Director: Upi Avianto.
Reparto: Pevita Pearce, Ario Bayu, Christine Hakim, Jefri Nichol, Surya Saputra, Reza Rahadian, Jourdy Pranata, Dimas Anggara, Mian Tiara, Canti Tachril, Revaldo, Jenny Chang, Randy Pangalila, Keinaya Messi Gusti, Faradina Mufti, Fadly Faisal, Aqi Singgih, Dian Sastrowardoyo.
Guion: Upi Avianto, Joko Anwar.
Música: Bembi Gusti, Tony Merle, Aghi Narottama.
Duración: 135 minutos.
Estreno: 17 de noviembre de 2022 (Indonesia), 21 de octubre de 2024 (España).
Es curioso el fenómeno que rodea a las películas de superhéroes: (casi) todo el mundo despotrica de ellas, pero (casi) todo el mundo se quiere subir al carro de su éxito. Eso hace que, de cuando en cuando, lleguen propuestas con el ánimo de aportar algo de frescura al género, ya sea por el propio espíritu de las películas que se hacen como por el origen de los cómics en los que se basan. Con Alana, diosa vengadora, tenemos ambas cosas. Es un cómic indonesio y es una película del mismo país, lo que hace que se abran expectativas un tanto diferentes a lo que cabe esperar de la nueva película de Marvel Studios o al próximo intento de DC de conquistar los cines. Y lo cierto es que la sensación es bastante pobre en todos los sentidos. Se aprecia el hecho de que haya países que apuesten por crear personajes basados en sus propias mitologías locales, eso es lo más interesante que tiene Alana, aunque no sea un terreno original ni mucho menos, pero ni el personaje termina por destacar ni la película ofrece gran cosa para conectar con el público. Es más, si hay dos cosas que llaman la atención de la película son, por un lado, el conjunto de tópicos más o menos esperables de esta clásica historia de origen y, por otro, la torpe factura de la película, en su realización, pero sobre todo en el montaje.
Cuando termina la película, y más allá de que nos pueda sorprender la identidad de un villano que aparece casi de casualidad en la historia, queda la sensación de no tener muy claro lo que uno ha visto, cuáles son los poderes de Alana y dónde está su lucha real, más allá de las implicaciones mitológicas y de los cambios de vestuario para encarar ese inevitable final abierto que por lo visto ha de tener toda película de superhéroes que se precie de serlo. Y lo cierto es que si hay algo en la película que se pueda rescatar es, precisamente, lo que no tiene nada que ver con el género, cuando es la historia de una joven adoptada de un orfanato a la que su madre entrena para luchar en el ring. Ahí sí parece haber historia, pero el descubrimiento de unos poderes como decimos algo inexplicables hace que incluso cambia la propia actitud de la protagonista, una Pevita Pearce cuya expresión cambia por completo sin que la película haya sido capaz de explicar la evolución de su personaje. No lo hace por el mencionado lastre del montaje, que va generando elipsis y cambios de escenario sin demasiado sentido, como si la cinta, simplemente, fuera pegando una escena detrás de otra con el objetivo de llegar a un final que haga que el espectador sienta algo de conexión con este mundo y con su figura central.
La frescura no llega por tanto ni de la protagonista ni de la historia, pero tampoco de la factura técnica. Más allá de que el aspecto de la heroína sí puede funcionar bien (sin entrar en debates sobre identidades secretas, por supuesto), lo cierto es que la acción está demasiado supeditada a los efectos digitales, y estos tienen una factura muy, muy limitada que no ayuda a que nos podamos creer lo que estamos viendo, sobre todo en lo que se refiere a las escenas de lucha, que parten de coreografías algo escasas para acabar dependiendo en su totalidad de la irrealidad del CGI, resultón solo cuando son imágenes completamente fantásticas. De hecho, toda la película adolece de un aspecto cinematográfico auténtico, y por momentos da la sensación de que estamos viendo un piloto televisivo de comienzos de siglo que busca venirse arriba sin éxito. Alana, diosa vengadora es una película que cualquier aficionado querría apreciar, siquiera por ser un posible competidor de los gigantes establecidos, también por apostar por una heroína que, eso es cierto, no busca una sexualización evidente o rellenar cuota de ningún tipo, pero lo cierto es que la película se queda muy lejos de cualquier objetivo que se pudiera haber marcado y de permanecer en la memoria del espectador más que por lo exótico de su origen.
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