Guion: Ernesto Priego.
Dibujo: Ernesto Priego.
Páginas: 104.
Precio: 16,90 euros.
Presentación: Rústica con solapas.
Publicación: Febrero 2026.
Quienes ya peinan algunas canas tienen recuerdos maravillosos de lo que era el cómic en España en los años 80. No teníamos las mejores ediciones, no se editaba con el mejor papel ni con el mayor de los respetos al material que aparecía en las revistas y en las grapas de todo tipo y condición, pero el cómic que se hacía era carismático. Único. Por eso, las revistas de ciencia ficción y fantasía de antaño, también las de sátira y humor, son parte imborrable de los recuerdos de los lectores de entonces. Y por eso leer ahora El protocolo es una evidente evocación por parte de Ernesto Priego a esa hora por algunos olvidada, por otros idolatrada, fundamental en todo caso para entender el cómic que tenemos ahora. El protocolo es ciencia ficción, pero gamberra y cómica como lo era entonces. Priego, con esa notable dosis de nostalgia, tampoco elude la actualidad en todos los sentidos, en los temas, en la construcción de los personajes y en su mismo dibujo, en el que sí se ve la herencia de su paso por El Jueves y de sus anteriores trabajos centrados en el humor. El protocolo es divertida, sí, pero con mala leche. Y su ciencia ficción tiene más de ficción que de ciencia, pero juega, como se jugaba antaño, a que parezca que tiene una base sesuda. Lo que está claro es que, con semejante cóctel, hay muy pequeño lugar para el aburrimiento.
No puede empezar El protocolo de una manera mejor, con una larga escena que sirve casi como un relato en sí mismo, uno de esos que llenaban revistas como Zona 84 o Cimoc, uno de esos que sabían jugar con la ciencia ficción, con el erotismo y el sexo, con la misma definición de humanidad y con conceptos, tratados de una manera terrenal, nos transportaban a otros mundos en muchos sentidos. Da la sensación de que ahí Priego no se está guardando nada, pero sí, lo hace, para contar una historia un tanto más compleja en la que entran en juego la lucha de clases, la represión militar/policial y otra serie de cuestiones que hacen que El protocolo sea mucho más que la broma sexual que le sirve de excusa… y que es con la que corona la historia de alguna manera. Es inevitable salir de estas páginas con una sonrisa cómplice, porque Priego logra que todo tenga sentido cuando en realidad, si lo pensamos, no tiene ninguno. El protocolo es una locura descabellada que se asienta en su escenario de ciencia ficción para que nos parezca creíble y, a partir de ahí, no deja de crecer con inteligencia. Y lo hace sin perder de vista que la comedia sexual tiene mucho que decir en el desarrollo de la historia, aportando un toque todavía más gamberro a un conjunto que termina dejando un sabor de boca inmejorable.
El dibujo de Priego es otro elemento sencillo de entender como un viaje al pasado. Y no porque sea antiguo, sino porque se enmarca en una tradición distinta. El blanco y negro, con mucho más negro del que pudiéramos pensar para una obra de género cargado de comedia, eso sí, negra, funciona muy bien para que la parte de ciencia ficción se entienda. Y siendo una historia en un escenario tan abierto, sorprende y gusta que Priego sea capaz de transmitir tanto con los primeros planos, desde la sensualidad de la protagonista femenina de la historia (ojo, no es gratuito, tiene mucho que ver con su función en la trama) hasta el salvajismo de los primates, pasando por los arquetipos sobre los que se asientan los personajes masculinos, otro de los elementos que hace que El protocolo sea divertida incluso antes de ahondar en sus temas. Las onomatopeyas, clásicas, culminan ese viaje al pasado tan entretenido que nos propone Priego, en un trabajo que acaba siendo más de lo que puede parecer a simple vista gracias a una historia bien trabajada que se impulsa más allá de esa secuencia inicial o de un gag concreto, unos personajes bien interpretados y un dibujo bastante atractivo que apela por igual a lectores de los que llevan años por aquí y a los que quieran entretenerse con algo nuevo y fresco.