CÓMIC PARA TODOS

‘V-Wars 1. La Reina Escarlata’, de Jonathan Maberry y Alan Robinson

Editorial: Drakul / Likantro.

Guión: Jonathan Maberry.

Dibujo: Alan Robinson.

Páginas: 120.

Precio: 15,95 euros.

Presentación: Rústica con solapas.

Publicación: Octubre 2019.

No será algo completamente novedoso, pero la manera en la que Jonathan Maverry conjunta los conceptos más reconocibles del vampiro y del zombie es una de las claves de que V-Wars sea un cómic tan entretenido. Eso, y como en todo buen tebeo de ciencia ficción o terror, la forma en la que tiene de hablar de nuestra sociedad actual a través de metáforas más o menos evidentes y la acción que utiliza para envolver esa base. La manera en la que la serie habla de la desinformación interesada de los medios, de las pugnas de poder sin escrúpulos, del miedo al diferente que impera en la sociedad y de algunos otros temas más acaban dando a la trama un escenario de lo más interesante. No, no será algo nuevo, pero sí tiene una frescura envidiable en un género que, como todos sabemos, está francamente sobreexplotado. El gran acierto es que la guerra de la que habla el título no es una entre buenos y malos, ni tan siquiera una en la que haya bandos rocosos. La enorme escama de grises que hay en V-Wars es la salsa de su desarrollo, es lo que marca diferencias con respecto a otras series y lo que hace que conceptos que durante años han funcionado muy en el subgénero zombi se puedan aplicar sin miedo en el vampírico. Hay algún problema más en el dibujo, mucho menos redondo aunque eficaz, pero el concepto de la serie y las puertas que tiene abiertas de par en par al final del primer volumen bastan para convencer con holgura.

Hay una guerra, eso es obvio, y hay un grupo de marines a los que vamos a ver pegando tiros cuando corresponda, y desde luego vampiros que van a hacer que el gore se asome con cierta facilidad a las páginas de V-Wars. Pero, como decíamos, lo que destaca aquí es la historia conspirativa, la que habla de la información, el poder y los intereses. Maberry imagina con mucha inteligencia escenarios de ese calado en los que encaja francamente bien la presencia de vampiros que surgen de una mutación genética que puede desarrollarse en cualquiera y que lo hace además en diferentes estadios. No hay un vampiro uniforme y típico en la idea de Maberry, sino que acierta a la hora de encontrar diferencias de todo tipo entre ellos, de carácter, de intenciones, por supuesto de imagen y, ojo, también de creencias y fe. Eso, apenas apuntado en estos números más pendientes del escenario sociopolítico, es lo que nos da la pista de lo bien montado que está el entrenado de V-Wars, con dos protagonistas esenciales, un experto en vampiros que trabaja para el presidente de los Estados Unidos después de que su familia se vea destrozada por la plaga vampírica, y una periodista que duda de que lo que está contando sea realmente la verdad en este mundo de grises. Hay muchos espacios en los que deleitarse con lo que cuenta, con lo que insinúa y con lo que anticipa, e incluso también disfrutando de las partes con más adrenalina que otra cosa.

El dibujo de Alan Robinson es, ya lo decíamos, menos completo. No termina de ser todo lo espectacular que podría haber sido con la historia que tenía entre manos y tampoco acierta siempre en la Perspectiva. A cambio, ofrece un buen retrato de este mundo y el impacto necesario, aunque pueda ser algo previsible, cuando las escenas más violentas de vampiros se apoderan de la historia. Siendo V-Wars una serie que apuesta tanto por los personajes, se nota que Robinson no ha sacado el máximo de lo que podía obtenerse en estas páginas, se nota con los personajes principales pero sobre todo con la Reina Escarlata del título, que hace acto de presencia en las páginas finales y que, siendo eficaz, no se convierte en la presencia que tendría que haber sido. Juega a favor de Robinson el hecho de que la historia apueste por caminos que hasta ahora no se han visto demasiado en las historias de vampiros, lo que le evita comparaciones, que quizá sí se puedan trazar con algo más de facilidad con series de temática zombi. En cualquier caso, aporta un disfrute eficaz a una serie que deja muy buenas sensaciones por lo que nos está contando y que no da la sensación de haber alcanzado su techo con la puesta en escena. Como casi siempre, el segundo volumen será decisivo para saber hasta dónde nos quiere llevar Maberry.

El volumen incluye los cinco primeros números de V-Wars, publicados originalmente por por IDW entre abril y agosto de 2014. El único contenido extra son las cubiertas originales de Ryan Brown.

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Esta entrada fue publicada en 8 noviembre, 2019 por en Alan Robinson, Drakul, IDW, Jonathan Maberry y etiquetada con , , .

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