CÓMIC PARA TODOS

Televisión – ‘City of Blood’, de Philipp Kadelbach

Título original: City of Blood.

Director: Philipp Kadelbach.

Reparto: Lea Drinda, Soma Pysall, Franz Hartwig, David Schütter, Mouataz Alshaltouh, Jördis Triebel, Jenny Schily, Lars Eidinger, Melika Foroutan, Dagmar Manzel, Ulrich Brandhoff, Yasin El Harrouk, Gina Stiebitz, Adri Mendez, Eliska Sladeckova, Jan Georg Schütte, Bjarne Meisel, Hyun Wanner.

Música: Michael Kadelbach.

Plataforma: Disney+.

Episodios: 8.

Duración: 50 minutos cada episodio.

Estreno: 16 de septiembre de 2026 (Alemania / España / Estados Unidos).

Más allá de la presencia de vampiros en Berlín, hay pocos nexos de unión real entre City of Blood, la serie de televisión, y Berlinoir, el cómic de Tobias O. Meissner y Reinhard Kleist, y ese es quizá el primer gran debate que se podría acometer. Si no buscamos los mismos mensajes, por mucho que los caminos y el lenguaje sean distintos, ¿qué sentido tiene adaptar una obra previa? Vampiros en Berlín es una temática lo suficientemente amplia como para crear historias nuevas sin sentir la necesidad de tener que alterar tantos elementos como para que la adaptación funcione. Y el caso es que funciona solo a medias. Hay en City of Blood debates muy interesantes, que además entroncan con la política actual y con la precariedad social a la que vivimos abocados por la existencia de unas élites que cada vez quieren más. Eso está en la serie y pugna por surgir de vez en cuando. Pero el problema que tiene City of Blood es que no termina de definir la serie que quiere ser, no pone en sus ocho episodios todo lo que tiene y, como suele ser habitual, dibuja al final un escenario abierto que resulta casi más interesante que lo que ya hemos visto. Quizá se haga pensando en una secuela, claro, pero decepciona tanto como el elevado número de personajes a los que no se termina de hacer justicia con lo que hemos llegado a ver.

La cuestión es que casi todo en City of Blood parece demasiado obvio. Si la protagonista tiene problemas médicos con su sangre, la metáfora del vampiro pierde todo poder y nos aboca a un escenario evidente que, además, no cristaliza hasta el último episodio. Por momento no sabemos si City of Blood es una crítica política o la historia de dos hermanas que, además, queda por resolver al final. Esas dos tramas están a lo largo de los ocho episodios bastante desconectadas, y ambas tampoco terminan de enganchar de manera fluida con lo que tendría que haber sido el centro de todo, los vampiros. A pesar de su presencia, City of Blood es una serie bastante tibia en su comportamiento. Están al margen de la ley, sí, pero apenas llegamos a ver un par de ataques vampíricos en toda la serie y el mayor de ellos sucede fuera de cámara. Se apuesta por una manifestación del arquetipo bastante tibia, pero carente de demasiada fuerza en sí misma. Por eso es fácil girar la mirada hacia la trama más política o la más familiar, aunque ninguna de las dos termina de llegar hasta sus últimas consecuencias, de nuevo por ese final sin cierre, que parece un punto y aparte más que la conclusión lógica de una historia que no podemos saber si se ha quedado a medias conscientemente o si hay planes reales de seguir con ella.

Interesa mucho ver un Berlín dividido, la metáfora tiene mucho valor, y es atractivo que sobre el papel se marque una línea tan clara entre ricos y pobres, pero City of Blood no termina de ejecutar esas ideas de forma brillante o, al menos, con una intención rompedora que habría ayudado mucho al resultado final. De hecho, todo parece algo artificial, tanto el diseño como lo que tiene que significar la decadencia. En lo visual, más allá de algún fondo casi postapocalíptico, no hay realmente nada demasiado atractivo en un retrato de Berlín que en el cómic se acercaba al expresionismo que el cine alemán sublimó y que aquí se deja de lado por un lenguaje más contemporáneo y algo escaso (lo más distintivo de la serie en ese sentido es… el sudor). City of Blood, con una factura contenida, sin demasiado riesgo, peca precisamente de eso, de conformarse un tanto con lo que propone y no ir más allá ni en sus personajes, ni en su historia, ni en su aspecto. Y sí, deja el sabor de boca demasiado frecuente en nuestros días de ser una propuesta pensada para que haya una segunda temporada en la que, quizá, se puedan recoger los frutos de lo sembrado en estos ocho capítulos. No suspense, no aburre, pero tampoco enamora, ni siquiera desde el uso de la figura del terror más popular y aprovechable, la del vampiro.

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Esta entrada fue publicada en 16 octubre, 2026 por en Cine, Disney, Televisión y etiquetada con .

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