgons, título que aparece en el manual que encuentra Alberto, es la serie que escritor y dibujante realizan para la revista Amaníaco). Los enfados del master, la tardanza de algunos en tirar los dados, la imprevisibilidad de los jugadores y sus decisiones a veces absurdas, el reflejo de las frustraciones diarias en la partida. Todo está aquí.

Hay tanta autenticidad en las páginas de Puntos de experiencia que es difícil saber dónde acaba la ficción y empieza una realidad en forma de nostálgicos recuerdos de los autores. Porque en todo momento da la impresión de que Busquet y Mejan han encontrado inspiración en sus recuerdos, y también en sus realidades cotidianas. Y es que, al final, lo que parece un relato de ficción con el rol como fondo de repente se convierte en algo más, en un retrato de una época de las vidas de muchas personas que disfrutaron con ese hobby y en una reflexión sobre las amistades más sinceras. Busquet incluye en sus dedicatorias al “pequeño Pol, que un día leerá esto y dirá: ‘¿A esto jugabais?’”. Hay que entender ese mensaje como un guiño más de esta obra. Y es que, en el fondo, Puntos de experiencia es un relato sobre la madurez, sobre el proceso de crecer y hacerse adulto, sobre los cambios en la vida y sobre la adaptación a la realidad. Al comienzo de la historia, Alberto ha cambiado con respecto a sus años de instituto y universidad. Ha abandonado sus juegos, sus amigos, todo lo que tenía en la adolescencia, por una nueva vida. Y cuando esa vida fracasa, cae la máscara y vuelve a ser quien era.

Con esta novela gráfica, Busquet no solo escribe un texto nostálgico sobre los juegos de rol, que también (impagables las visualizaciones de las partidas, que casi invitan a pensar que Busquet y Mejan se han quedado con las ganas de hacer ese cómic de fantasía heroica que se intuye), sino sobre aquellos amigos que no desaparecen a pesar de que transcurran años sin saber de ellos. Los flashbacks no hacen más que reforzar esa idea y el hermoso final es el colofón perfecto a este sencillo tratado sobre algo tan necesario como la amistad. El guión de Busquet fluye con la misma facilidad con la que Mejan lo transforma en imágenes. Con una sencilla estructura que se mueve entre las dos y las cuatro filas de viñetas por página, consigue un gran dinamismo. Su trazo sencillo y claro, sin grandes sombras en su blanco y negro, caricaturesco en apariencia pero con gran realismo, no impide que los personajes tengan una expresividad enorme. Esa sensación culmina ya fuera de la historia, en el desternillante epílogo con el guardia de seguridad del aeropuerto y su perro. No necesita palabras para hacer reír. Y así Puntos de experiencia es una novela gráfica que se devora más que leerse, que permite pasar las páginas con una permanente sonrisa en la cara. Quizá tenga oculta una reivindicación de que, incluso cuando uno llega a la edad adulta, se empareja y tiene hijos, se puede seguir siendo fan, friki o apasionado de todas aquellas cosas que nos encantaban de chavales, sea el rol o los cómics. Incluso seguir teniendo los mismos amigos que entonces. Puntos de experiencia es, por tanto, una pequeña delicia.

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Esta entrada fue publicada el 9 septiembre, 2013 por en Cómic, Dibbuks, Josep Busquet, Pere Mejan.

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