CÓMIC PARA TODOS

‘El Capitán Trueno’ (facsímil) 7, de Víctor Mora y Ángel Pardo

Facsimil-CAPITAN-TRUENO_7Editorial: Ediciones B.

Guión: Víctor Mora.

Dibujo: Ángel Pardo y Juan Alejandro Martínez Osete.

Páginas: 576.

Precio: 29 euros.

Presentación: Cartoné.

Publicación: Marzo 2015.

Mientras hubiera un lugar exótico que visitar, un atractivo aliado con el que emparejarle o un excéntrico villano al que enfrentarle, El Capitán Trueno es una serie que avanzaba con paso firme sin grandes signos de agotamiento. Y que no lleve a engaño la firma de un tal Víctor Alcázar en la mayoría de los cuadernillos que componen este séptimo volumen, ese nombre no es más que un pseudónimo de Víctor Mora, cuyo trabajo sirve para que se mantenga la unidad de la serie desde el principio. Esa firma, también la de Ángel Pardo en los cuadernillos que creaba en solitario (algo que no pasaba demasiado a menudo), es quizá la gran novedad que hay en esta época, en la que el autor empieza a ser consciente de su papel en la creación. Y es verdad que cada vez es más acentuada la sensación de que hay más ritmo endiablado que historia sopesada, que hay muchos esquemas que se repiten tanto en el inicio como en la resolución de las tramas y que algunas de las situaciones que sirven para arrancar los relatos rozan lo rocambolesco, pero sigue siendo el mismo Capitán Trueno de siempre, ese que solventa todos los problemas a los que tiene que hacer frente con valentía y la ayuda inestimable de sus buenos amigos, el héroe que se convirtió en la figura más trascendente del tebeo español de los años 60. Si algo se echa en falta en estas entregas es precisamente la ausencia de Sigrid, más notable aún por la cuantiosa presencia de personajes femeninos de carácter episódico que aparecen en los viajes de los héroes.

Los signos de agotamiento que se puedan apreciar están en la repetición. Por ejemplo, tratar de condenar a Goliath a un matrimonio con alguna oronda guerrera de una tribu perdida es algo que Mora ya había intentando, y que sólo en este volumen utiliza en dos ocasiones más. Y la consistencia geográfica en El Capitán Trueno es un imposible sin solución, pues con demasiada frecuencia se pasa de climas polares a entornos tropicales con un simple viaje en globo (la herramienta que todo lo soluciona para el escritor), aunque también es cierto que esto mismo es lo que permite una asombrosa variedad en las historias, clave esencial del calado que el Capitán Trueno tuvo entre los lectores en el momento de su publicación. Pero, incluso con estos defectos, al mismo tiempo Mora tiene ideas fantásticas que sabe aplicar a las aventuras de Trueno y sus amigos con mucha brillantez, como sucede con el barco fantasma, la forma en la que Goliath se hace pasar por un mago para salvar su vida y las de sus compañeros o con la manera con la que consiguen enfrentar a Trueno con su tragaldabas amigo en la aventura en la que se enfrentan a Rajnakriss. Y siempre combinando la acción con el humor, no sólo con Goliath y Crispín como conductores, sino incluso con el propio Capitán, como en su choque con Tochiro, un intento de dictador oriental. No se puede negar el enorme esfuerzo que Mora pone en la creación de cada aventura, tratando siempre de que haya elementos diferenciadores y rotando el protagonismo del grupo de forma natural.

Donde sí hay algún que otro síntoma más claro de agotamiento es en el dibujo. No es que sea malo, no lo es, pero sí que hay una falta de identidad. Hay números firmados por Ángel Pardo, muestra de que en ese cuadernillo en concreto no hubo injerencias editoriales, pero, anotadas ya las diferencias que introdujo con respecto al trazo de Ambrós y prescindiendo de la guía de la firma, resulta difícil identificar al autor concreto de cada número. Se disfruta todo lo que aparece en las aventuras, pero sin encontrar rasgos demasiado identificativos. Cobran más protagonismo, de hecho, las ideas descabelladas que la forma en que se plasman, como la aventura en la que hay hombres tiburón o cuando el Capitán Trueno cree ver a un cocodrilo con apariencia humana. Pero como la aventura es la protagonista, Pardo y los demás ilustradores que colaboraban en la serie encuentran fortalezas, barcos y otros escenarios formidables, con diseños de personajes muy atractivos casi siempre, aunque se roce la repetición en más de un instante. El mismo ritmo que tienen los cuadernillos se debe a que las viñetas pequeñas se usan con menos frecuencia, síntoma también de que había una gran demanda de aventuras de El Capitán Trueno que producir en muy poco tiempo. El proceso industrial se convirtió en el gran enemigo del personaje, pero no llegó a devorarle, al menos no a estas alturas de la serie original de cuadernillos. Por eso el Capitán merece la etiqueta de inmortal, porque aún hoy la lectura de sus historias originales sigue siendo gozosa.

El volumen incluye los cuadernillos 289 a 336 de El Capitán Trueno, que se corresponden con los números 580 a 718 de Super Aventuras, publicados originalmente por Bruguera entre 1962 y 1963. El único contenido extra es una introducción de Juan A. Mellado ilustrada por un retrato que Ambrós le hizo rodeado del Capitán, Goliath. Crispín y Sigrid.

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Información

Esta entrada fue publicada en 7 julio, 2015 por en Capitán Trueno, Cómic, Ediciones B y etiquetada con , .

Introduce tu dirección de correo electrónico para seguir este Blog y recibir las notificaciones de las nuevas publicaciones en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 410 suscriptores

Archivos

Categorías