Guion: Catalina González Villar.
Dibujo: Toni Galmés.
Páginas: 240.
Precio: 23,95 euros.
Presentación: Rústica con solapas.
Publicación: Septiembre 2026.
Lo primero que se puede decir de El color de los tulipanes es que Catalina González Villar y Toni Galmés han sabido crear un tebeo francamente bonito. Lo es en su historia, porque sabe aunar un periodo histórico fascinante con un exquisito gusto por lo delicado de este mundo, ejemplificado en la inocencia infantil, la pintura y las flores. Y lo es también en su ejecución visual porque el dibujo es fantástico, delicado, tierno y tan emocional como el propio relato que nos está contando. Y con la enorme virtud de ser asequible para públicos de distintas edades, sin discriminar por arriba o por abajo, es igual de bonito para chavales que estén empezando a entender lo maravilloso que es el lenguaje del cómic como para adultos que tengan ya un bagaje lector importante. No es fácil encontrar tantos equilibrios como consigue mostrar El color de los tulipanes y por eso es tan sencillo encerrarse en su mundo, conocerlo, comprenderlo y sentirlo, porque habla de la belleza del mundo, del que tenemos y con el que soñamos, y lo hace a través de elementos que cualquier puede entender, con un misterio bien construido que se ajusta a sus personajes y con un acabado delicioso del que es muy complicado escapar incluso después de haber cerrado el libro. Qué fácil es así cogerle cariño a una obra de ficción.
González Villar sabe que esa empatía del lector es clave para que El color de los tulipanes llegue a buen puerto y se afana en buscarla por muchos caminos distintos. El fundamental, obvio, es el de su protagonista, y por eso Jetta, que así se llama la niña a la que seguimos, es una luz en todos los sentidos, un faro que va iluminando el camino que recorren ella misma y el otro personaje central de la obra, Vandor. Pero es que hay una exquisitez en todas las elecciones que toma la escritora, encontrando un punto de fusión entre mundos que están desapareciendo, el de los piratas, y otros que están creciendo, los del coleccionismo de arte, y encuentra una excusa aparentemente trivial en las flores, en los tulipanes, pero sabe darle a esa razón de ser de la historia un componente emocional innegable. El misterio, que se va alargando para cubrir toda la obra, es quizá lo de menos en el relato, pero también funciona bastante bien como hilo conductor de esas emociones de las que hablábamos y conduce a un clímax que resuelve las tramas de forma satisfactoria, levemente previsible, sí, pero sin mermar los muchos logros que tiene El color de los tulipanes para ser una historia en la que uno se sumerge con una comodidad admirable gracias al estudio documental que hay en su propuesta, pero sobre todo por lo cercano que resulta todo.
Ahí juega un papel fundamental el dibujo de Galmés. Que ya demostró lo bien que se adapta a escenarios históricos atractivos en las dos partes de Cuando cae la noche (aquí y aquí, sus reseñas). Hablábamos de la relación que tiene El color de los tulipanes con el arte, es un elemento esencial de su historia, y es, de alguna manera, un homenaje continuo en el trabajo del ilustrador, es minucioso y delicado, pero también decidido y emocional. Tiene un aspecto claramente juvenil, pero su narrativa es seria y hay que tomarla así, con una maravillosa atención por el detalle que nos sumerge en el siglo XVII en el que tiene lugar la historia y que hace que nos encariñemos con una facilidad enorme con los personajes, de muy especial manera por supuesto con Jetta. Galmés, que es muy sutil a la hora de romper una estructura clásica de página, entiende muy bien todo lo que contiene la historia de González Villar y juntos tejen uno de esos tebeos que encandilan, que divierten, que emocionan y que invitan a pensar en el mundo que describe no solo ya durante la lectura, sino incluso después de haber cerrado la última página del libro. Si además el relato tiene un protagonismo femenino tan interesante, si rezuma amor por el arte y si encima construye una historia muy bien tejida para lectores de todas las edades, ¿qué más le podemos pedir?
El contenido extra es un dosier gráfico con bocetos, pruebas de color y versiones de la portada.
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