Guión: Víctor Mora.
Dibujo: Ángel Pardo y Tomás Marco.
Páginas: 576.
Precio: 29 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Diciembre 2014.
Con tantas décadas de diferencia entre la publicación original de un tebeo como El Capitán Trueno y esta edición facsímil es complicado hacerse una idea del impacto que tenía cada cuaderno en los jóvenes lectores de la época. La grapa es un formato en desuso, y ahora estas series nos llegan en lujosos volúmenes que suplen con una mayor calidad de impresión el ansia que provocaba tener únicamente diez páginas a la semana o cada quince días de las aventuras de tu personaje favorito. Y aún así, leer El Capitán Trueno sigue siendo una delicia hoy en día como lo era a comienzos de los años 60. La enorme ingenuidad que hay en algunas de sus historias se suple con un sentido de la aventura que Víctor Mora manejaba a su antojo en los escenarios y culturas más exóticos, haciendo del Capitán un héroe sin dobleces, puro e intachable, siempre dispuesto a apoyar cualquier causa justa. Y a pesar de la época, con los tintes machistas que todavía eran parte esencial de la ficción contemporánea, es todavía asombroso comprobar cómo los personajes femeninos se cuelan en las batallas. O como Mora fue construyendo un universo en el que los villanos podían ser personajes recuerrentes, antes de que Marvel hiciera de esa continuidad un factor esencial para entender el cómic de la segunda mitad del siglo XX.
Ese es el principal reclamo de las tiras que se incluyen en este sexto volumen de esta edición facsímil, la aventura en la que mora juega con la identidad de un misterioso villano, el Pulpo, que confiesa al Capitán que ya se han encontrado con anterioridad. Nada menos que durante nueve cuadernos da vueltas sobre ese asunto, haciendo que la aventura se convierta en un recordatorio de páginas pasadas en busca de la solución al misterio. Mora mantiene así las constantes de las aventuras, las peleas, los escenarios culturalmente opuesto al patriotismo español inherente al Capitán, la presencia de bellísimas mujeres, de refinados y diabólicos villanos, pero expande poco a poco los registros de la serie. Hay misterio, pero también una épica mayor. ¿Que el globo se ha convertido en uno de los elementos indispensables para llevar al Capitán, Goliath y Crispín por todo el mundo? Pues se multiplica el número de globos a manos de un megalómano villano y a ver qué sucede. ¿Que el peligro mortal de los protagonistas es la mejor forma de lanzar aventuras? Pues se encuentran nuevas formas de que sea imposible salir de las trampas, incluyendo al propio Capitán sacrificándose, despidiéndose de su amada Sigrid o incluso temiendo por su vida. Mora maneja registros parecidos para dar comienzo a las aventuras, pero los rota con habilidad para que no llegue a sentirse una repetición.
Una vez que la imagen de los personajes quedó establecida con el trazo de Ambrós y se impuso a los ilustradores para que los cambios parecieran casi inapreciables en las sustituciones, el mayor reto de El Capitán Trueno a nivel visual está en dar vida a todos esos escenarios tan distantes de la España medieval. Ángel Pardo heredó con mucho acierto el estilo de Ambrós, pero sí le dio un estilo algo diferente. Cuando el dibujo pasó a Tomás Marco, la editorial ya había impuesto una curiosa práctica, hoy impensable, la de recortar rostros de ilustraciones anteriores para que esa continuidad fuera más evidente. Ese pequeño atentado a la creatividad, que en su momento pasaba desapercibido para los chavales que se entusiasmaban con estas historietas, es la parte más oscura de esta serie, pero hay tanto y tan diverso que al final es preferible quedarse con el brutal trabajo que desplegaban sus ilustradores. Y ahí el punto fuerte está en la espectacularidad, en la épica, en los escenarios, en las batallas, en las armaduras. Todo eso hace que, incluso recortando figuras y rostros, las aventuras de El Capitán Trueno parezcan siempre nuevas. Y es que, con todo lo bueno que ya trae la serie, viendo escenas como el duelo al que Sigrid hace frente con su elegante armadura de batalla, no hay otra forma de leer estos cuadernos que con una sonrisa en la cara.
El volumen contiene los cuadernos 241 a 288 de El Capitán Trueno, números 436 a 577 de la serie Superaventuras, publicados originalmente por Bruguera entre 1961 y 1962. El único contenido extra es una introducción del profesor y coleccionista Xavier Garriga.
Que recuerdos, el capi Trueno. Me trare gratos recuerdos de cuando vivía en España (Zaragoza) y leía sus aventuras mientras esperaba mi turno en la barbería; es uno de esos personajes que si bien comenzó para opacar a Prince Valiant estadounidense, se ganó un merecido espacio en el corazón de sus lectores. Sin importar la época y la nacionalidad de quien se deleite con sus aventuras.
Efectivamente, y esas sensaciones cargadas de nostalgia siguen intactas. Es un gustazo volver a leer todos estos cuadernos…