Guion: Howard Chaykin, Dennis O’Neil, George Alec Effinger.
Dibujo: Mike Mignola, Howard Chaykin, Walter Simonson, Jim Starlin.
Páginas: 320.
Precio: 37 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Septiembre 2024.
Las vueltas que da la vida. Fafhrd y el Ratonero Gris es una de las obras más conocidas de Fritz Lieber, escritor que desarrolló la serie durante más de medio siglo, pero no alcanzan dentro de la espada y brujera la fama que puedan tener las creaciones de Robert E. Howard. Como con aquellas, Conan en especial, el cómic le echó el ojo en su momento a Fafhrd y el Ratonero Gris, y produjo una adaptación dibujada por un tal Howard Chaykin, escrita en su mayoría por un tal Dennis O’Neil. No tuvo el éxito de Conan, claro, y cayó en el olvido hasta que Chaykin tuvo una segunda oportunidad, esta vez escribiendo y dejando los lápices en manos de un tal Mike Mignola, que en su momento quiso dibujar la serie original y que, con un estilo ya mucho más consolidado, Hellboy mediante, supo mucho mejor lo que había que hacer con esta historia de dos vividores en un mundo medieval de fantasía, borrachos, pendencieros, pero a la vez grandes guerreros y a los que une una amistad a prueba de balas, aunque no haya precisamente pistolas en las historias que protagonizan. Y aquí estamos, ante un volumen integral maravilloso que recoge las dos etapas para deleite de los amantes de la fantasía heroica, de Chaykin y de Mignola, porque para cualquiera de ellos la lectura de este libro contiene innumerables sorpresas y alegrías.
Para empezar, la unión de dos talentos como los de Chaykin y Mignola, quienes, lejos de chocar, se encuentran bastante cómodos en los siete relatos que hicieron juntos con estos personajes. Puestos a definir lo que ofrecen, podríamos decir que es una mezcla entre Conan y Hellboy, aunque eso dependerá muy mucho de la experiencia que tenga cada lector. Desde luego, el género lo abraza francamente bien y de una manera que aún sus conceptos más clásicos con una narración más moderna, la que se desprende de la relación entre los dos héroes y, seguramente, de las interpretaciones que podamos hacer de sus aventuras. Y con ese escenario dominado, llegan las sensaciones de estar dentro de una muy atractiva fantasía oscura, algo que no les es ajeno ni a Chaykin ni desde luego a Mignola. Es tal el nivel de confianza que tiene en lo que está dibujando que a nadie habría sorprendido que se hubiera colado a modo de cameo cierto demonio de piel roja y cuernos cortados, pero a la vez hay una personalidad notable en la serie. No, Mignola no calca Hellboy, Chaykin no se lo habría perdonado, y juega con todos los elementos que tiene esta historia, este universo, para crear una ambientación de primera. Los fondos juegan un papel tan determinante los propios personajes.
Las comparaciones son odiosas siempre, pero si las interpretamos de manera negativa. Libros como este nos permiten abordar esa tarea desde otra perspectiva. Ver las páginas originales de la adaptación primigenia en cómic de Fafhrd y el Ratonero Gris no solo nos permiten recuperar a un Chaykin dibujante mucho más clásico del que hemos visto en los últimos años, uno que desde luego tenía una fuerte influencia del estilo de la época y que en muchos sentidos hermana este cómic con los de Conan, Red Sonja y demás personajes del género que sobre todo se popularizaron a través de Marvel, pero también una forma de adaptar distinta. La adaptación moderna es una vía mucho más personal, mucho más incisiva, menos comercial, si se quiere ver así. Y como firman Chaykin y Mignola, es mucho más fácil ver esas intenciones que tampoco surgen de la recuperación de personajes como Conan para públicos modernos. Puede que Fafhrd y el Ratonero Gris no cosechara grandes éxitos ni entonces ni ahora, puede que no sea la obra que citarán como su predilecta ni los seguidores de Chaykin ni los de Mignola, pero, leída en su conjunto, da la sensación de que sus méritos son mucho mayores de los que se le ha podido reconocer hasta ahora. Un integral de este nivel es una oportunidad espléndida de completar bibliografías que, sin esta espléndida historia, estarían bastante cojas.
El contenido extra lo forman una introducción de Howard Chaykin, un epílogo de Mike Mignola y las cubiertas originales de Mignola, Michael Kaluta, Chaykin y Walter Simonson.
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