Guion: Aude Picault.
Dibujo: Aude Picault.
Páginas: 128.
Precio: 21,95 euros.
Presentación: Rústica con solapas.
Publicación: Febrero 2026.
¿Quién no ha necesitado alguna vez, incluso a menudo, contar todas esas historias del día a día que hacen nuestra vida un poco más triste? La ventaja que tienen los autores de cómic es que eso mismo lo pueden hacer de una manera mucho más pública, haciéndonos ver que todos podemos pasar por momentos así. Aude Picault lo hace en Mis rollos de cuarentona de una manera peculiar. Nos cuenta su vida, sí, lo mundano, lo cotidiano, lo que no forma parte de su faceta creadora, aunque esta aparezca levemente mencionada en alguna secuencia. Nos cuenta cómo la vida pasa por encima de nuestros sueños y objetivos, como aquello a lo que aspirábamos, aquello que la sociedad nos dice que es maravilloso y un objetivo casi necesario, se convierte en algo que no nos hace felices. Y lo que tiene Mis rollos de cuarentona es que, lejos de ser el relato de una cascarrabias amargada, por mucho que en algunos momentos ese lector que juzga de manera omnisciente lo pueda llegar a pensar, es que es una obra que nos abre los ojos. Nos reímos del lado más mísero de esa vida cotidiana, sí, le encontramos el humor y la ironía, pero al final lo entendemos. Picault lo entiende. Y lo transmite para que los demás también lo podamos entender, no solo en la vida que la autora ha dibujado, la suya propia, sino en las nuestras.
Picault nos tiene de una trampa divertida. Mis rollos de cuarentona parece de verdad una queja continua y, la verdad, bastante bien razonada sobre lo que es la vida actualmente para una mujer de esa mediana edad que ha conseguido formar una familia y quiere desarrollarse profesionalmente. Solo con esa definición (extrapolable también a hombres, por cierto) ya podemos hacernos una idea de que Picault va a dar con muchos elementos de nuestra cotidianidad que, por decirlo suavemente, podrían mejorar. Las prisas, las tensiones, la conciliación, el lugar en el que quedan esos momentos para uno mismo… Por cruel que parezca, siempre es divertido leer algo así y encontrar ese reflejo en nuestras propias vidas. Pero lejos de conformarse con esa fotografía, Mis rollos de cuarentona quiere dejar un mensaje completamente diferente, y eso es lo que le da un toque de frescura final. No estamos viendo una comedia negra o una sátira de la vida real. Estamos asistiendo a un sincero reflejo de la propia vida. Y eso tiene sombras, claro está, pero también luces, luces que son las que nos hacen levantarnos cada día. Deslizadas en cada página, se iluminan por completo al final, consiguiendo Picault que vemos la realidad a través de sus ojos con una eficacia sobresaliente.
Y es que todo en Mis rollos de cuarentona nos invita a pensar en que estamos ante un libro más de un estilo que lleva ya tiempo consolidado en el cómic moderno, aquel en el que el autor o la autora se presentan como una divertida caricatura, como alguien a quienes se les tuerce todo para dar lugar a momentos que a este lado de la página van a provocar sonrisas e incluso carcajadas. El dibujo de Picault, desde una agradable sencillez, potencia esa idea cómica, sin complicaciones, con colores apagados en su mayoría y sin mucha necesidad de que los fondos aporten más que el escenario en las secuencias, aunque nos vayamos dando cuenta de que, en realidad, no es así. Eso mismo, de hecho, también se transforma en un elemento narrativo más, encaminado a hacernos entender con mucha más facilidad el mensaje definitivo del libro. Página a página, situación a situación, Picault logra que la frescura de sus ideas y de sus mensajes vayan calando, y no solo para un lector que cumpla con los requisitos identitarios más cerrados con respecto a la autora y protagonista. Eso tiene mérito. Como también abrir la ventana y mirar al mundo con el optimismo que, en el fondo, a veces muy en el fondo, está presente en Mis rollos de cuarentona. Rollos no, desde luego, porque uno no se aburre en este viaje.
Dargaud publicó originalmente Moi je, quarantaine en enero de 2025.