Guión: Brian K. Vaughan.
Dibujo: Pia Guerra y Goran Sudzuka.
Páginas: 144.
Precio: 13,95 euros.
Presentación: Rústica.
Publicación: Mayo 2014.
Lo más impactante siempre conlleva el peligro de llevarse por delante a lo más meditado. Esta séptima entrega de Y, el último hombre, podría quedar para la posteridad como el tebeo en el que Yorick, ese último hombre sobre la faz de la Tierra que da título a la serie, hace un desnudo frontal, algo muy poco habitual en el cómic norteamericano por mucho sello Vertigo (y por tanto para adultos) que lleve en su portada. Eso, siendo excepcional y un motivo más para alabar la valentía de Brian K. Vaughan en esta serie, no es lo único, ni siquiera lo esencial que sucede en esta entrega. Y eso que tras una primera lectura puede dar la sensación de que no han sucedido tantas cosas en este número como en los anteriores, pero no es así. Es que Vaughan es muy bueno haciendo pasar por cotidiano lo que en el fondo es excepcional. Hay un mérito indiscutible en que la fórmula siga no sólo viva sino incluso en auge cuando la serie ya recorría su cuarto año de publicación y enfilaba el tercio final de la historia. Pero mucho más en seguir encontrando elementos novedades con el suficiente atractivo y un más que razonable realismo para que el relato crezca e incluso haga ya más difícil que nunca saber cómo se puede llegar a un final.
Vaughan sabe sacar punta a los detalles más absurdos y que estos luzcan como lo más trascendente que uno se podría encontrar en una historia de largo recorrido. Después de haber vivido incontables sorpresas en Y, el último hombre, en esta entrega hay un desnudo integral masculino, un embarazo, una nueva relación lésbica, una traición que tendrá que consumarse en próximos números y dos flashbacks de esos que tanto le gustan al autor para descolocar todavía más al lector en su zona de confort. ¿Cómo es posible que pasen tantas cosas cuando al mismo tiempo da la impresión de que la historia acaba al final de esta séptima entrega en un punto relativamente cercano al de su inicio? La respuesta sólo puede ser una alabanza a Vaughan. Es decir que se dispersa el punto esencial de la gran narración que dejó pendiente al final del sexto volumen, la búsqueda de Ampersand, el mono que ahora contiene la clave para el futuro de la humanidad, pero no hay ni una sola página en la que se pueda aburrir el lector. Vaughan, además, despliega un inmenso control sobre el gran número de escenarios y personajes que ya maneja, augurando que habrá un final en el que todo confluya pero sin que haya un camino evidente para adelantarse a sus planes.
Uno de los aspectos más agradecidos de Y, el último hombre es que su aspecto visual no sufre cambios. Pia Guerra le dio una personalidad tan definida a la serie que resulta complicado imaginársela con ilustraciones de otro tipo. Y por eso se mantiene ese estilo incluso cuando no es Guerra quien se ocupa del trabajo. Es lailustradora brasileña quien se hace cargo en solitario de los dos primeros números de los cinco que se incluyen en esta entrega, en el tercero cuenta con la colaboración de Goran Sudzuka y es el croata quien se ocupa de los tres números finales. ¿Saltos en el estilo de la serie? Ninguno. En realidad los hay, pero hay que prestar mucha atención a los detalles para descubrirlos. Lo importante es que la unidad no se rompe y que el resultado sigue siendo muy atractivo y reconocible. Y si el desnudo de Yorick marca por completo el trabajo de Guerra, es inevitable sentirse impactado por el final de la pelea en el flashback de 355. Ambos ilustradores entienden a la perfección los puntos clave del guión de Vaughan y el carisma que cada personaje debe desprender, y todo contribuye a que Y, el último hombre mantenga la frescura inicial y la fascinación creciente.
El volumen incluye los números 37 a 42 de Y: The Last Man, publicados originalmente por DC en su sello Vertigo entre noviembre de 2005 mayo de 2006. Además de un artículo de David Chaiko, el único contenido extra son las cubiertas originales, obra de Massimo Carnevale.