Editorial: Random House Mondadori / DeBolsillo.
Guión: Alan Moore.
Dibujo: Chris Sprouse, Rick Veitch, Melinda Gebbie, Gil Kane, Jim Starlin, Matt Smith, Jim Baikie, Ian Churchill, Rob Liefeld.
Páginas: 256.
Precio: 21,90 euros.
Presentación: Rústica.
Publicación: Febrero 2011.
Después de lo visto en el primer volumen del Supreme de Alan Moore (aquí, su reseña), y en realidad desde que nació el personaje, nadie tendrá duda alguna de que estamos ante un émulo de Superman. Moore, eso sí, llevó ese planteamiento hasta las últimas consecuencias, y replicó todo lo que había venido formando parte de las aventuras del Hombre de Acero de DC con un buen humor y, sobre todo, un conocimiento del cómic como medio que asombró a propios y extraños. No porque Moore no hubiera demostrado ya con anterioridad y en muchas ocasiones lo buen escritor que es, sino porque la enorme naturalidad que hay en estas historias de Supreme son un homenaje a un cómic, a un género y a unas épocas que son generalmente denostados con demasiada facilidad desde algunos sectores. Pero el superhéroe y las edades de plata y de oro, además de los años 90, también valen para entender el cómic desde una óptica aplaudible. Supreme es un ejemplo perfecto, y el episodio con el que se despidió la serie, un sensacional homenaje a Jack Kirby y por extensión a todos los que han sabido crear formidables universos de ficción con su desbordante imaginación, es la forma ideal de reivindicar este tipo de historieta. Moore se reivindica solo y no necesita elogios, probablemente ni siquiera los desee, pero Supreme, desde su aparente sencillez y mayor complejidad interna, es otro de esos títulos que los merece.
A excepción de esa última historia que Moore basa en el genio creador de Kirby, rompedora desde una sencillez impresionante y sobre todo tributo imprescindible a una figura no menos esencial, las historias presentes en El retorno, este segundo volumen de su etapa en Supreme que coge su título de la serie de seis números que sirve para ponerle punto final, viene a dejar las mismas sensaciones que el primer libro. Es un homenaje, es una referencia, y sobre todo es un divertimento inteligente, que se ríe de y con las fronteras entre el cómic y la realidad, de los inverosímiles tópicos que poblaron el cómic de superhéroes en general y los de Superman en particular en sus primeras décadas de vida. Es la expresión más tangible de cómo leemos hoy en día (sea en el tramo final del siglo XX o ahora ya en la segunda década del XXI) los ingenuos tebeos de los 40, los 50 o los 60. Pero es al mismo tiempo un refrescante despliegue de imaginación. Algunas de las situaciones a las que tiene que hacer frente Supreme no son meros reflejos de las ideas que tenían los creadores de hace 70 años, sino que Moore le da una vuelta de tuerca a muchos conceptos y los presenta casi como si fueran nuevos. Se podría tener esa sensación si no fuera porque se palpa en cada número la voluntad de recuperar lo clásico. Lo genial es que Moore hace que todos esos conceptos funcionen en un tebeo contemporáneo.
Ayuda, por ejemplo, la presencia de las secuencias retro (aunque las abandona en esa serie de seis números que debía servir para revivir al personaje y que acabó siendo su despedida) dibujadas con enorme acierto por Gil Kane. Chris Sprouse es el que más páginas ilustra en este volumen, con bastante acierto en general y dando a la serie un estilo personal que sirva tanto a los propósitos nostálgicos (no hay más que ver cómo dibuja a Szazs, el Duende Supremo en el primer número de este libro) como a los más espectaculares y contemporáneos. Sin embargo, el caramelo de este tramo final de las aventuras de Supreme se lo queda Rick Veitch, que es quien da forma al homenaje a Kirby, imitando en la medida de lo posible los deslumbrantes diseños y la particular forma de utilizar el lápiz que tenía El Rey. Hay mucho que ver en Supreme. El retorno y tantos elementos para disfrutar como en el volumen anterior. Moore, utilizando a un amplio grupo de dibujantes, demostró que el cómic de superhéroes seguía abierto a numerosas formas de ser interpretado sin necesidad de destruir el pasado ni de reivindicar el futuro. Supreme es una obra tan inteligente que casi parece una ofensa considerarlo simplemente como un tebeo de entretenimiento. Pero es que parte de ese entretenimiento para alcanzar en muchos momentos una genialidad que para sí quisieran obras más ambiciosas en su planteamiento. Una delicia.
El volumen incluye los números 53 a 56 de Supreme, publicados originalmente por Image Comics entre septiembre de 1997 y febrero de 1998, y los seis números de Supreme: The Return, publicados por Awesome Entertainment entre mayo de 1999 y junio de 2000. El contenido extra lo forman una introducción de Alan Moore, una serie de portadas ficticias, un diagrama de la Ciudadela Suprema, fichas de los principales enemigos de Supreme, una versión alternativa de un pasaje del número 54 y las cubiertas originales de XXX.
debo pornerle un ojo al personaje; ya qu etengo entendido, con Supreme Alan Moore finalmente concreta todas las ideas que tenía para el azuloso de Superman (cuando trabajaba en DC) y tengo entendido que durante el desarrollo de esta serie, Alan Moore trabajó codo con codo con el creador del personaje, Rob Liefeld. Al menos eso alegó ni más ni menos que el crítico de (malos) comics Linkara en uno de sus videos.
Pero tengo una duda, ya que al parecer don Rob «Youngblood» «dibujó» y «escribió» buena parte de la colección de Supreme ¿En que número don Barbitas tomó la pluma?
Lo indico en la reseña del primer volumen del ‘Supreme’ de Alan Moore (https://comicparatodos.wordpress.com/2015/02/05/supreme-la-historia-del-ano-de-alan-moore/), esta etapa comienza con el número 41 de la serie americana. Cualquier cosa en la que te pueda ayudar, encantado de hacerlo, pero de todos modos, para cualquier consulta sobre números y autores, te recomiendo que navegues en cualquiera de estas dos bases de datos que te enlazo, ya que tienen archivos muy completos:
http://www.comics.org/
http://www.comicbookdb.com/