CÓMIC PARA TODOS

‘Quai d’Orsay (Crónicas diplomáticas)’, de Abel Lanzac y Christophe Blain

01203331001_gEditorial: Norma.

Guión: Abel Lanzac y Christophe Blain.

Dibujo: Christophe Blain.

Páginas: 216.

Precio: 29,50 euros.

Presentación: Cartoné.

Publicación: Noviembre 2014.

Mucha gente habrá conocido Quai d’Orsay (Crónicas diplomáticas) gracias a la película que Bertrand Tavernier estrenó en 2013 con el subtítulo del cómic como título. De hecho, la edición de este volumen integral, que incluye los dos álbumes de la serie, incluye en la portada una pegatina que destaca esa adaptación como forma de atraer lectores. Lo que está claro es que Tavernier se fijó en Quai d’Orsay es que algo tiene este tebeo. Abel Lanzac y Christophe Blain trazan una precisa y sarcástica radiografía del mundo de la política vista desde el interior del Ministerio de Asuntos Exteriores francés, llegando a su interior a través de un joven escritor que se incorpora al gabinete del ministro para elaborar sus discursos. Con esa percha, Lanzac y Blain crean una fauna de personajes a cada cual más pintoresco y que, aún siendo esta una comedia desternillante, tiene un tono realista que asusta. Y aunque desde el principio parezca que Arthur, ese joven escritor, va a ser el protagonista, la figura del ministro es tan inmensa (así la hace además visualmente Blain) que se acaba apoderando del tebeo con una facilidad aplastante. La historia tiene alguna pega, pero el conjunto es fascinante.

Lo más discutible es la pretensión que tienen Lanzac y Blain de introduce secuencias fantasiosas e imaginativas basadas en imaginarios como el de Star Wars. No es la tónica, pero esas escenas pueden sorprender mucho a quienes esperen una sátira política pura y con un universo propio, que además hace alusión con claridad a conflictos reales como la guerra de Irak o el conflicto por la pesca de la anchoa entre España y Francia. Pero es que esa sátira es tan buena y tan realista que esos detalles acaban siendo lo de menos, incluso aunque al lector le cueste entrar en ellos. Si se entra, es un añadido más a la diversión incontenible que planean sus autores, un retrato durísimo a la par que lúcido de la política y de la vida, de cómo funcionan las entrañas de los ministerios, y una crítica mordaz de cómo trabajan aquellos que rigen los destinos de un país. Quai d’Orsay, que toma su nombre del muelle parisino en el que está el Ministerio de Asuntos Exteriores, muestra una enorme inteligencia en su desarrollo, en la construcción de sus personajes y en una historia que se va erigiendo en base a pequeños detalles pero que al final supone un demoledor vistazo a la política y, por extensión, a la sociedad contemporánea.

El dibujo de Blain deja muy claro que el objetivo de Quai d’Orsay es satírico y cómico. Lo suyo es la caricatura. Y la domina. Por eso el personaje del ministro, el más caricaturesco y caricaturizado de todos, acaba adueñándose de la función con tanta facilidad. El lenguaje gestual del que le dota Blain es sencillamente soberbio, y permite adentrarse en los terrenos de la comedia más visual, la que se muestra en otros muchos momentos de una obra que combina acertadamente con el retrato de los personajes que captura de la realidad (con énfasis en el ex presidente norteamericano George Bush y su secretario de Estado, Colin Powell). La fusión entre el humor más inteligente y sesudo con las fórmulas de la comedia más visual es extraordinaria en Quai d’Orsay. No es la política un mundo demasiado habitual en el mundo del cómic, y eso facilita que esta sea una de las grandes obras contemporáneas con ese escenario como telón de fondo, pero es un espléndido cómic incluso saliendo de ese ámbito. A ratos es algo irregular, pero sus propósitos están tan definidos y logran efectos tan cautivadores que es imposible sustraerse de su gran categoría. Con historias así, da gusto adentrarse en la política. O miedo, por lo que tenga de real.

Dargaud publicó el primer álbum de Quai d’Orsay: Chroniques diplomatiques en marzo de 2010, el segundo en diciembre de 2011 y el integral en octubre de 2013. Además de las portadas originales de Christophe Blain, el integral tiene como contenido extra las doce páginas abocetadas de un epílogo inédito hasta ahora.

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Esta entrada fue publicada el 11 diciembre, 2014 por en Abel Lanzac, Cómic, Christophe Blain, Dargaud, Norma.

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